Así como el cuerpo necesita nutrientes, minerales y vitaminas, la vida espiritual necesita enseñanzas que ayuden a crecer con salud. ¿Prefieres los vegetales o los postres? Una dieta balanceada no puede consistir solo en dulces, y la iglesia también necesita mensajes que la fortalezcan. El tema es «una mente desordenada»: patrones de pensamiento que pueden impedir que vivamos como esperamos. El Espíritu Santo trabaja en el interior y entrena la mente para que sea fuerte.
Muchas personas viven con ansiedad, temor, terrores nocturnos e insomnio, y algunas recurren a pastillas para dormir y tranquilizantes. Dios quiere fortalecer la mente de su iglesia. Pide que el Espíritu Santo ordene lo que haga falta. En Génesis, la tierra aparece desordenada y vacía, y el Espíritu de Dios se mueve sobre las aguas; que el Espíritu Santo se mueva también en tu mente y en tu hogar.
La disciplina que da fruto
Hebreos 12:11 dice que la disciplina no parece causa de gozo al presente, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia en quienes han sido ejercitados por ella; otra versión expresa ese resultado como llenarse de paz. Una vida con paz requiere cambiar patrones de pensamiento y disciplinar la mente para aprender a pensar conforme a Dios.
Versículo clave
«Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.»
Hebreos 12:11
Piensa en tus metas personales, familiares, laborales, profesionales y financieras, y considera también fijarte metas emocionales: no solo cumplir un objetivo externo, sino cultivar una manera de vivir que ayude a sostener una actitud saludable. En tu cumpleaños, por ejemplo, puedes decidir disfrutarlo aunque surjan circunstancias alrededor. ¿Qué te gustaría experimentar con mayor frecuencia: paz, gozo, alegría, confianza, entusiasmo o energía? Reconoce esos anhelos y examina qué necesita cambiar en tu mente.
Filipenses 4:8 guía esa tarea: pensar en lo verdadero, honesto, justo, puro, amable y de buen nombre, y en lo virtuoso y digno de alabanza. Pablo plantea un objetivo para el pensamiento y luego exhorta a hacer lo aprendido, recibido, oído y visto, con la promesa de que el Dios de paz estará con ellos. Llenar la mente de esos pensamientos ayuda a vivir con paz. Sin ese cambio, es difícil experimentar aquí y ahora —no solo en la eternidad— la plenitud que Jesús pagó en la cruz.
Versículo clave
«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»
Filipenses 4:8
Una mente preocupada y sobrecargada
La primera condición es una mente cargada de preocupación: pensar en posibles resultados negativos cuando uno no puede hacer nada para resolverlos. Preocuparse no resuelve los problemas, sino que aumenta el caos mental. Preocuparse es afligirse, ocuparse antes de tiempo y atormentarse anticipadamente. Dios no nos creó para vivir en autoatormento.
Lucas 10:40-42 muestra una mente sobrecargada: Marta se preocupaba con muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le pidió que dijera a María que la ayudara; Jesús le respondió: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas». La preocupación puede dificultar escuchar a Jesús y llevar a una persona a terminar afanada y turbada. Podemos imaginar los preparativos de Marta —una ensalada, un plato fuerte, el postre y dónde ubicar a los invitados— con Jesús llegando con los discípulos.
En Lucas 10:40-42, afanarse cuesta lo más importante: escuchar a Jesús.
María reconoce que no puede resolverlo todo y se dispone a escuchar al Señor. La persona preocupada puede quejarse por asuntos sin resolver; la oración, en cambio, es encuentro: dejar a un lado las tareas para atender a Dios. Hay quien, mientras ora, termina repasando todo lo que tiene que hacer: así interrumpen las tareas la oración. A un predicador que debía orar en un congreso de pastores y líderes le dieron un micrófono; se situó en el centro del altar, lo bajó, guardó silencio alrededor de un minuto y luego dijo «amén». Cuando le preguntaron por qué, respondió que orar no es solo hablarle a Dios, sino también escucharlo.
Revisa tus pensamientos y busca compañía que te ayude a mirar posibilidades con esperanza, porque todos tenemos puntos ciegos. Acércate a personas que hablen de manera positiva y te ayuden a ver el vaso medio lleno. Ríe más a menudo, reúnete con amistades que te hagan reír y toma un café con ellas cuando atravieses momentos difíciles. La risa no lo soluciona todo, pero puede ayudar a cambiar la manera de afrontar la vida.
