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Serie Se busca

Se busca a alguien que honre

Se busca a alguien que honre. La honra no es solo hablar con respeto: es demostrar con tus acciones que valoras a Dios y a las personas. Honra a Dios con tu vida y tus finanzas, honra a todos —también a los difíciles—, honra a tus padres en vida, y derrama tu perfume sobre lo más valioso: Jesús.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
41 min

Se busca a alguien que honre. La honra es un asunto de honor y un estilo de vida. No basta con conocer o repetir los principios de Dios: hay que practicarlos. Cuando la palabra de Dios se vuelve vida en ti, Dios manifiesta su gracia y su favor a través de esos principios.

Jesús enseñaba en la sinagoga de su tierra, y la gente se maravillaba de su sabiduría y sus milagros. Pero decían: «¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa». «Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos».

Veían al hijo del carpintero y dejaban de reconocer el poder que habían presenciado. Cuando limitas tu mirada a lo que ven tus ojos naturales, limitas también lo que puedes comprender. La honra es una disposición que te permite reconocer a Dios y sus principios. Donde Jesús fue honrado como Hijo de Dios, sucedieron milagros.

Aprecio que se expresa con el corazón y las acciones

Honrar es demostrar aprecio y respeto hacia Dios, hacia las autoridades y hacia las personas que te rodean. No basta con sentir aprecio o hablar de respeto: tiene que verse. «Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí». Tus palabras, tu corazón y tus acciones tienen que coincidir.

Versículo clave

«Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.»

Mateo 15:8

Revisa los frutos de tu vida. Jesús no solo escucha tus palabras: mira si las pones en práctica. La honra alcanza tus pensamientos, tus palabras, tu conducta y tus finanzas. No basta con decir que Dios es valioso: tu manera de vivir debe mostrarlo.

Honrar es valorar, estimar y amar. Valorar algo es no tratarlo como algo ordinario. Cuando llegas a adorar con hambre y sed de Dios, y expresas con tu boca lo que hay en tu corazón, la presencia de Dios se manifiesta.

No diezmes ni ofrendes por necesidad ni por amor al dinero, sino para honrar a Dios. El diezmo expresa que valoras a Dios y lo que está escrito en su palabra. «El hijo honra al padre… Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra?». Que tus acciones muestren el aprecio que dices tener por Dios.

Honra a todos, también cuando cuesta

«Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey. Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar». Honrar a quien te cae bien es fácil; la honra se prueba ante quien te resulta insoportable.

La recompensa de honrar no viene de la persona honrada, sino de Dios. Por eso tu honra no debe basarse en una emoción favorable, sino en un principio. Aunque alguien te ofenda, puedes seguir bendiciendo, y llevar tus heridas a Dios, en lugar de permitir que la ofensa te aparte de los principios. Eso es madurez espiritual.

Saúl era atormentado por un espíritu malo, y David tocaba el arpa para aliviarlo. Y Saúl le arrojó una lanza para clavarlo en la pared. Después, David tuvo a Saúl a su merced en una cueva, y sus hombres le decían que lo matara. Pero David respondió: «Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová». David mantuvo la honra, dejó el asunto entre Saúl y Dios, y confió en que su recompensa venía de Dios. No tomes venganza, ni abandones tus principios ante una autoridad difícil.

Esto no significa aprobar el abuso. Hay autoridades que abusan, y Dios se encargará de eso. Pero no conviertas el conflicto en una excusa para deshonrar. Cuida tu corazón, para que las heridas no muevan los cimientos de tu fe. Tu honra no depende de la actitud de la persona, sino del principio que recibiste de Dios.

La honra no es solo hacia arriba. Si tienes trabajadores a tu cargo, hónralos también: tu posición no te exime de tratar a otros con honra. Y a veces es mejor callar si no tienes nada bueno que decir, sobre todo cuando estás molesto con una autoridad, porque tus palabras pueden convertirse en deshonra.

Honra a la nación donde Dios te puso: cuídala, ámala y habla bien de ella. Honra a tu congregación y a quienes se congregan contigo. Vive con honra en todo lugar y en toda posición: hacia arriba, hacia los lados y hacia abajo.

