Dios busca corazones dispuestos a ser transformados, bendecidos y llevados a un nuevo nivel: busca madurez. Como el alumno que hace una cara cuando el maestro le da la espalda, la inmadurez se nota. No confíes solamente en lo que piensas o dices: ábrete a lo que Dios puede hacer.
Salmo 92:12-13, en la versión NVI: el justo florece en la casa del Señor. Madurar es florecer, prosperar, progresar y desarrollarse. Si piensas que no has avanzado, mira hacia atrás y reconoce el trecho recorrido; si es la primera vez que te acercas a la casa de Dios, estás a punto de progresar: Dios te tomará de la mano y te levantará.
La palabra empuja a cambiar el contexto y la manera de pensar para ver las cosas de otra forma. El término hebreo del Salmo 92:12 significa producir, reverdecer y extenderse; y la madurez tiene que ver con florecer. Aunque estés en medio del desierto, y aunque no lo hayas visto ni creído, puedes estar floreciendo.
Florecer y echar raíces
Algunos sienten que están estancados, pero el florecimiento puede estar ocurriendo por dentro. Hay flores que florecen en distintas condiciones y estaciones —con calor, frío o lluvia—, como el geranio, el jazmín o la begonia: son resistentes. Repite: «Yo soy resistente».
La resistencia se enlaza con el olivo del Salmo 52:8: los fieles son como olivos plantados en la casa del Señor. La iglesia no es solo de sus pastores: reconócela como tu iglesia y plántate en ella. En vez de perseguir el mensaje perfecto o la iglesia perfecta, recibe la palabra que se te ofrece en tu congregación.
La iglesia es una casa de amor y bendición, abierta a todas las personas sin importar sus problemas o su pasado, que las recibe con los brazos abiertos, como Jesús en la cruz. En ella somos renovados, transformados y bendecidos, y Dios quiere llevarnos a nuevas alturas. El primer paso para florecer es ser plantado.
Jeremías 17:7-8 explica cómo: el hombre que confía en el Señor es como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente, no teme el calor, conserva sus hojas y no deja de dar fruto. Ama tu iglesia y a tus pastores. El agua es la palabra que se predica: hace prosperar y madurar. A veces no estarás de acuerdo con algo, pero vale la pena darle una oportunidad a esa palabra.
Versículo clave
«Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.»
Jeremías 17:7-8
Estar plantado junto al agua también implica dejar atrás heridas y conceptos que impiden coincidir con otras personas, para permitir que Dios trabaje en uno. En la casa de Dios hay palabras para crecer, volver a vivir y tener una nueva oportunidad. Y hay que extender las raíces: no todo lo hacen los pastores ni las predicaciones; cada uno tiene que extenderse, mirar hacia adelante y disponerse a ver lo bueno que Dios tiene. Si has pasado por momentos difíciles o pruebas de fe, es tiempo de extenderte y dejar atrás el pasado, las heridas y las preocupaciones.
Las raíces se extienden hacia abajo: arráigate en tu iglesia y di: «Esta es mi iglesia; aquí voy a crecer; aquí Dios me va a dar lo que necesito». Dios usa guantes para sembrar a las personas, porque son especiales y no quiere dañarlas: los guantes del amor, con los que sostiene y toma con cariño a quien viene de un lugar duro o de circunstancias complicadas, como una pérdida o una separación.
A veces Dios necesita arrancar o quitar cosas que estorban o duelen, y usar herramientas que excaven hasta el fondo del corazón para transformarlo y hacer que vuelva a florecer. Viene un tiempo de florecimiento: las raíces ya se extienden en lo profundo, aunque todavía no se vea. Como el árbol de Jeremías, la confianza en el Señor te permite permanecer plantado junto al agua.
No temer el calor de las pruebas
Al llegar a la frase sobre no temer que venga el calor, cabe preguntarse cuál es el temor que impide a alguien plantarse. Esta parte se relaciona con la afirmación bíblica de que el perfecto amor echa fuera el temor: no hay que temer lo que Dios ya resolvió ni aquello frente a lo cual Dios se ha levantado para defender a la persona. El amor inmensurable y la misericordia de Dios son su favor.
Pedro dejó de mirar a Jesús: ¿quién no miraría la tormenta caminando sobre el agua, con rayos alrededor? Las tormentas se esconden en cosas atractivas que hacen perder de vista lo que Dios y Jesús representan en la vida: no pierdas ese enfoque.
El calor representa las pruebas. Algunas ovejas requieren más atención, y otras parecen poder continuar tras caerse, mientras Dios las observa. Dios sostiene con sus guantes de amor y está presente para levantar a quien cae. No es lo mismo sentir el calor que permitir que llegue al corazón y lo queme: se puede soportar la prueba sin dejar que destruya el corazón.
Hay temporadas en que se pierde el trabajo después de muchos años en un lugar donde uno creció y prosperaba. Confía y cree, aunque no veas cómo saldrán las cosas: Dios da nuevas oportunidades.
La imagen de las hojas siempre verdes lleva a otra aclaración: no hace falta tener color visible para florecer. La madurez puede no verse en colores o frutos; el florecimiento puede ser interior. Los oyentes no son los mismos después de un problema, de una enfermedad que atravesaron o de perder un trabajo. El punto no es negar lo difícil, sino afirmar que puede haber un cambio interno que todavía no se ve por fuera.
