Cada vez más empresas ofrecen servicio a domicilio, y muchas personas compran todo por internet. ¿Estamos administrando mejor el tiempo, o estamos tan ocupados que ya no encontramos espacio para nada? Mira el ritmo de vida que has normalizado.
La ocupación no es lo mismo que la productividad
Tu agenda se llena, y llegas a pensar que mientras más saturada está, más importante eres. Pero vivir con prisa y afán no significa que estés mejor ni que produzcas más. Jesús vino a enseñarte a vivir; si necesitas esa enseñanza, es porque has olvidado cómo hacerlo.
«Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?… Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan». Observa la creación: ¿has visto a la creación padecer afán? Hasta un animal doméstico, cuando tiene hambre, simplemente busca qué comer, sin angustiarse por el mañana.
Versículo clave
«Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?»
Mateo 6:26
Dile a Dios: «Señor, quiero ser como tu creación; no quiero vivir afanado». La creación te enseña que Dios tiene el control de todas las cosas, y que mientras corres de una tarea a otra, puedes dejar de ver lo importante.
El rótulo de «ocupado»
¿Alguna vez alguien te dijo que no se acercó a saludarte porque te vio muy ocupado? Si te lo dicen con frecuencia, quizá llevas un rótulo invisible: «ocupado». Muchos viven así: se levantan temprano, corren todo el día y viven estresados.
Esa no es la vida que Jesús vino a enseñarte. La ocupación puede convertirse en una adicción: hay quienes sienten que no pueden detenerse ni un momento. Por eso Dios estableció el día de reposo. Al descansar y dejar de hacer lo habitual, descubres que tu valor no depende solo de lo que haces, sino de quién eres en Dios.
Un ritmo excesivo trae consecuencias: no duermes bien, no comes bien. No se trata de dejar de trabajar: «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma». Hay que trabajar duro y esforzarse, y hasta los discípulos de Jesús tuvieron días en que no tenían tiempo ni para comer. Pero un estilo de vida permanentemente ocupado te hace descuidar lo esencial.
Ocupado o fructífero: tú decides. La actividad no equivale a productividad, y estar en movimiento no demuestra que estés dando fruto. No dejes de trabajar ni de esforzarte, pero considera qué produce fruto verdadero y qué, aunque llene tu día, te desgasta y te aparta de lo importante.
Fructificar y afilar el hacha
«Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla». Dios no dijo «estad ocupados», sino «fructificad»: dad fruto, creced, aumentad. Dios espera que des fruto en esta tierra.
Un leñador fuerte consiguió trabajo cortando árboles. El primer día cortó dieciocho, y el dueño lo felicitó. Al día siguiente se propuso cortar más, pero cortó quince; y cada día, menos. Preocupado porque creía estar perdiendo fuerza, habló con el dueño. Este le preguntó: «¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?». Y el leñador respondió: «He estado demasiado ocupado cortando árboles para afilarla».
Puedes empezar afanado por alcanzar grandes cosas y terminar desgastado por dentro, sin dar fruto. Lo verdaderamente importante no suele gritar para que lo atiendas; por eso puedes pasarlo por alto si solo atiendes lo que reclama tu atención inmediata.
No preguntes solo cuánto haces, sino qué está produciendo tu vida. «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza». ¿Hay en ti más paz, gozo y paciencia que antes? ¿Estás creciendo en bondad, mansedumbre y templanza? Si no, quizá has estado ocupado sin atender lo que de verdad importa.
Una lección de equilibrio
Imagina una semana de trabajo con la agenda repleta de citas. Te duele la cabeza, tienes malestar estomacal y náuseas. Y tu cónyuge, tranquilo, te trae un café y te pregunta: «¿Quién hizo esta agenda?». «Yo», respondes. «¿Y crees que una agenda más llena significa que estás produciendo más?». Tú mismo te pusiste la soga al cuello.