Viktor Frankl decía que la felicidad es como una mariposa: no se puede atrapar, pero si uno se queda quieto puede disfrutarla. A veces hace falta detenerse, tomar cinco minutos de descanso y respirar aire puro. En la creación, Dios vio que lo que había hecho era bueno antes de que la obra estuviera concluida: reconoce los pequeños pasos y las victorias aunque todavía no hayas llegado a la meta, y disfruta el camino en vez de tratar la vida como una carrera de velocidad.
Celebra el camino.
Filipenses 4:4-7 llama a vivir con alegría la vida cristiana, a ser amables, a no preocuparse, a orar y pedir lo necesario con agradecimiento, y a recibir la paz de Dios, que protege el corazón y el entendimiento de quienes pertenecen a Cristo. Esa paz es la respuesta a la preocupación: reemplaza los pensamientos negativos por pensamientos verdaderos y positivos. La oración no niega los problemas: los lleva a Dios con gratitud.
Una mente dividida entre la fe y la duda
La segunda condición es la mente dividida o incrédula. Una emoción puede llevar a conclusiones que hace falta examinar: ¿es verdad lo que siento? Durante una tormenta, al ver a Jesús caminar sobre el agua, los discípulos primero tuvieron miedo y pensaron que era un fantasma. Filtra tus pensamientos y no aceptes automáticamente cada interpretación que surge del temor.
Tener un pensamiento no es lo mismo que decidir seguirlo. Un pensamiento de duda puede dar paso a otros, pero puedes escoger si le das rienda suelta. Lleva cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo y somételo a la voluntad y autoridad de Dios. Alimentar una idea de duda puede conducir a más duda y debilitar la confianza; comienza tus días con fe y no te quedes atrapado en preguntas que vuelven indecisas a las personas. Razonar es dar vueltas en círculo; meditar es retener la palabra de Dios día y noche.
Alimenta la fe en lugar de la duda: no pidas a Dios que te libre de aquello que tú mismo alimentas cada día, y medita en la ley del Señor. Una fortaleza mental se construye como un muro de ladrillos: cada mentira o pensamiento contrario a lo que Dios ha dicho, si se recibe y acepta, suma un ladrillo. No siempre se puede controlar lo que llega a la mente, pero sí se puede decidir si se retiene o se aparta.
2 Corintios 10:3-5 habla de armas poderosas en Dios para destruir fortalezas y derribar argumentos, y de pensamientos llevados a la obediencia a Cristo. Responde con fe a las ideas contrarias y no permitas que esas fortalezas te hagan sentir solo o que Dios no está contigo. Cada muro mental se forma ladrillo a ladrillo, y así también se desmonta.
Párate cada mañana frente al espejo y declara frases de ánimo y confianza: que eres fuerte, tienes energía, Dios está contigo, el bien y la misericordia te seguirán, estás saludable, tu mente está clara, tu futuro mejora y tu fe es fuerte. Declara con fe y reafirma lo que crees que Dios ya ha dicho. Santiago 1:5-8 dice que quien necesita sabiduría puede pedírsela a Dios, que da generosamente; pero debe pedir con fe y sin dudar. La mente dividida priva a la persona de recibir lo que ha pedido. ¿Cuántas veces has pedido algo, y cuántas has dudado?
La fe hace avanzar; la duda paraliza. Pedro caminó sobre el agua y empezó a hundirse al mirar las circunstancias: sus pensamientos lo hundían. Anda en modo de fe y persevera en el pensamiento puesto en Dios. Isaías 26:3 habla de la paz de quien persevera en Dios porque ha confiado en él: una mente que persevera en la fe se fortalece; una que alimenta la duda se debilita.
Una mente cansada necesita reposo
La tercera condición es una mente cansada y distraída. En japonés existe el término «karoshi» para referirse a la muerte por exceso de trabajo, y hay personas agotadas mentalmente. Dios no nos creó para vivir sin descanso: el reposo es un regalo. Las imágenes y otras cosas que quedan dando vueltas en la mente pueden interferir con el descanso; procura un ambiente tranquilo antes de dormir.
1 Reyes 19:3-9 relata que Elías, al ver el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida; llegó a Beerseba, dejó allí a su criado, siguió un día por el desierto, se sentó bajo un enebro y pidió morir. Luego durmió. Un ángel lo tocó y le indicó que se levantara y comiera; Elías encontró torta cocida y agua, comió y volvió a dormir. El ángel lo tocó por segunda vez y le dijo que comiera porque el camino sería largo. Elías comió, se fortaleció y caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios; entró en una cueva y allí pasó la noche. La palabra del Señor le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?».
