«Este es el tiempo, esta es la temporada del Espíritu Santo para los hijos de Dios». ¿Estás listo? La ola la trae el Espíritu Santo, pero cada uno necesita prepararse para subirse a ella. No basta con que haya buenos planes: si no estamos listos, podemos perder la oportunidad.
La imagen del surf deja consejos prácticos. El primero es la paciencia. Después de remar, los surfistas se sientan en la tabla y esperan. Esperar no siempre es fácil: «la espera desespera». Además, no todas las olas son para tomar: el surfista necesita discernir cuál es la que espera; quizá deja pasar la primera, la segunda y la tercera, hasta que llega la cuarta. Aprende a esperar y a reconocer el momento oportuno, en lugar de apresurarte.
Paciencia para esperar
Ana era una mujer que no podía tener hijos y estaba angustiada. Fue a Dios y le pidió ayuda. Elí pensó que estaba ebria, pero Ana le explicó que no lo estaba: su alma estaba angustiada. El relato bíblico la presenta muy triste y sin comer. Entonces Elí le dijo: «Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho».
Ana creyó, y ya no estuvo más triste. Espera en Dios con confianza: «Señor, yo aquí te voy a esperar, porque hay una ola que viene para mí y mi familia; y yo voy a seguir avanzando hasta ver la gloria de Dios sobre mi vida». La paciencia no es dejar de avanzar, sino esperar mientras se sigue caminando.
Prepararse para cuando llegue la oportunidad
El segundo consejo es estar dispuestos a hacer cambios. Cuando el surfista ve la ola, tiene que girar rápidamente y empezar a remar para poder subirse. Si esperas algo de Dios, también puedes prepararte: estudiar, leer, capacitarte y ahorrar pueden dejarte listo para recibir lo que esperas.
Muchas veces pedimos, pero no estamos preparados para recibir. Faraón mandó a buscar a José para que interpretara su sueño. Antes de presentarse ante él, José fue sacado apresuradamente de la cárcel, se afeitó, se cambió la ropa y fue a Faraón. Esos cambios fueron una preparación para comparecer ante el rey. Si esperas que se abra una puerta, prepárate lo más posible para estar listo cuando llegue.
José se afeitó y mudó sus vestidos: se preparó para estar ante el rey.
Enfoque y confianza
El tercer consejo es mantener el enfoque. El surfista no debe perder de vista el horizonte ni darle la espalda al mar. No le des la espalda a las promesas que Dios te ha dado. Si todavía no ves cambios, ¿dejarás de esperar? El surfista tiene la certeza de que la ola viene; conserva esa confianza y no alternes entre creer hoy y dudar mañana.
La «tabla» es el mejor compañero del surfista, y se parece a la fe. Así como el surfista cuida su tabla, el creyente necesita cuidar su fe: declarando cosas buenas y afirmando que recibirá lo que espera. La pregunta «¿cómo está tu tabla?» lo resume: si se pierde la tabla, no se puede surfear; no descuides tu fe.
Hebreos 11:1 lo dice así: confiar en Dios es estar seguro de recibir lo que se espera y convencido de lo que no se ve. La fe da fuerzas para esperar lo que uno desea, anhela y cree, pero también para enfrentar lo que no espera ni desea. Esperar y afrontar: otra razón para no perder la tabla.
Versículo clave
«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.»
Hebreos 11:1
¿Qué tamaño tiene tu tabla?
La fe también tiene que reconocer las respuestas cuando llegan.
Una joven que había pedido a Dios un nuevo trabajo ve abrirse esas puertas: el empleo tiene ciertos beneficios y está feliz, pero pregunta qué piensa Dios y si debe tomarlo.
Ese trabajo es justamente lo que había pedido. No te sorprendas ni dudes cuando se abre la puerta por la que oraste: reconócelo y agradece: «Señor, gracias, porque eso fue lo que yo te pedí». Es un tiempo de muchos cumplimientos y respuestas a las oraciones de los hijos de Dios.
Otro tipo de tabla es el «longboard» o tablón, el estilo clásico: mide desde 2,75 metros, es ancho y grueso, y no permite tantas maniobras, pero alcanza una velocidad impresionante. Ten una fe como ese tablón: una fe que reconoce la ola y se sube a ella. «¿Qué tamaño tiene tu tabla?». Cuanto más ancha, más rápido se avanza.
De la tabla, la imagen pasa a la valentía. Dios tiene todo preparado, pero espera que sus hijos sean valientes para tomar lo que les ha declarado. La valentía nace de la fe: cada vez que una persona cree, esa valentía puede manifestarse. «La valentía no se siente, solo se practica». No esperes a sentir una emoción particular: actúa confiando en que Dios está contigo.