Resistir y atravesar los procesos
Santiago 4:7: «sométase, pues, a Dios» y resistan al diablo, y el diablo huirá. No trates al diablo ni a los demonios como si estuvieran a la altura de los hijos de Dios: el enemigo está abajo. Declara que sus mentiras no detendrán a quien Dios ha levantado.
Versículo clave
«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.»
Santiago 4:7
Resistir no depende de la fuerza propia: Dios se ha sumado a la batalla y está del lado de quienes sienten que perdieron sus fuerzas; es como llamar al Señor, «el más grande de esta casa», para que se levante por ti. Hay liberación y ruptura: algunos esperan un rompimiento que ya sucedió sin que se dieran cuenta. Reconoce lo que ya se ha movido por dentro, en vez de esperar solo acontecimientos externos.
Nadie sabe si es resistente hasta que le toca resistir, y para resistir hay que atravesar procesos. En ellos aparecen el desánimo o la mala actitud, pero son una oportunidad para acercarse al llamado y a lo que Dios quiere hacer. Mira cada problema como un escalón y no como algo que te detiene, aun una separación difícil, aunque todavía no logres verlo así. No dejes que los problemas te hagan descender: son parte del camino hacia la madurez.
No hay sueños sin procesos: José tuvo grandes sueños y tuvo que pasar por procesos. Repite: «Procesos. Bendito Dios por los procesos». No es fácil decirlo, pero no hay tierra prometida sin desierto, y no tiene sentido querer lo que tiene el vecino sin atravesar el proceso. Tampoco critiques ni juzgues lo que hizo otra persona sin conocer el contexto que vive. Querer el carro, la posición o las bendiciones sin pasar por el proceso es querer el resultado sin el recorrido.
Jesús, en Getsemaní, también pidió que pasara ese proceso, y quedó en la palabra de Dios como ejemplo. A veces hay que rendirse para poder pasar el proceso: no se pasa de pie, sino de rodillas.
Los oyentes quizá han vivido cosas difíciles, pero están aquí, y su vida vale más que el problema o la situación que pasaron. Volvamos a la flor plantada: hay que extender las raíces y abrirse camino en la tierra. A veces se necesita abono; aunque no huela bien, puede ser necesario para crecer. Esa imagen se aplica a palabras que en otro momento dolieron y que ahora pueden contribuir a que alguien sea diferente. Quizá quien habló no quiso decir aquello de esa manera o lo dijo durante un momento difícil. Por eso, la iglesia está llamada a ser más pronta para perdonar, olvidar y amar.
Una revelación liberadora: quizá el lugar o las personas no cambien; pero si tú cambias en el Señor, verás cambiar lo demás. Resiste sin pretender cambiar a los otros: cambia tú. El geranio da flores todo el año y se mantiene bello en frío y en calor: así es la madurez en todas las estaciones. Aunque hayan dicho cosas malas de ti, sigues siendo bello, y estás madurando y progresando.
Santiago 1:2, en la versión NTV, habla de considerar los problemas como un tiempo para alegrarse. ¿Cómo alegrarse por los problemas? Nos hacen más fuertes: en las debilidades aprendemos que Dios se hace más grande y más fuerte; ya no se trata de uno solo, sino de Dios levantándose en medio de la circunstancia difícil.
Avanzar y reconocer el florecimiento
El énfasis cambia entonces de aguantar a avanzar: ya es tiempo de dejar de aguantar; quien estuvo en la esquina recibiendo golpes ahora se levantará y avanzará. Santiago 1:2 habla de la constancia que tiene oportunidad de desarrollarse cuando la fe es puesta a prueba. La constancia se convierte en una declaración de perseverancia: «Lo vamos a lograr, vamos a avanzar» hacia el punto al que Dios ha llamado a cada persona.
Pregúntale a Dios dónde estás hoy, en vez de guiarte solo por la impresión de estar detenido. Has avanzado: imagina a Dios aplaudiendo cada día porque pasaste la prueba y resististe. Se acabó el tiempo de la depresión, la tristeza y la preocupación: comienza un tiempo de florecer y madurar.
Se multiplicarán los grupos y comenzarán a hacerse cosas que no se habían hecho: lo sobrenatural en lo natural. Sé un agente de cambio. En una oficina donde se respiran tristeza y frustración, una actitud distinta cambia el ambiente. Quien está plantado y ha resistido lleva al Dios todopoderoso a la oficina, el colegio, la universidad o el lugar donde vive, y allí se reconocerá a un hijo de Dios que ha aguantado y resistido.
El tiempo de florecer ya comenzó, aunque quizá todavía no se haya visto: Dios ya está usando a las personas. El mejor tiempo de la iglesia es ahora. Da honra y gloria a Dios: no se levantarán armas contra la iglesia. Declara: «Me extiendo a lo que viene».
El amor de Dios es el mejor trampolín para vencer al enemigo. Hay tiempos de guerra y momentos de unirse con Dios en amor. Cruza el puente de la salvación con esta oración: «Señor Jesús, esta mañana abro mi corazón para recibirte; te pido perdón por mis errores; hoy te reconozco como el Señor de mi vida».
Referencias bíblicas
- Salmo 92:12-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmo 52:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 17:7-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 4:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:2-3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 14:28-31 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 26:39 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Juan 4:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


