EN Oración

No olvides dar: una práctica diaria para bendecir a otros

No olvides dar. Proponte bendecir cada día a alguien: con una palabra, una llamada, un servicio o un detalle. Dar no depende del dinero, sino de un corazón que aprende del ejemplo de Dios.

Predicador
Giuli Bocache
Publicada
Duración
10 min

Dar y bendecir a otros es algo práctico, y es importante para tu vida. «El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado».

Versículo clave

«El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.»

Proverbios 11:25

Seguramente lo has vivido: estás desanimado o atraviesas un momento difícil, y alguien te anima. Puede ser alguien cercano, o alguien con quien hace tiempo no hablabas, que te escribe para preguntar cómo estás, te ofrece ayuda o te invita a un café. Cada vez que alguien se acerca a animarte, algo se renueva dentro de ti.

Haz del dar una práctica diaria. Aparta unos minutos cada mañana para orar y escribir, y anota a quién vas a bendecir ese día. Proponte bendecir por lo menos a dos personas cada día.

Bendecir no depende de tener dinero

Puedes cumplir esa meta de maneras sencillas: enviar un mensaje, escribirle a tu abuelo, a tu papá o a tu mamá, comunicarte con tus amigos, invitar a alguien a tomar un café o enviar un detalle. Bendecir, servir o dar no significa necesariamente ofrecer algo material. También se hace con una palabra, una llamada o un gesto de servicio.

En Navidad las familias comparten, comen juntas y celebran. Celebramos el nacimiento de Jesús y también intercambiamos regalos. Está bien disfrutar de recibir, pero a veces olvidamos que no solo hay que esperar que otros nos den: también tenemos que estar dispuestos a dar.

Quizá eres joven y todavía no trabajas, y no tienes recursos para comprar algo. Dar o bendecir no tiene que ser dinero ni un objeto. Puede ser una palabra, un mensaje, una llamada, un detalle, o ayudar a tus padres. Si el lenguaje del amor de tu mamá es que la sirvan, servirla es la mejor manera de bendecirla.

Cambia la pregunta habitual de esta temporada. En lugar de pensar solo en qué vas a recibir, pregúntate: «¿A quién puedo bendecir hoy?». ¿A quién podrías enviarle una palabra? ¿A quién podrías llamar para saludar y preguntar cómo está? ¿Con quién perdiste el contacto? Quizá un familiar o un amigo con quien hace años no hablas, aquel que fue tu mejor amigo en otro tiempo.

Imagina cómo te sentirías si recibieras un mensaje así: alguien que recuerda tu vida, que está agradecido por ti y quiere saber cómo estás. Piensa cada día en dos personas a quienes bendecir.

Esa práctica te cambia la vida: te vuelve más intencional al pensar en los demás y más empático. No esperes que siempre sean otros quienes den, regalen o bendigan. Da lo que puedas, y busca maneras de ayudar que no requieran algo material, como una llamada.

Anotar a quién vas a bendecir te ayuda a no olvidarlo. Las buenas intenciones se pierden en la rutina; lo que se escribe y se planifica se cumple. Puedes llevar una lista sencilla: el nombre de la persona, lo que harás por ella y, al final del día, cómo te fue. Con el tiempo, verás cuántas vidas tocaste con gestos pequeños.

Pídele al Espíritu Santo que te muestre a quién bendecir. A veces pondrá en tu mente a alguien en quien no habías pensado, y descubrirás que esa persona necesitaba justo esa palabra ese día. Dar se convierte así en una forma de obedecer a Dios y de ser sus manos en la vida de otros.

El ejemplo de Dios y el llamado a dar

La bendición no se trata de dinero ni de cosas materiales, sino de la intención de tu corazón al dar. No tienes que dejar de recibir regalos ni de celebrar: está bien recibir, abrir regalos y celebrar. Pero en medio de todo eso, no olvides dar.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Dios dio a su único Hijo para morir en la cruz por ti: es el mayor ejemplo que tenemos. Jesús nos enseñó a dar y a bendecir. No depende de tu edad ni de tus recursos. Quizá piensas: «Solo tengo doce años, no tengo dinero para bendecir a nadie». Pero puedes usar tu teléfono, o acercarte a un vecino para darle una palabra de ánimo.

Versículo clave

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Juan 3:16

A veces ni siquiera hace falta enviar un mensaje: basta con escuchar a la persona y atender lo que necesita o lo que está viviendo. ¿Cómo bendecir a alguien? Piensa qué te gustaría que te dijeran, te dieran o hicieran por ti. «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos».

«Más bienaventurado es dar que recibir». En esta hermosa celebración, mientras recibes regalos, no olvides dar. Jesús espera que des, así como él ha dado: dio su vida por ti para que seas salvo.

Dar con alegría transforma tu corazón. «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre». Cuando das, te pareces más a tu Padre celestial. Y descubres que el gozo de ver a alguien animado por tu gesto es mayor que el de cualquier regalo que puedas recibir.

Empieza por tu casa. A veces es más fácil ser amable con los de afuera que con los de adentro. Bendice a tus padres, a tus hermanos, a quienes conviven contigo cada día: una palabra de gratitud, una tarea hecha sin que te la pidan, un abrazo. La generosidad que no empieza en casa no llega muy lejos.

Bendice también a quienes no pueden devolverte nada. Jesús enseñó: «Cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar». Hay personas solas esta temporada: un anciano del vecindario, un compañero lejos de su familia, alguien que acaba de perder a un ser querido. Tu visita, tu llamada o tu invitación a la mesa pueden ser el regalo más valioso que reciban.

Una oración y un reto para esta temporada

Ora: «Jesús, gracias por tu sacrificio y por haber dado tu vida por mí. Perdona mis pecados. Te reconozco como mi Señor y Salvador. Gracias por la salvación». Recibe con gratitud, y aprende del dar de Jesús.

No necesitas esperar a la Navidad. Lo que hoy empieza como un reto de temporada puede convertirse en un estilo de vida. Un corazón generoso no se acaba en diciembre: sigue mirando a su alrededor todo el año, buscando a quién animar.

Este es el reto: bendice y da a alguien más. Empieza con una persona a quien animar, escuchar, llamar o servir, y sostén cada día la intención de pensar en los demás. No olvides dar.

Referencias bíblicas