La honra, la familia y la paternidad

«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra». Demuestra esa honra cuidando y bendiciendo a tus padres. Si tu padre tiene defectos, tu responsabilidad de honrarlo sigue siendo tuya; deja a Dios el juicio sobre cada autoridad.

Versículo clave

«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa»

Efesios 6:2

Un corazón huérfano tiene dificultad para honrar: quiere hacer lo que quiere, sin rendir cuentas ni aceptar cobertura. Pero cuando conoces la paternidad de Dios, reconoces que necesitas mentores y autoridades, y que no lo sabes todo. Busca mentores, bendícelos, reúnete con ellos, ríndeles cuentas. Eso sana el corazón y es un ejercicio de humildad.

Honra tu fuente de trabajo y bendice a tus jefes, aunque algunos sean insoportables. Tu promoción no viene de la persona difícil, sino de Dios. Y cuidado: honrar a otros no te da licencia para que tú seas insoportable. Todos podemos serlo alguna vez: un saludo que no diste, un gesto que no cuidaste.

La viuda de Sarepta y el poder de honrar

Dios envió a Elías a Sarepta, donde una viuda tenía apenas un puñado de harina y un poco de aceite. Y Elías le dijo: «Hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo». A simple vista, podría parecer un abuso: una viuda con poca comida, y un profeta que pide primero para sí. Pero no lo era.

«Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías».

¿Quería Dios enseñarle a la viuda a cocinar para el profeta, o mostrarle que hay poder en honrar? Su honra fue acompañada de bendición y provisión. En medio de la escasez y de tus necesidades, honra y siembra bien: Dios te cuidará y hará sobreabundar.

El perfume de María: honra a lo más valioso

«Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?». Y Jesús dijo: «Dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella».

Trescientos denarios era casi el salario de un año. Para Judas, lo valioso era el dinero que representaba el perfume; para María, lo valioso era Jesús. Judas lo llamó desperdicio; Jesús lo llamó honra. No era un asunto de dinero, sino de honor.

«A los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis». Lo que María hizo fue una manera única de honrar a Jesús. ¿Qué consideras valioso? Cuando Jesús llega a tu vida, lo que antes creías valioso deja de ocupar el mismo lugar. Ningún perfume puede darte el gozo que él da. Su vida huele a eternidad, a oportunidad, a perdón y a victoria.

Sin la presencia de Dios, un lugar de reunión sería solo luces, pantallas y butacas. Lo más valioso es Jesús. Que tu adoración del domingo sea el fruto de la honra que vives durante la semana: que la boca que canta esté conectada con las acciones que expresan lo que hay en tu corazón.

Honra en vida, y en todo lugar

Honra a tus padres mientras viven. Llévales flores ahora, no al cementerio. Quienes pudieron cuidar a sus padres hasta el final y honrarlos en vida, guardan una paz profunda cuando ellos parten. No esperes a que tus padres mueran para pedirles perdón o bendecirlos. Hónralos aun con sus errores, y deja en manos de Dios el juicio sobre las autoridades.

Derrama honra dondequiera que vayas: en la oficina, en el trabajo, en todo lugar, no solo cuando te encuentras con una autoridad. Cuando honras a Dios, suceden cosas inimaginables. Que cada tiempo de adoración sea expresión de lo que vives cada día. Tu corazón se resistirá: cuando estás enojado o tratas con alguien insoportable, te dirá que no le hables o que no le hagas bien.

Pablo escribió: «Aunque amándoos más, sea amado menos». Sé un vaso de honor que ofrece lo mejor. Ponte a cuentas con Dios por las veces que no honraste a alguien por sus defectos. Hoy tienes la oportunidad de conectar tu corazón con tus palabras, y demostrar que Dios, su presencia y sus principios son lo más valioso.

Dile a Jesús: «Te amo». Pídele que ordene tu corazón para reconocer que él es lo más valioso, que sus principios tienen valor, y que al salir puedas honrar y bendecir a alguien. Que tu perfume llegue a muchos: la honra tiene poder para producir milagros y transformar vidas. No depende de la persona a quien honras, sino del valor que las palabras de Dios tienen en tu vida.

Referencias bíblicas