No reposar puede traer agotamiento extremo, dificultad para resolver o enfrentar situaciones, inestabilidad emocional, apatía, irritabilidad, desánimo y agotamiento mental; también migrañas, problemas estomacales, e incluso que a algunas personas les brinque un ojo.
Cuando estamos agotados, puede empezar a desagradarnos aquello que normalmente amamos, y podemos querer abandonar muchas cosas. La clave no es dejar de hacer lo que hacemos, sino reposar y renovar fuerzas. Apartarse unos días para descansar, ordenar la mente, recibir dirección de Dios y poner las emociones en el lugar correcto puede ser restaurador.
Elías dijo: «no soy yo mejor que mis padres». Quizá cargaba con una expectativa alta, la de tener que ser mejor que ellos. El agotamiento puede relacionarse con tratar de llenar expectativas ajenas o hacer cosas que Dios no ha pedido. Las redes sociales también generan expectativas, y la comparación ejerce presión mental y emocional innecesaria. Corre tu propia carrera a tu propio ritmo: quien va adelante tiene una historia y un contexto diferentes, y cada cual tiene su tiempo.
Jesús se apartaba para reposar. Lucas 5:15-16 cuenta que su fama se extendía, mucha gente se reunía para oírlo y ser sanada, pero él se apartaba a lugares desiertos y oraba. Con una multitud esperando, retirarse a descansar no sería fácil. Jesús también hacía viajes cortos y dormía en la popa: el cuerpo necesita parar. No esperes a estar en un hospital o necesitar medicamentos para atender el cansancio. Aunque dejemos de hacer algunas cosas afuera, eso no significa que se aquiete el interior.
Génesis 2:3 dice que el Señor reposó: descansar y tomar aliento tienen lugar en la vida. Quien trabaja catorce horas diarias puede llegar a oír de sus hijos: «Mamá, estamos locos». Haz una pausa, respira, tómate cinco minutos, mira por la ventana y toma un café. Se dice que utilizamos solo el treinta por ciento de nuestra capacidad respiratoria.
El ángel le dice a Elías que se levante y coma porque aún le queda un largo camino: Dios invita a descansar y renovar fuerzas para seguir. Hay personas que acompañan a alguien cansado con paciencia, comida y palabras que alientan: «solo estás cansado», «no tomes decisiones» y «yo voy a estar aquí contigo». Dios preguntó a Elías qué hacía allí, una pregunta que le recordaba que Dios estaba con él y no lo había dejado. Después vinieron el viento fuerte, el terremoto y el fuego: Dios puede hablar de diferentes maneras. Hubo un «silbo apacible»: aprende a discernir el silencio y la quietud, no solo las manifestaciones ruidosas.
Una invitación a dejarse pastorear
¿Cómo está tu mente: ordenada o desordenada, sobrecargada, marchando a la fuerza, cansada física, mental o emocionalmente? Si enfrentas situaciones que no sabes cómo resolver, reconócelo delante de Dios y déjate pastorear por el buen pastor. Si quieres, arrodíllate y expresa con honestidad tu preocupación, tus temores, tu ansiedad o tu dificultad para creer lo que Dios ha dicho.
Pide ayuda para una mente dividida, distraída y agotada, que no logra concentrarse ni disfrutar, y que no tiene tiempo para respirar, escuchar y descansar. Dios susurra su amor, su compañía y su control. Déjate pastorear, reconócete como hijo de Dios y descansa en el amor del Padre.
Entrega tu preocupación y pide a Dios que revele pensamientos limitantes y ciclos negativos, y que haga fuerte tu mente y tu fe. Lleva cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo y descansa en el aliento del Espíritu Santo. Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar»; reposa en sus promesas. Que la iglesia tenga sensibilidad para escuchar el apacible susurro de Dios, sea fuerte mentalmente y permita que la palabra de Dios gobierne el pensamiento; que de su boca salgan palabras de vida y no de muerte, y que el bien y la misericordia la sigan.
Abre tu corazón a Jesús con una oración: pide perdón por haber vivido lejos de él, pídele que entre en tu corazón y te ayude a aprender a vivir como él quiere, agradece el don de la vida eterna y recíbelo como Señor y Salvador. Gracias, Jesús, por tu amor y cuidado; en tu nombre, amén.
Referencias bíblicas
- Génesis 1:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 10:40-42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:4-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Corintios 10:3-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 1:5-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 19:3-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 5:15-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 11:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


