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Un nuevo final: Dios puede sorprenderte

Con la visión de Ezequiel en el valle de los huesos secos, aprende a no quedar definido por la realidad que te rodea, sino a llenarte de la presencia de Dios y declarar su palabra con fe.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
46 min

Desde que comenzó el año, el Señor ha estado obrando en nuestras vidas. Esperemos cosas nuevas que quizá no imaginábamos que Dios tenía preparadas. Demos la bienvenida al Espíritu Santo y pidamos que marque una diferencia en la vida de cada persona, dondequiera que esté, para que cada una pueda decir: algo nuevo ha iniciado en mí.

Declara: es un nuevo día; la gracia y el amor de Dios están sobre mí; camino con su cuidado; hablo de soluciones en vez de problemas; espero que prospere lo que emprenda y me extiendo hacia lo que viene sin quedar detenido en lo pasado. Las bendiciones de Dios vendrán y me alcanzarán, porque este es el día de Dios.

La visión de Ezequiel y la idea de un nuevo final

Ezequiel fue llevado en el segundo grupo de cautivos a Babilonia, en un tiempo difícil, y en medio de ese cautiverio Dios lo llevó a una visión. No hablemos solo de nuevos comienzos, sino también de «nuevos finales».

Espera que Dios te sorprenda con un nuevo final en tu vida personal, tu hogar, tu familia, tu trabajo, tu empresa y tus relaciones con quienes trabajan junto a ti. Confía en que Dios puede obrar algo distinto aun en medio de una situación adversa.

Ezequiel 37:1 dice que el Señor puso su mano sobre Ezequiel y lo colocó en un valle lleno de huesos. Ezequiel no llegó lleno de poder, sino que salió lleno del poder de Dios. El contraste está entre el cautiverio que rodeaba al profeta y ese salir lleno del poder de Dios. La presencia de Dios puede llenar la vida cuando una persona deja espacio para ella; no significa que el cautiverio desaparezca en ese instante, sino que hay una transformación interior.

Versículo clave

«La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.»

Ezequiel 37:1

La pregunta es: «¿De qué estás lleno?». Puede ser de angustia, duda, incertidumbre, dolor, enojo, frustración o amargura; o puedes permitir que Dios te llene con su presencia y su palabra. La condición difícil del entorno no tiene que determinar el contenido interior. No te llenes de lo que te rodea: busca la presencia de Dios cada día, no solamente el domingo.

La visión continúa con Ezequiel recorriendo el valle en todas direcciones. El relato bíblico dice que los huesos eran muchísimos y estaban completamente secos. Esa imagen representa la condición del pueblo de Israel y una situación en la que parecía no haber oportunidad de que algo cambiara. Así ocurre en momentos de la vida en los que, por dondequiera que se mire, parece encontrarse la misma dificultad. Pero, aunque el valle esté cubierto de huesos secos, Ezequiel estaba cubierto por Dios. Declara: «Dios me cubre» y «Dios me llena».

La soberanía de Dios y la responsabilidad de hablar

En el versículo 3, Dios pregunta a Ezequiel si los huesos pueden volver a vivir. Ezequiel responde: «Señor, solo tú lo sabes»; otra formulación dice: «Señor, tú eres soberano». Es una respuesta valiosa: reconoce que Dios puede hacerlo todo. Luego Dios manda a Ezequiel a anunciar un mensaje profético a los huesos secos. La soberanía divina no anula la responsabilidad humana: Dios usaría a Ezequiel para manifestar un nuevo final para él y para el pueblo.

Habla con fe en tu hogar; no pienses que la palabra de ánimo o de fe depende de que llegue el pastor a tu casa. Dios puede usar a cada persona: ora, llénate de Dios y disponte a declarar su palabra. El verbo «profetizar» significa predecir un hecho futuro por inspiración divina; en ese sentido, puedes ser profeta en tu hogar y dar esa palabra profética.

Cuando Ezequiel comunica lo que Dios le había ordenado, se trata de hablar «a la realidad» la verdad que viene de la palabra de Dios. Ante la enfermedad: «por sus llagas fuimos curados»; ante la escasez: «no he visto justo desamparado ni su simiente que mendigue pan»; frente a los errores y la sensación de derrota, la misericordia de Dios es nueva cada mañana.

No se trata de negar lo que ocurre, sino de dejar de hablar únicamente de la realidad y empezar a hablar también de la verdad de la palabra de Dios. Los huesos secos representan una situación que parece imposible, mientras que la palabra de Dios ofrece una perspectiva distinta. Declara esa verdad sobre tu vida y tu familia.

