EN Oración
Serie Herederos

Mañana será tarde: cómo construir el año un día a la vez

Una vida no se construye con listas de metas, sino un día a la vez. Dios espera que practiques la justicia, ames la misericordia y andes humildemente con él. Edifica sobre la gratitud y un espíritu sanado, no dejes que lo valioso se vuelva común, cambia el afán por oración y paz, y no dejes para mañana el amor y el perdón.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
43 min

Al comenzar una nueva etapa sueles preguntarte qué esperas de Dios, y armas listas de metas. Pero la vida no se vive en un mes lejano: se vive en lo que tienes ahora, en las próximas veinticuatro horas. Una vida puede parecer llena de lujos y estar vacía por dentro. Lo que vives cada día, aunque parezca poca cosa, es lo que construye tu año y tu vida.

¿Qué espera Dios de ti?

Muchas veces esperas mucho de Dios. La perspectiva cambia cuando preguntas qué espera él de ti. «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». Amar la misericordia es más que ofrecerla de vez en cuando: es amar ser misericordioso, tener más paciencia con los demás. Y andar humildemente con Dios es reconocer, cada día, que lo necesitas.

A veces la vida se convierte en una lista de exigencias, y cuando no se cumplen, te frustras. Quieres resolver en dos semanas lo que se construyó en meses: el peso, las deudas, las heridas. Pero la vida se forma a través de procesos, de días y de momentos.

Nadie llega a la meta por sus propias fuerzas. Todos, sin excepción, necesitamos de Dios. Antes de pedirle que bendiga tus planes, pregúntale qué quiere él de ti, y deja que su respuesta ordene tus prioridades.

Un día a la vez

Hay dos bases sobre las cuales edificar: la gratitud y un espíritu sanado. Agradecer es reconocer todo lo bueno que Dios ha hecho, aun aquello que desde tu perspectiva parecía negativo y él usó para bien. Y como no sabes si mañana estarás aquí, el único tiempo que realmente tienes es hoy. Mañana puede ser tarde para hacer lo que Dios te pide hoy.

«Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él». Atesora los próximos minutos y disfrútalos.

Versículo clave

«Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él.»

Salmos 118:24

Planificar es sano. Pero muchas veces te enfocas tanto en lo que viene que no disfrutas este momento, o te quedas anclado en lo vivido y no gozas lo que pasa ahora. Si vas al mercado temprano, encuentras el mejor producto; si llegas tarde, solo queda lo maduro y lo dañado. Así es con el día: da lo mejor en sus primeras horas. El maná no se podía guardar para mañana; había que recogerlo y disfrutarlo cada día.

Que lo valioso no se vuelva común

Das por sentado que mañana estarán a la mesa tu cónyuge y tus hijos, que Dios te seguirá usando, que tendrás la llamada de tu mamá. Y así lo valioso se vuelve común. Hay familias sentadas juntas en un restaurante, cada uno con su teléfono: presentes, pero ausentes. Lo valioso es un «te quiero» hoy, un «te perdono» ahora, una taza de café con la familia que amas, mirarla a los ojos y abrazarla.

Algunos adolescentes cuyos padres se separaron dicen que ahora disfrutan más el tiempo con su papá, porque el fin de semana que le toca apaga el teléfono, cancela compromisos y se dedica a ellos. No hace falta una crisis para aprender eso. Regala hoy tu atención. Llama a tus padres, que quizá esperan saber de ti.

Los grupos de apoyo para personas con adicciones trabajan con un principio sencillo: «Solo por hoy». Toda la vida parece una eternidad; veinticuatro horas se pueden manejar. Dios ya ve tu futuro completo, pero a ti te da el día de hoy. «Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal». Aun los triunfos del pasado quedan atrás: Dios tiene nuevos retos, y estará contigo en ellos.

Versículo clave

«Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.»

Mateo 6:34

Si te preguntaran qué harías si Dios te diera otra oportunidad de vivir un momento que cambió el rumbo de tu vida, quizá tendrías muchas respuestas. Pero esa oportunidad está ante ti cada mañana. Cada veinticuatro horas Dios te da una oportunidad nueva y busca hacer algo distinto contigo, si se lo permites.

Alegría, oración y paz en lugar de afán

Cada uno tiene sus propias preocupaciones, pero a veces cargas también las del vecino, y acumulas infortunios ajenos que no te dejan ver lo que tienes hoy. Pablo, que conoció cárceles y naufragios, escribió: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones». No sabes qué día está viviendo la persona que tienes al lado: sé amable.

Puedes incluso comenzar el día la noche anterior: «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado». Entrega a Dios el control de las próximas horas. Mientras el ejército asirio dormía, el ángel de Jehová peleó por Jerusalén. Mientras duermes, Dios sigue peleando tus batallas. «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad».

Un espíritu fracturado puede ser sanado

Cuando tu espíritu queda herido por lo que viviste, puede alimentar pensamientos y patrones negativos que te impiden recibir lo nuevo que Dios prepara. Dios sana acercándose a ti, usando el dolor para hacerte crecer y, después, para ayudar a otros. «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu».

Dios «nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación». José lo vivió: traicionado, vendido y olvidado en la cárcel. Al nacer sus hijos, llamó al primero Manasés, «porque Dios me hizo olvidar todo mi trabajo», y al segundo Efraín, «porque Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción». Dios sanó su espíritu y lo hizo fructífero.

Vive sin arrepentimientos

Quienes cuidan enfermos en sus últimas semanas escuchan los mismos lamentos: no haber sido fieles a lo que se propusieron, no haber expresado lo que sentían, haber descuidado a sus amigos, no haberse permitido ser felices. Si prometiste servir al Señor y no lo has cumplido, búscalo hoy. Si tienes algo que decir, dilo. Si alguien necesita tu perdón o tu abrazo, no lo dejes para mañana. Vive las próximas veinticuatro horas agradecido, en paz y amando: así construirás, día a día, una vida que honre a Dios.

Referencias bíblicas