Hay una palabra y algunas historias sobre lo que Dios ha hecho. El tema es permanecer, incluso cuando llegan circunstancias difíciles.
Hay jóvenes que llegan a la iglesia en la adolescencia y permanecen durante años, con altos y bajos, presentes en distintos proyectos. Dios ha obrado en sus vidas, y puede obrar también en la tuya.
Una historia de permanencia en medio de la adversidad
Todos podemos pasar por circunstancias complicadas. Que la palabra clave que quede en tu corazón sea permanecer. No importa la edad: permanece, porque Dios tiene planes para ti.
Versículo clave
«Él entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria.»
2 Samuel 23:12
En el segundo libro de Samuel, capítulo 23, versículos 11 al 12, en la versión Dios Habla Hoy, los filisteos se reúnen en Lehi, donde hay un campo sembrado de lentejas; las tropas israelitas huyen ante ellos, pero Sama se planta en medio del campo y lo defiende, derrotando a los filisteos. Y el Señor alcanzó una gran victoria. Sama era uno de los valientes de David, que permanecieron, no se dieron por vencidos y obtuvieron una gran victoria.
Sama “se plantó”. Al ver un ejército enfrente y a sus compañeros huyendo, la reacción natural sería correr también. Sama se quedó porque sabía que su propósito era servir a su rey, David, aun en la adversidad, y por eso su nombre está entre los valientes.
Plántate tú también. En el colegio o en la universidad hay situaciones difíciles, y ante la adversidad la naturaleza puede empujarte a dejarlo todo. Plántate sobre la palabra de Dios para permanecer.
¿Cómo se permanece desde la adolescencia, atravesando sus dificultades? Ningún adolescente está libre de ellas: es una etapa difícil, pero también llena de aventuras. Incluso una vida que parezca muy buena tiene sus complicaciones.
Imagina a un adolescente cuya familia, sin alejarse de Dios, decide buscar su camino en otra iglesia. Es duro para él: antes se congregaban juntos y, como todavía no maneja, tiene que buscar quién lo lleve. En ese momento, un amigo le envía una canción llamada “Permanecer”.
Al escucharla, rompe en llanto: se enamoró de Jesús en ese lugar, y entiende que Dios lo plantó en esa casa porque es su voluntad. Se aferra a esa promesa, aunque pueda parecer que desobedece a su familia; el dilema de obedecer a Dios, a los amigos o a la familia es difícil.
Pon a Dios por encima de todos, incluso de la familia, aunque suene duro. Cuando pones a Dios primero, Dios te respalda: con el tiempo, la familia puede volver a reunirse, y ese joven puede ser un ancla que Dios utiliza para enviar un mensaje.
Tú también, sin importar tu edad, podrías ser un ancla para permanecer y enviar un mensaje a tu familia. Sama se plantó en medio del campo y lo defendió: a veces Dios lleva a una persona “al medio”, en medio de circunstancias difíciles o problemas. El campo era de lentejas; quizá consideras que ciertas cosas de tu vida carecen de valor. Da valor a las cosas pequeñas para no perder de vista las cosas grandes que Dios tiene para tu vida.
Cuidar el fruto y permanecer en Jesús
Las lentejas ya estaban sembradas; no era un campo en el que se estuviera sembrando o cultivando en ese momento. El enemigo —o la circunstancia, cada cual puede ponerle el nombre que quiera— no ataca mientras uno está sembrando, sino cuando tiene fruto. Sama se quedó en medio de su fruto y lo cuidó, aunque nadie más lo apoyara. Si tienes fruto en alguna etapa o área de tu vida, aférrate a él y cuídalo.
Juan 15:5 dice: “Yo soy la vid, y vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Permanecer y llevar fruto van unidos. El Antiguo y el Nuevo Testamento se unen aquí: la permanencia de Sama y las palabras de Jesús sobre permanecer en él.
Versículo clave
«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.»
Juan 15:5
El apóstol Juan utiliza la palabra “permanecer” 34 veces en el Evangelio y 19 veces en sus cartas. Permanecer es también esperar, morar, durar, perdurar. Por difícil que sea lo que venga, se puede permanecer en Dios.
Juan se llamaba a sí mismo el amado de Jesús, y fue el único discípulo que permaneció con él cuando lo estaban crucificando. Permanecer es tener una relación.
Permanecer es tener una relación.
¿Cómo permanecer si te gusta salir de parranda, o si tus amigos te llaman y sientes presión social? Cuando hay una relación íntima, de tú a tú, con Jesús, permanecer se vuelve más fácil de lo que suena, aunque haya dificultades y decisiones difíciles.
Una invitación a abrir el corazón
Puedes tener una relación personal con Jesús. Imagina —o recuerda— un momento de fracaso en el que no permaneciste en tus estudios, en una buena relación o en tu relación personal con Jesús. Y repite en voz alta esta oración.
“En este momento abro mi corazón, te recibo como mi Señor y mi Salvador, te pido perdón por todos mis errores, ayúdame a permanecer”, dile al Señor Jesús.
Que puedas permanecer aun en medio de las circunstancias. La adversidad no desaparece, pero puedes permanecer en Dios, cuidar tu relación con Jesús y seguir firme, como Sama plantado en el campo.