La valentía de Benaía
Benaía, hijo de Joiada, fue un soldado muy valiente. Mató a dos de los mejores soldados moabitas; en otra ocasión, mató a un león en un hoyo profundo; y también mató a un egipcio de gran estatura: el egipcio llevaba una lanza y Benaía, una vara, pero le quitó la lanza y lo mató con ella. Aunque no llegó a ser como los tres más grandes, David lo nombró jefe de sus guardias.
Benaía fue valiente frente a circunstancias difíciles, y su confianza en Dios se evidenciaba en sus actos. Dios no quiere que sus hijos tengan una sola victoria, sino muchas, y para ello necesitan valentía. Imagina un león rugiendo dentro de un hoyo: ¿quién se atrevería a meterse allí?
Era una confrontación en la que solo uno de los dos saldría vivo. Así ocurre con las promesas: hay olas con nombre y promesas, pero en ciertos momentos hace falta valentía para no dejar que el enemigo robe lo que Dios ha declarado.
Satanás anda como león rugiente; no es un león, pero se comporta como uno. Y Jesucristo le quitó los dientes hace más de dos mil años.
La tabla lleva parafina para no resbalar, y así hay que añadir valentía y coraje a la fe. Esa valentía ayuda a mantenerse firme al defender aquello que Dios ha declarado. Hay una llama de Dios encendida en tu corazón: no dejes que las adversidades la apaguen.
Versículo clave
«Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.»
Mateo 6:6
Intimidad y oración para perseverar
La tabla se sujeta al tobillo con una cinta elástica para no perderla; así también hay maneras de no perder la fe. El reino de los cielos no solo se pide, también se atrae. ¿Cómo adquirir valentía? La respuesta está en Jesús y en la oración.
Jesús enfrentó la copa que tenía delante: «Padre, pasa de mí esta copa, pero no sea mi voluntad, sino la tuya». En ese momento, Jesús adquirió la valentía y el coraje necesarios para enfrentar la muerte, movido por su pasión por la humanidad.
La respuesta práctica es la intimidad con Dios mediante la oración. Los discípulos pidieron a Jesús que les enseñara a orar: orar se aprende. Entra en tu aposento, cierra la puerta y ora al Padre. Muchos entran al aposento, pero no están en la presencia de Dios.
Cerrar la puerta es apartar, durante la oración, la frustración, la preocupación, la ansiedad y la duda, y entrar en una nueva dimensión con el Padre. Aunque Jesús está a la diestra del Padre, quienes lo reciben lo llevan dentro y, a la vez, están dentro de él. Buscar al Padre en las alturas implica dejar de concentrarse en uno mismo y dirigir la atención a Dios.
Expresa gratitud y adoración: «Eres grande, eres hermoso, eres precioso, eres alto, eres sublime; tengo tanto que agradecer». Imagina a Dios celebrando cada vez que un hijo sube a su presencia, porque tenemos entrada gratuita gracias a la sangre de Jesús. La oración es un tiempo para olvidarse de uno mismo y dedicarse a Dios. Prepárate para que sucedan cosas sobrenaturales.
Felipe se acerca a Natanael y le dice que han hallado al Cristo; Natanael pregunta, en paráfrasis, si de Nazaret puede salir algo bueno. Cuando Jesús ve a Natanael, lo llama verdadero israelita, en quien no hay engaño. Natanael pregunta cómo lo conoce, y Jesús le dice que lo vio debajo de la higuera.
En aquella época hacía mucho calor y la gente solía orar afuera, bajo una higuera que daba sombra. Las palabras de Jesús muestran que conocía las oraciones y peticiones de Natanael y lo veía en su intimidad con Dios. Natanael reconoce a Jesús como el Hijo de Dios. La revelación llegó después de estar bajo la higuera.
Ante la fe de Natanael, Jesús le promete que verá cosas mayores. Desde «arriba», la perspectiva cambia: pon primero la atención en Dios, antes de volver a los problemas. Al salir de ese tiempo con el Padre, baja dispuesto a ver cosas sobrenaturales: quizá te encuentres con una persona frágil y enferma y la veas sana.
Aparta tiempo para estar a solas con el Padre. Ten paciencia, prepárate, cuida tu fe, actúa con valentía y busca a Dios en intimidad y oración. Como el surfista con la ola: espera y discierne, está listo cuando llegue y no le des la espalda a aquello que Dios ha prometido.
Referencias bíblicas
- 1 Samuel 1:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 11:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 23:20-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 1:45-50 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 8:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


