EN Oración
Serie Victory

Pequeños cambios, grandes victorias

Pequeños cambios traen grandes victorias: buscar a Dios cada mañana, tomar decisiones guiadas por su Palabra y soltar aquello que no puede sostenernos.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 08 min

Hay victorias inesperadas que Dios concede en momentos difíciles, y hay victorias que llegan mediante pequeños cambios que decidimos hacer. De ahí el título: «Pequeños cambios, grandes victorias». No se trata de esperar que todo cambie de inmediato, sino de revisar hábitos y decisiones cotidianas que pueden orientar la vida de otra manera.

Buscar a Dios desde el comienzo del día

El primer cambio es buscar a Dios cada mañana. Salmos 63 lleva este encabezado: «Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá». David no está en el palacio, en un lugar de comodidad, sino en el desierto, en medio de un proceso. Aun en circunstancias difíciles, Dios sigue siendo Dios, y la relación con él no depende de que el entorno sea favorable.

Todos necesitamos escuchar este mensaje. Declara: «Dios es mío». Dios es nuestro y le pertenecemos, incluso en el desierto. Eso no garantiza que el desierto desaparezca; lo importante es quién nos acompaña mientras lo atravesamos.

Salmos 63:1 habla de buscar a Dios de madrugada y del alma que tiene sed de él. Las responsabilidades pueden llevarnos a decir que no tenemos tiempo para orar. Pero invierte la excusa: cuantas más responsabilidades hay, más sabiduría necesitas, y por eso más tiempo delante de Dios. Salir a atender el día sin haber buscado a Dios te deja expuesto a afrontar tus tareas con un alma cansada, en vez de recibir dirección de la Palabra.

Versículo clave

«Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas»

Salmos 63:1

El desierto permite distinguir entre las circunstancias y la transformación interior. Quizá David, después de orar, salía de la tienda y seguía viendo el mismo desierto: el cambio decisivo ocurre adentro. Las victorias más profundas comienzan dentro de la vida. No atiendas las responsabilidades ni los problemas únicamente desde el agotamiento personal: busca lo que Dios ha dicho y déjate dirigir por su Palabra.

El alma puede estar sedienta de Dios sin que lo reconozcamos, y no cualquier cosa satisface esa sed: lo temporal no puede sustituir lo que solo Dios puede dar. Las dificultades diarias requieren un alma fortalecida y no abatida. Intentar sacar adelante el matrimonio solo desde el esfuerzo humano, sin atenderlo desde la Palabra, no dará el mismo resultado que buscar dirección en ella.

Cambiar los deseos y no dejarse arrastrar por el momento

Salmos 63:2 expresa el deseo de ver el poder y la gloria de Dios. Buscar a Dios cada mañana puede cambiar nuestros deseos. El problema no es desear, sino desear lo incorrecto, especialmente cuando la frustración del desierto inclina a buscar salidas que solo distraen. Ahogar las penas o recurrir a una botella no ahoga los problemas: puede engañar a quien lo hace y apartarlo temporalmente de lo que necesita afrontar.

Habrá temporadas altas y bajas. En los momentos bajos, el enemigo puede aprovecharse de la vulnerabilidad para tentar con adicciones. No se trata de negar la realidad del desierto, sino de recordar que Dios está con sus hijos tanto en los momentos bajos como en los altos. El pequeño cambio consiste en correr a la revelación de lo que Dios tiene para tu vida, en lugar de correr primero a la información.

El celular y las redes sociales son un ejemplo: a menudo lo primero que hacemos al despertar es mirar qué ocurre y observar a otras personas. Si estás en un momento difícil y ves a alguien que parece estar en uno bueno, puede surgir envidia, molestia o incluso un reclamo a Dios. Muchos somos adictos en recuperación a la información. Las temporadas cambian. La diferencia está en empezar el día sabiendo que Dios está contigo, en lugar de medir tu vida por la apariencia ajena.

Buscar a Dios también pone en cuestión los deseos que parecen imponerse en un momento de dolor, incluso pensamientos de no querer seguir adelante; el deseo de ver el poder de Dios puede más. José tomó una decisión por encima del deseo humano. Ante la tentación de acostarse con la esposa de Potifar, José huyó y dejó su ropa. Tenía deseos humanos, pero dio más peso al propósito de Dios. Su encarcelamiento no fue una victoria externa, pero sí una victoria interior.

Esa victoria interior lo preparó para responsabilidades mayores. Los deseos y los planes de Dios pueden ser distintos de lo que uno quisiera en el momento. Cuando tus deseos te lleven en otra dirección, prefiere el propósito de Dios.

Alabar a Dios en el desierto

Salmos 63, en el versículo 4, dice: «Mientras viva te alabaré». ¿Estás vivo? Entonces alaba a Dios aun cuando atravieses un desierto.

No se adora por el desierto, sino por el Dios que está con nosotros en medio de él. Alzar las manos expresa esperanza puesta en Dios, aunque una enfermedad, una situación económica difícil o una crisis matrimonial parezcan no tener salida. Esas circunstancias quizá no desaparezcan de inmediato, pero puedes mirar hacia Dios y reconocerlo como el Dios de lo imposible.

¿Cuál es tu comida favorita? Caldo de res, tamales, pizza, tacos, ceviche, sushi, tortillas, mole, frijoles, carne asada, hamburguesas, camarones… El salmo presenta a Dios como más satisfactorio que la comida más deliciosa, y lo dice alguien acostumbrado a banquetes, palacios y riquezas. Según cálculos de expertos, la ofrenda de David para construir el templo equivaldría hoy a cuarenta millones de dólares.

