Se busca alguien que quiera una vida en abundancia. Dios tiene preparada una vida para ti, y sus planes son de bien y de bendición. «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia».
Versículo clave
«El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.»
Juan 10:10
La invitación es para todos, aunque no todos la aceptan. Imagina la tristeza de llegar ante Jesús y reconocer que nunca viviste la vida que él te ofreció. Esa vida comienza aquí en la tierra cuando recibes a Jesús como Señor y Salvador, y dura por la eternidad. El enemigo quiere engañarte, desviarte y destruir tu matrimonio, tu familia, tu vida y tus finanzas. El mundo llama bueno a lo malo y malo a lo bueno. No te dejes engañar: escoge la vida que Jesús te ofrece.
La muerte de Jesús en la cruz transforma tu vida y te da eternidad. Pero el cambio no queda para el futuro: comienza cuando respondes a la gracia de Dios. ¿De qué sirve recibir a Jesús sin recibir también la vida que él quiere darte?
Escoge: no te quedes en terreno neutral
El primer engaño es mantenerte en una zona neutral. Dios te llama a decidir con determinación. «A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia».
Versículo clave
«A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia»
Deuteronomio 30:19
Es una decisión sobre tu vida espiritual. Hay quienes están físicamente vivos y espiritualmente muertos; y hay quienes murieron en Cristo y están más vivos que nunca. Dios no decide por ti: tú tienes que escoger. Y tu decisión afecta tu vida y la de tus generaciones.
No vivas con un pie en cada lado: un poco en el mundo y un poco en las cosas de Dios. Escoger la vida requiere constancia, no una decisión intermitente: hoy sí y mañana no, el domingo sí y el martes no. «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Dios estará contigo y saldrá en tu defensa.
Recibir a Jesús como Señor y Salvador implica escoger cómo vivir: según tus deseos, o conforme a la palabra de Dios, que te da dirección. «Determinarás asimismo una cosa, y te será firme, y sobre tus caminos resplandecerá luz».
Para ti y para tus generaciones hay un solo camino: Dios y su palabra. En tu matrimonio, en lugar de dos caminos, hay uno: la restauración. Es posible si dispones tu vida, porque Dios hace nuevas todas las cosas. Hay parejas que han decidido que la palabra «divorcio» no existe en su vocabulario: para ellos solo hay un camino, la restauración. Sostén tu decisión con constancia, no según la conveniencia del momento.
El engaño de ignorar la Palabra
El segundo engaño es ignorar la palabra de Dios. «Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón».
Dios te ofrece esa vida, pero no te la impone. Hay quienes conocen a Dios y viven como si no lo conocieran, o reciben a Jesús en un momento difícil y luego no lo siguen. Mira la magnitud del sacrificio de Jesús en la cruz, y responde a lo que él hizo. Recibe la vida que te ofrece, para ti, para tus generaciones y para la iglesia.
El entendimiento entenebrecido se llena de pensamientos que desplazan la palabra de Dios. La ignorancia te aleja de la vida que Dios ofrece; la palabra renueva tu manera de pensar y te trae libertad. «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres»; la mentira te aleja de esa vida. ¿Qué palabras escuchas cada día? ¿Qué lees? Elige lo que te acerca a Dios.
Leer la Biblia va de la mano con obedecerla. La vida abundante viene de la palabra viva y eficaz. Levántate cada día y lee al menos un versículo. La obediencia manifiesta esa vida. Querer a Jesús sin querer obedecer su palabra te aleja de lo que él quiere darte.
Está bien distraerte: ir al cine, a la playa, a pasear. Pero distraerte no sustituye atenderte. Atenderte es dedicar tiempo a tu ser interior y espiritual: orar, abrir la palabra, alimentar tu espíritu. Di: «Voy a orar, voy a tomar un tiempo para abrir su palabra».
Los días se vuelven frustrantes cuando te llenas de malas noticias y de lo que ofrece el mundo. Comienza tu día llenándote de la palabra, y tus días serán de victoria y bendición. Revisa cuánto tiempo pasas en las redes: no es malo usarlas, pero si les dedicas más tiempo que a la palabra, al final de la semana estarás más lleno de redes que de Dios. La medida de una vida abundante no es cuánto dura, sino tu relación con Dios.
El pasado no tiene que gobernar tu presente
El tercer engaño es dejar que tu pasado te siga recordando tus errores. Quizá invitas a alguien a la iglesia y te responde con burla: «¿Tú? ¿Si hace dos meses te vi tirado en la calle?». La vergüenza del pasado se usa para desanimarte cuando quieres acercarte a Dios.
Te equivocaste, sí. Pero eres hijo de Dios, lavado con la sangre de Cristo: fallaste, recibiste misericordia, y tienes derecho a levantarte y hablar de la palabra. Lo que antes te llenaba ya no te llena, porque Dios cambió tu vida. Deja atrás tus malas experiencias. Pero los recuerdos de lo bueno que Dios ha hecho, tráelos al presente como motivo para reconocer su obra.
