EN Oración
Serie Saltos de fe

Por la fe: fijar la mirada en Jesús, que inicia y perfecciona nuestra fe

Por la fe, los héroes de Hebreos conquistaron reinos y cerraron bocas de leones. Hoy tú también puedes correr la carrera: deja lo que te enreda, fija tu mirada en Jesús y no en la cuenta bancaria, acepta su corrección, posiciónate en la verdad y no en tus emociones, vuela más alto que la ofensa, y deja las excusas, como el paralítico de Betesda, cuando Jesús te dice: «Levántate».

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
58 min

Por la fe conquistaron reinos, apagaron fuegos impetuosos y taparon bocas de leones. Por la fe Rahab se salvó en Jericó con su familia, y su historia fue transformada. Por la fe Abraham, Moisés, Enoc, David y Barac. Y por la fe verás cosas que todavía no has visto, pero que Dios ya ha determinado.

Una gran nube de testigos

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante». Los héroes de la fe tenían defectos y atravesaron adversidades, pero creyeron. Hoy también hay una generación que demuestra su fe: quizá no tuviste la mejor semana ni las mejores noticias, pero aquí estás. Ora por quien tienes a tu lado, por su necesidad: eso es ser iglesia. Unos están en victoria y otros en su peor momento, y la oración trae claridad.

El pecado enreda. Puedes ser salvo por la sangre de Jesús y aun así seguir enredado en un mal hábito o una conducta que golpea tu vida. Jesús ya pagó tu libertad. Lo vences por la fe, rindiéndote ante aquel que ya lo venció, convencido de que lo que Dios te ofrece es mucho mejor que lo que el pecado promete. Levántate, ríndete delante del Señor y sigue corriendo con fortaleza, porque hay muchas cosas buenas por delante.

Fija tu mirada en Jesús

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Fija tu mirada en él durante toda la semana. Ora con devoción y prioridad: a veces pides «provéeme» mientras tu prioridad es el dinero y no Jesús, y tu oración no está alineada con tu corazón. El joven rico quería lo que Jesús tenía, y Jesús le dijo que vendiera lo que tenía y lo siguiera: «Suelta lo que crees que te ha sostenido». No pudo, porque tenía muchas posesiones, y se fue triste.

Versículo clave

«puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.»

Hebreos 12:2

No fijes tu mirada en la cuenta bancaria: si los números bajan, te sentirás inseguro. Tu provisión no viene de ahí, sino del Dios que lo tiene todo. No la fijes en la empresa: quizá la empresa no esté mañana, pero Jesús sí, y él te dará nuevas ideas y abrirá nuevas puertas. Bendice a quien te ayuda, pero tu mirada, en Jesús. Aun si tienes una pareja maravillosa, tu mirada en Jesús. «El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios». Hay momentos vergonzosos en tu vida, pero Dios no te dejará ahí. Deja a un lado el resultado y pregúntale qué está formando en ti.

Fe para aceptar la corrección

«Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar». Jesús es tu ejemplo. Y luego la carta dice que Dios corrige a los que ama, como un padre a sus hijos. Necesitas fe para comprar una casa, pero también para aceptar la corrección de Dios. Cuando Dios corrige, te ama, te protege y forma tu carácter.

Tu capacidad de confiar depende de tu posicionamiento en la verdad. En los momentos difíciles piensas: «Dios me dejó; Dios no me ama». Pero si te posicionas en la verdad, maduras: «Estoy viviendo esto, pero la palabra dice otra cosa; hoy me congrego, adoro y recibo la palabra». Cuando no tienes esa verdad, te aferras a emociones, sentimientos y corazonadas. Dios te dio emociones para usarlas a tu favor, pero muchas veces las conviertes en tu dios: «No lo siento, así que Dios me dejó». No: Dios es fiel, y no puede negarse a sí mismo.

Vuela más alto

Imagina recibir de alguien, después de mucho tiempo, un mensaje lleno de acusaciones falsas, y tener treinta pruebas para desmentirlas. La carne quiere desahogarse y responder punto por punto. Pero alguien sabio te dice: «Vuela más alto». La venganza, aun con razón, nunca sacia; la justicia de Dios sí. «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados». Necesitas personas cerca que te digan lo que debes oír. Y nunca persiguen al que va atrás: si hay ruido a tu alrededor, quizá es porque vas adelante.

El águila, cuando la ataca una serpiente, vuela más alto hasta que la serpiente pierde fuerzas. No te metas en las batallas a las que el enemigo te invita —el odio, la falta de perdón, la venganza—, porque te desgastan y te desvían de las verdaderas batallas, las que están dentro de la voluntad de Dios y en las que él te respalda. Pelea la buena batalla por ti, por tu familia y por los planes de Dios. Esfuérzate, pero no pongas tu confianza en tu esfuerzo, sino en el Dios que te da fuerzas.

¿Quieres ser sano?

En Jerusalén, junto al estanque de Betesda, yacía una multitud de enfermos esperando el movimiento del agua, porque el primero que descendía después de que un ángel la agitaba quedaba sano. «Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo». Cuidado con el tiempo: cuando pasan muchos años sin ver el resultado que esperabas, corres el riesgo de amargarte y perder tu posición en la verdad. Pero el tiempo también es clave para perfeccionar tu fe. Hoy el Espíritu Santo se mueve todo el tiempo: en cualquier momento puede ocurrir un milagro.

«Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo». No respondió lo que le preguntaron: dio excusas. Muchas veces haces lo mismo: «Ya son demasiados años; es demasiado complicado; siempre alguien se me adelanta». El enemigo, padre de mentira, te lleva a la comparación. Pero eres único: tú no puedes hacer lo que otros hacen, y otros no pueden hacer lo que tú haces. Por eso somos un cuerpo con muchos dones.

Versículo clave

«Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?»

Juan 5:6

Jesús no le preguntó quién se le adelantaba: «Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado». Estaba perfeccionando su fe. Dios necesita librarte de tus propias manos, de tus excusas y de tu propia fuerza. Él es un Dios de oportunidades aun para quienes han cometido errores. Deja las excusas, fija tu mirada en Jesús, y levántate: por la fe, por la fe, por la fe.

Referencias bíblicas