Dios es más satisfactorio que cualquier banquete.

Los perros galgos corren tras una liebre: así es quien persigue algo pensando que al alcanzarlo encontrará plenitud. La satisfacción no viene de perseguir más cosas, sino de Dios. Que Dios sea el centro: más allá del número de victorias o de palacios que alguien llegue a tener, la mayor victoria está en vivir delante de la presencia de Dios.

Recordar a Dios antes de dormir y apoyarse en su protección

El salmo también habla de recordar a Dios durante la noche. Otro pequeño cambio: antes de dormir, da gracias y trae a Dios a tu pensamiento. No se sabe qué viviste durante el día, pero puedes descansar recordando a Dios y levantarte al día siguiente con el alma renovada, no solo con fuerzas físicas. Aunque el desierto siga afuera, Dios puede renovar el alma por dentro.

El salmo dice: «tú eres quien me ayuda». La protección de Dios acompaña en el desierto. También allí aparecen engaños: Satanás le dijo a Jesús que convirtiera piedras en pan por ser Hijo de Dios. Fíjate en la frase «soy feliz bajo tu protección». No te pongas bajo el dominio de la enfermedad, la escasez o el fracaso; apóyate en el poder de Dios. Esas situaciones existen, pero no deben ser el fundamento último.

Decisiones pequeñas que cambian el rumbo

Sé íntegro y honesto contigo mismo. Podemos engañar a otras personas, pero engañarnos a nosotros mismos es peor. Reconoce la realidad y toma decisiones diferentes. Un avión que se desvía un grado de su ruta puede, al cabo de las horas, llegar a otro país: decisiones pequeñas, sostenidas en el tiempo, pueden conducir a un destino muy distinto.

Hay una disyuntiva: seguir la decisión de Dios o ir en contra de ella. Los límites puestos por Dios no son lo mismo que las restricciones añadidas por el legalismo; y el libertinaje es decir que sí donde Dios ha dicho no. No te engañes sobre esa diferencia: algunas cosas deben morir a tu alrededor para que nazcan cosas nuevas en tu interior.

Salmos 143:8 pide cada mañana conocer el amor de Dios y que él señale el camino. Dios señala el camino, y a nosotros nos corresponde decidir si vamos tras él. La dirección divina no sustituye la decisión personal: responde y sigue lo que Dios muestra.

Versículo clave

«Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma.»

Salmos 143:8

Los israelitas salieron de Egipto cantando victoria, pero los egipcios los alcanzaron en el lugar donde Dios les había ordenado acampar. El pueblo tuvo miedo y pidió ayuda a Dios. No desesperes si el enemigo te alcanza estando en la voluntad de Dios: al enemigo le molesta que se cante victoria. Aunque haya persecución, se volverá a cantar victoria; Israel estaba a punto de ver abrirse el mar.

Renovación de la mente, decisiones y libertad

Algunos cambios son forzados. Cuando el faraón reunió carros de guerra y salió tras el pueblo, ¿querían los israelitas salir? No querían dejar Egipto. Hay cambios que no se aceptan al principio, y Dios puede forzarlos. Quien empieza a entrenar en un gimnasio lo sabe: al día siguiente apenas puede levantarse, porque los músculos a veces deben ser forzados para crecer.

Aun después de salir, el camino tuvo sus sustos.

Pero el miedo no tuvo la última palabra.

Crecer, a veces, duele.

Soltar el control y confiar en quien sostiene la vida

El último pequeño cambio es aprender a soltar. Soltar no significa dejar de trabajar en el problema o abandonar las responsabilidades: significa poner primero a Dios en medio de lo que vivimos, pedirle ayuda y hacer nuestra parte, reconociendo que el poder pertenece a Dios.

Soltar también abre espacio a la libertad.

Lo mismo vale para una empresa, un negocio o el dinero. A veces hay que soltar aquello a lo que nos aferramos para que Dios se manifieste de una manera que no habíamos imaginado. No se trata de dejar de actuar, sino de dejar de tratar esas cosas como si fueran el sostén definitivo. Así se aprende la libertad: desprendiéndose de lo que impide recibir lo nuevo que Dios quiere hacer.

Así ocurrió con Israel, que no quería salir de Egipto.

Dios no podía soportar más ver a su pueblo así y deseaba verlo libre; hay situaciones que Dios está forzando para sacar a alguien de Egipto. Y su iglesia volverá a cantar victoria.

Y el mar estaba a punto de abrirse.

Exhortación y oración final

Que el Espíritu Santo te ayude a abrir tu corazón y tomar tiempo para hablar con Dios. Pide perdón por haber usado las responsabilidades como excusa: una mayor responsabilidad hace más necesaria la búsqueda de sabiduría. Sal con deseos diferentes: ver la victoria y el poder de Dios, la transformación de la familia y los milagros, siempre conforme al propósito de Dios.

Toma decisiones pequeñas, recibe la libertad que Dios ofrece y decide seguir el camino que él muestra. Soltar no es dejar de trabajar en un problema, sino poner a Dios primero, pedirle que tome el control y hacer la parte que nos corresponde. Que el alma se levante, que no se quede pegada a la tierra ni se amolde al sistema del mundo, y que el corazón y los pensamientos sean transformados para ser testigos de la gloria de Dios.

Si deseas hacerlo, abre tu corazón a Jesús con esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón como mi Señor y mi Salvador». Busca a Dios cada mañana, deja que su Palabra oriente tus decisiones, suelta lo que no puede sostenerte y responde cada día con una vida de adoración.

Referencias bíblicas