Tampoco vivas de glorias pasadas. Recuerda lo que Dios hizo y declara: «Voy de gloria en gloria». Si aquello fue glorioso, prepárate para lo que viene. No te quedes en el pasado: mira hacia adelante, con tus expectativas puestas en Dios, que hace nuevas todas las cosas.
Deja de mirar el pasado que no puedes cambiar y que te impide avanzar. Mira el presente, y espera lo mejor de la vida abundante que Dios te ofrece. Ante «lo que a mí me hicieron», piensa en lo que Jesús hizo por ti. ¿No vale la pena recibir esa vida en lugar de traer el pasado al presente todos los días? La vida abundante no está en el pasado: está hoy, en Cristo Jesús.
La felicidad no está en lo próximo
El siguiente engaño dice: «Con lo próximo serás feliz». Cuando tengas la casa, el carro, los ahorros, la siguiente ganancia. Y das otra vuelta a la vida, persiguiendo lo próximo, convencido de que allí estarán la felicidad, la bendición y la abundancia.
«Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?». No dice ganar un negocio más, sino el mundo entero. Ninguna conquista puede reemplazar la vida abundante que Jesús alcanzó para ti en la cruz. Tu vida abundante no viene de lo que vas a alcanzar, sino de lo que Jesús alcanzó.
El enemigo quiere afectar tu identidad y hacerte creer que la abundancia vendrá de lo que todavía lograrás. Jesús quiere verte salir adelante, y lo que obtengas se añadirá a tu vida como fruto de la fe. Pero la abundancia no nace de las cosas que Dios da, sino de quién es Dios y de quién eres tú en él.
Un vendedor recién empezaba en su trabajo, y alguien le preguntó: «¿Por qué estás tan feliz? ¿Ya vendiste?». Y él respondió: «No soy feliz porque vendí; voy a vender porque ya soy feliz. Dios dio su vida por mí y pagó un precio muy alto». Confía en que Dios tiene lo mejor, y que lo que tus manos toquen prosperará. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días».
«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma». Si tu alma no prospera, las cosas añadidas no bastan. Hay personas con muchas riquezas, llenas de amargura y frustración; hay países ricos con corazones pobres. Un corazón sano es el lugar donde se deposita la vida abundante.
Da gracias a Dios por un nuevo día, aunque tengas problemas con alguien o un negocio no haya salido como esperabas. Dios te ama aun con tus errores, aunque alguien no te quiera o tus planes no resulten. Si persigues la zanahoria de lo próximo, terminarás decepcionado: lo obtendrás y descubrirás que la vida abundante no estaba allí. Cuando reconoces a Dios como tu fuente, puedes disfrutar las demás cosas y darles su lugar, como añadiduras.
Dios no te ve desde el cielo: te ve desde adentro. «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». Alguien puede parecer pobre o rico, pero para Dios, tenerlo todo sin la vida que él da es pobreza. Puedes tener a la persona más hermosa a tu lado y no ser feliz. Y si tienes a tu cónyuge a tu lado, valóralo y agradécelo.
La vida abundante no viene de afuera
El quinto engaño es creer que la vida abundante viene de afuera. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo de Jacob, mientras sus discípulos iban a comprar comida. Y llegó una mujer de Samaria a sacar agua.
La mujer le dijo: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?». Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva». Esa agua es una vida que Dios transforma. Deja de exigir saber primero cómo lo hará Dios: cree que él actuará.
La mujer preguntó: «¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?». Jesús respondió: «Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás». Puedes creer que el siguiente logro o la siguiente relación calmará tu vida, pero solo Jesús trae paz a tu corazón.
Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido». Ella respondió: «No tengo marido». Y Jesús le dijo: «Bien has dicho… porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido». Ella había buscado la vida abundante en otras personas y no la había encontrado. La vida abundante no procede de las cosas ni de quienes te rodean, sino de Jesús, que no falla, no abandona y te espera para levantarte cuando te equivocas.
La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo: «Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?». Y muchos salieron a conocer a Jesús. Anuncia a tus vecinos y a tu nación que Jesús es la vida abundante. Quien recibe esa vida quiere que otros sepan que su vida es diferente y que Jesús puede llenar lo que nada más pudo llenar.
Recibe hoy la vida que Jesús da
Hay quienes, siendo jóvenes y teniendo muchas cosas, no encontraban la vida abundante, y la hallaron donde menos lo imaginaban, en un lugar pequeño. La vida abundante no viene de afuera: llega adentro. No tienes que esperar a mañana ni a tener esto o aquello para recibirla. El mayor tesoro es la presencia de Dios en tu vida.
Lo que has buscado afuera no está allí, sino en Dios. Bebe del agua viva. Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo. Abro mi corazón a la vida en abundancia que hoy empieza para mí».
Referencias bíblicas
- Juan 10:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 30:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 4:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Job 22:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 8:36 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 3 Juan 1:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 4:9-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