Quizá te enseñaron desde niño que descansar es perder el tiempo, y no te dejaban dormir hasta tarde ni en vacaciones. Aprende el equilibrio. Hacer más y más no te vuelve más productivo. Dios quiere que seas fructífero por dentro: que tengas gozo y paz, que puedas dar amor, que seas templado y que confíes por la fe.
Marta, María y las tareas que asumimos
Jesús entró en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Su hermana María, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y le dijo: «Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude». Respondiendo Jesús, le dijo: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada».
Versículo clave
«Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.»
Lucas 10:41-42
Distingue entre lo que puedes hacer y lo que Dios te mandó hacer. ¿Qué tareas vienen de Dios, y cuáles asumiste por tu cuenta? Lo que haces sin que Dios te lo haya mandado puede llevarte a la frustración y la amargura. La frustración puede ser una señal de que estás donde Dios no quiere que estés.
¿Te cuesta delegar? A muchos les cuesta, por la adicción a la ocupación y por la creencia de que nadie hará las cosas tan bien. Pero tú no eres el salvador del mundo: solo hay uno, Jesucristo. Identifica lo que Dios te mandó hacer, porque allí darás fruto, y deja de asumir lo que le corresponde a otro.
Los detalles pequeños
«Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas». Presta atención a las cosas pequeñas que hacen daño: pueden lastimar una relación o arruinar la paz de un día. No dejes que asuntos pequeños te dominen. Y presta atención también a los pequeños detalles en los que Dios te muestra su amor.
¿Cuántas cosas pequeñas que Dios te regala cada día dejas de ver? Un hombre, haciendo fila en un banco, se preguntaba cómo saber que Dios estaba con él, cuidándolo y amándolo. Y al mirar atrás, vio a un niño sonriéndole. Un detalle cotidiano puede mostrarte el cuidado de Dios.
Un atardecer es como un susurro del amor de Dios, que te dice «te amo» al pintar la tarde. Un niño se fija hasta en una moneda tirada en el suelo; los adultos estamos demasiado ocupados para notarlo. No pierdas de vista esos detalles.
Jesús, aunque una multitud lo apretaba, se detuvo cuando una mujer tocó su manto con necesidad. Sé fructífero, y ten la capacidad de detenerte cuando alguien extiende su mano porque tiene una necesidad. No pases por encima de esa persona por estar demasiado ocupado.
Deja el movimiento sin fruto
El movimiento no siempre significa avance. Puedes estar corriendo en una cinta, creyendo que progresas, mientras ves pasar a tu familia, tus sueños y tu pareja, hasta perderte su sonrisa. Pueden pasar los años mientras te aferras al afán, creyendo que avanzas, sin dar fruto.
Lo peor que podría pasar es que Jesús pase delante de ti, quiera hablarte, y tú no puedas atenderlo. Sal de la ocupación y acércate a Jesús: «Te necesito». Sin Jesús, lo demás pierde importancia. ¿Cuántas veces Jesús quiso hablarte y lo dejaste ir porque estabas demasiado ocupado?
Decide dar fruto este año y enfocarte en lo verdaderamente importante, porque la vida pasa. Un día Dios te preguntará por los recursos, la familia, el cónyuge, los hijos y el trabajo que te dio: «¿Qué hiciste con ello?». ¿Aprovechaste cada momento con tus hijos? ¿Diste fruto en tu trabajo? ¿Sabían tus compañeros que Dios vivía en ti? Dar fruto es parecerte a Dios.
Sé fructífero
El Padre busca fruto. Muchos permanecen ocupados día y noche mientras la vida pasa y se pierden lo que tiene valor. Un día dejarás de hacer lo que haces, pero nunca dejarás de ser quien eres. No te pierdas el momento con Jesús ni los atardeceres llenos de su amor. Jesús está pasando: no lo dejes ir. Pídele ser fructífero, y que cuando te encuentre, te encuentre lleno de amor.
Referencias bíblicas
- Génesis 1:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:25-30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Gálatas 5:22-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 10:38-42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Cantares 2:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 5:25-34 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Tesalonicenses 4:11-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 10:41-42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


