EN Oración
Serie Se busca

Se busca a alguien que quiera ser sabio

La sabiduría de Dios es un tesoro que se pide con el corazón, se adquiere antes que las posesiones y se demuestra al confiar, obedecer y poner a Dios en primer lugar.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
44 min

«Se busca a alguien que quiera ser sabio». Dios busca hijos con hambre de recibir algo nuevo de él y con anhelo de tomar para su vida lo que Dios tiene preparado. Todos tienen acceso, pero no todos reconocen que la sabiduría es uno de los mayores tesoros que pueden tener.

La inteligencia natural se desarrolla mediante conocimientos humanos; hay otra sabiduría, espiritual, que solo Dios puede dar. Job 38:36 pregunta quién puso sabiduría en el corazón y dio inteligencia al espíritu: una sabiduría depositada en el corazón y una inteligencia espiritual, no la capacidad adquirida mediante el estudio.

Santiago 3:15 habla de una sabiduría terrenal, distinta de la que viene de Dios. Los conocimientos y la experiencia no garantizan saber gobernar la propia vida. Hay personas con cinco títulos y tres divorcios, y expertos en distintas materias que no saben cómo conducir su vida. La formación no es mala, pero la sabiduría de Dios es distinta y necesaria.

Lo mismo vale para la vida de pareja: ni toda la inteligencia desarrollada en el mundo basta para vivir con una mujer; se necesita la sabiduría de Dios para bendecirla, cuidarla, amarla y respetarla, tratándola como vaso más frágil. Esa sabiduría no es lo mismo que la experiencia: se deposita en el corazón.

Pedir sabiduría con el corazón

Salomón era joven y de tierna edad, y reconoció que no sabía cómo entrar ni cómo salir ni cómo gobernar. Cuando Dios le preguntó qué quería, pidió un corazón entendido y sabiduría. Esa petición no nacía de una larga experiencia, sino de reconocer su necesidad de Dios.

Dios respondió a Salomón que, por no haber pedido fama ni dinero, le daría sabiduría y también lo que no había pedido. Salomón buscó algo interior, más poderoso que lo que ocurre fuera de la persona. La gracia, el favor y la sabiduría de Dios están disponibles para quienes los buscan de corazón.

Santiago 1:5 dice que, si a alguien le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da sin limitación y sin reproche. La sabiduría de Dios puede ayudarte a ver como posible aquello que antes parecía imposible. Pero no basta con pronunciar una petición: la boca y el corazón deben estar de acuerdo.

Versículo clave

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.»

Santiago 1:5

Salomón pidió: «Dame un corazón entendido». Es pedir que Dios gobierne el interior, para que las emociones no gobiernen la vida. Examina la intención detrás de lo que pides. Si oras pidiendo sabiduría para bendecir a muchos, pero tu corazón solo desea dinero o reconocimiento, tu boca no está conectada con tu corazón.

Dios no mira como mira el ser humano, sino el corazón. Cuando la razón para pedir es correcta, Dios puede dar sabiduría e incluso aquello que no pediste. Pide con la boca, pero también con un corazón dispuesto a recibir y a vivir conforme a esa sabiduría.

Adquirir sabiduría antes que posesiones

El segundo paso es ordenar lo que deseas adquirir. Proverbios 4:7 dice que hay que adquirir sabiduría antes que cualquier otra cosa. Muchos ponen primero las posesiones y esperan que les den lo que solo la sabiduría puede ofrecer. Se puede tener una casa grande sin saber cómo cuidar el matrimonio, o un automóvil nuevo y seguir amargado dentro de él; hay quien antes andaba feliz incluso con el vehículo que le tocaba empujar.

Versículo clave

«Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.»

Proverbios 4:7

Tener bienes no es necesariamente malo, pero adquirirlos sin sabiduría no enseña a administrarlos ni asegura que sean de bendición para la vida y la familia. Lo más valioso no es lo que una persona posee, sino aquello que la posee. Si las posesiones ocupan el primer lugar, pueden empezar a gobernar y traer aflicción y duda.

Algunos hijos piden a sus padres que los dejen en la esquina para que sus amigos no los vean llegar en cierto automóvil. Pero el valor de alguien no se mide por lo que tiene ni por el reloj que lleva: nuestro valor está en ser hijos de Dios. No permitas que las posesiones gobiernen tu vida.

El tercer principio, según Proverbios 3:5-6, es poner toda la confianza en Dios y no en lo mucho que uno sabe. No se trata de dejar de estudiar ni de prepararse: sé el mejor en las distintas áreas de tu vida, pero no pongas tu confianza en tu propio conocimiento, sino en Dios, que permite aprender. Aun quien conoce la Palabra debe orar antes de hablar, porque su confianza no está en lo que sabe de ella, sino en Dios. El saber puede cambiar o perderse; confiar en Dios permite afrontar lo que venga con la certeza de que todo está bajo su control. Los títulos y el conocimiento pueden convertirse en la identidad de una persona y apartarla de Dios si pone allí su confianza.

Confiar en Dios y contar con él

Contar con Dios no debería ser la última opción.

La sabiduría de Dios produce lo que nada más puede producir.

Y la sabiduría reposa sobre la humildad.

El cuarto paso es tomar en cuenta a Dios. Alguien puede despertar con lo que parece una basurita en el ojo, buscar atención médica en los mejores hospitales, incluso en el extranjero, y escuchar que tiene una inflamación sin cura.