Quizá algunos planes se cancelaron durante el año. Pero los planes humanos no son los planes de Dios, y los de Dios no han sido cancelados. Aunque hoy veamos asientos vacíos donde antes nos congregábamos, hay esperanza de volver a reunirnos y adorar juntos.

La palabra de Dios está por encima de la realidad de los huesos secos que estés viviendo; prepárate para un nuevo final. Si consideras que tus planes se frustraron, no des por cancelada la posibilidad de que Dios obre.

El ruido de los huesos y la esperanza de unidad

Únete en fe y declara: «Dios me cubre», «Dios me llena» y «yo creo por un milagro». Hagamos «ruido» con esas declaraciones.

Unirse en fe significa creer juntos en un nuevo final y en la posibilidad de ver milagros. ¿Estás listo? Viene esta semana una semana de milagros y nuevos finales.

Luego Dios manda a Ezequiel profetizar al espíritu y llamarlo desde los cuatro vientos para que sople sobre los muertos. Los cuatro vientos son los puntos cardinales: el poder de Dios lanzado en todas direcciones. Donde Ezequiel había visto huesos secos en todas direcciones, ahora la presencia y el poder de Dios llegan desde todas direcciones.

Si estás abatido, enfermo, en escasez, atravesando un divorcio o un momento difícil, esas circunstancias son reales. Pero el Espíritu Santo puede visitarte, sanarte, levantarte y traer milagros. Abre tu corazón al Espíritu Santo y pídele que sople sobre tu vida y tus generaciones.

Versículo clave

«Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.»

Ezequiel 37:10

Imaginemos lo que vendrá después de esta etapa: reuniones llenas, personas convirtiéndose a Cristo, personas sanas y bendecidas. La iglesia sigue adelante. Prepárate para ir «de extremo a extremo», como los huesos secos que se convierten en un ejército grande en extremo.

Son escenas de esperanza que Dios hará realidad.

El funeral interrumpido y la imagen de una tumba convertida

2 Reyes 13:21 cuenta que algunos israelitas estaban sepultando a un hombre cuando fueron sorprendidos por un ataque; dejaron caer el cuerpo en la tumba de Eliseo y, al tocar los huesos de Eliseo, el hombre volvió a la vida y se puso de pie. Había un funeral, ocurrió un ataque inesperado y el contacto con los huesos de Eliseo fue seguido por la vuelta a la vida del hombre.

Si sientes que el ataque, lo inesperado o lo difícil te sorprendió, recuerda que la victoria y la gloria de Dios también pueden sorprender. Lo que parecía un funeral terminó en una resurrección: no des por muerto aquello que Dios no ha enterrado. ¿Le estás haciendo ya un funeral a tus planes y tus sueños? Los planes de Dios siguen firmes.

La idea de nuevos finales se aplica también a Jesús: en la cruz del Calvario todos creían que era el final, pero la cruz era el comienzo de un nuevo final, una nueva temporada y un tiempo de victoria. Viene un nuevo final.

Las ruinas y las tumbas se convierten en jardines, los huesos resucitan, y no hay nada mejor que Dios.

Una invitación a llenarse de Dios y responder con fe

Ezequiel fue llevado en visión y salió lleno del poder de Dios. Haz una pausa y permite que el Espíritu Santo llene tu vida. Habla con Dios acerca de aquello de tu entorno o de los momentos difíciles que no te permiten ver un nuevo final, y deja que te llene de su presencia.

Ezequiel recorrió un valle de huesos secos; después, la presencia de Dios llegó desde los cuatro puntos cardinales. Que la verdad de la palabra de Dios se vea por encima de la realidad que cada persona vive. Jesús convirtió una tumba en un jardín y en un testimonio de nuevos finales.

Declara con fe sobre tu vida, tu familia, tus hijos, tus padres, tu empresa y tu trabajo. Responde a las realidades concretas con palabras de la Biblia: ante la enfermedad, «por sus llagas yo soy curado»; ante la derrota, en Cristo somos más que vencedores; ante la sensación de no ser digno de otra oportunidad, las misericordias de Dios son nuevas. Si has cometido errores, la misericordia de Dios te está esperando.

La presencia de Dios se siente, y las personas se están uniendo por la fe. Donde hay unidad hay avivamiento y milagros: es un nuevo tiempo de gloria y poder. Aunque el final parecía ser la muerte, Jesús en la cruz dio la oportunidad de tener un nuevo final, y la vida no termina en esta tierra: hay vida eterna.

Abre tu corazón y haz esta oración de perdón y entrega a Jesús: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados. Te abro mi corazón, entra en él. Te recibo como mi Señor y mi Salvador». Prepárate para un nuevo tiempo y, sobre todo, para un nuevo final, en el nombre de Jesús.

Referencias bíblicas