Pero al doblar las rodillas, la presencia del Señor puede descender y traer sanidad. Qué pena haber contado con tantas opciones antes de contar con Dios: la opción que se necesitaba estaba más cerca de lo que se imaginaba, de rodillas. Pide perdón a Dios por haber recurrido a tantas cosas antes de contar con él. No dejes a Dios para el final: la sabiduría de Dios puede producir en la vida lo que nada ni nadie había podido producir.

Ante las dificultades, cuenta primero con Dios.

Humildad, obediencia y meditación en la Palabra

El quinto principio es no creerse muy sabio. Quien se cree muy sabio demuestra que no lo es, porque la sabiduría reposa sobre la humildad. No se trata de despreciar el conocimiento, sino de reconocer que necesitamos la sabiduría de Dios: saber mucho no es el problema; lo es creer que no se necesita a Dios.

El sexto paso es obedecer a Dios y apartarse del mal. Hay quien cree que sabe por sí mismo cómo conducir su matrimonio; la Biblia, en cambio, enseña a tratar a la esposa como vaso más frágil. No amar ni perdonar a la esposa interrumpe las oraciones; bendícela.

El Salmo 119:97 dice: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación». ¿En qué meditas tú: en las noticias, en los problemas o en la Palabra de Dios? Medita en las enseñanzas de Dios durante todo el día, en vez de pensar únicamente en aquello que te preocupa. La Palabra puede darte sabiduría e instrucción para resolver lo que ocupa tu mente.

El salmista llama suyos a los mandamientos y dice que lo hacen más sabio que sus enemigos. La sabiduría de la Palabra ayuda a reconocer aquello que se interpone entre la persona y lo que Dios tiene para su vida, y permite ver grandes victorias con los menores daños posibles, porque da entendimiento al corazón.

En el verso 8 se habla de mantenerse sano y fuerte, una referencia en su mayoría espiritual. Creerse muy sabio puede mantener enferma y débil a una persona: si el orgullo enferma el corazón, también pueden enfermar el matrimonio y las finanzas. La sabiduría de Dios, en cambio, fortalece.

La serpiente le presentó el fruto a Eva con la promesa de que, al comerlo, serían como Dios y conocerían el bien y el mal. Era una oferta de control: el deseo de creerse más sabios que Dios. Lo que Dios había hecho y dicho buscaba guardar y bendecir sus vidas; el deseo de control ha enfermado al mundo.

Demostrar con las acciones que Dios es lo primero

El séptimo paso es demostrar a Dios que es lo más importante. Decirlo no es lo mismo que vivirlo: las acciones de cada día reflejan si Dios ocupa el primer lugar. Si solo lo declaras con la boca y luego vuelves a hacer lo mismo, eso se queda en una religión de palabras; cuando tus acciones expresan esa prioridad, es una relación con Dios hecha vida.

Dar de lo que tienes y de lo que ganas muestra que el dinero no es lo primero, sino Dios. El diezmo es una práctica establecida para probar la obediencia y reconocer esa prioridad, no porque Dios necesite dinero. Y en todas las áreas de la vida, demuestra que Dios es lo más importante.

Proverbios 3:9-10 une la honra a Dios con la abundancia.

Los graneros se llenarán con abundancia y los lagares rebosarán: es bendición, gracia, favor, amor, presencia y fidelidad de Dios. Hay quienes solo piensan en llenar sus graneros y, cuando lo logran, las posesiones no les dan la felicidad, el matrimonio o la unidad que esperaban. El bien de Dios no se reduce a acumular bienes: pon a Dios primero y espera lo mejor de él.

La sabiduría expresada en Jesús

Piensa en tus pensamientos, preocupaciones y aflicciones. ¿Puedes demostrarle a Dios que es lo primero con tu mente, tu corazón y todas tus fuerzas? Dedicarle tiempo es una de las acciones más sabias que puedes tomar. No hay nada ni nadie como Dios. Salomón tenía palacios, riquezas y fama, y era hijo de David, pero su acción más poderosa fue reconocer que no había nada como Dios.

Que Dios dé sabiduría para todas las áreas de la vida: la vida personal, las relaciones, el matrimonio, el trabajo y la nación. A veces se quiere escoger, para que gobiernen un país, a hombres o mujeres que no pueden gobernar ni sus propias vidas. Pide a Dios sabiduría.

Pide sabiduría con el corazón.

Jesús, en la cruz, dijo: «Perdónalos, porque no saben lo que hacen». Imagina a quienes lo escuchaban preguntándose cómo podía bendecir a quienes lo crucificaban. La sabiduría permite ver más allá de lo que se está viviendo y considerar lo que está por vivirse conforme a los planes de Dios.

No hay nada ni nadie como Dios.

Pon delante de Dios tus títulos y todo lo que sabes, y abre tu corazón a Jesús: el tesoro más valioso y la sabiduría misma, el Verbo hecho carne, la Palabra hecha vida, que dio su vida por nosotros. Reconócelo como Señor y Salvador: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Pide sabiduría a Dios con el corazón, adquiérela antes que las posesiones, confía en Dios y no en tu propio conocimiento, tómalo en cuenta, vive con humildad y obediencia, medita en su Palabra y demuestra con tus acciones que él es lo primero.

Referencias bíblicas