Muchas veces hablas y actúas con mentalidad de huérfano, sobre todo en los momentos difíciles. Imagina, en cambio, vivir cada día de la semana como heredero: sabiendo que tienes un Padre que está contigo en toda circunstancia. Sería algo sobrenatural, y lo sobrenatural de Dios necesita interrumpir lo natural en tu vida.
Un Padre que no cambia
Tú eres variable. Hoy le dices a alguien que lo amas y, después de un error, ya no lo soportas. Dios no es así: no depende de su humor, ni de cómo te salieron las cosas. Aunque lo que vives cambie —un día sale bien y otro sale mal—, él te sigue amando, su propósito para ti sigue firme y no te dejará. «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación».
Versículo clave
«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.»
Santiago 1:17
Si lo que vives hoy no parece bueno, no significa que Dios esté ausente, sino que todavía no ha terminado. José recibió un sueño de Dios y terminó en una cisterna, y luego en la cárcel; no veía nada bueno ni perfecto. Tú no tienes la perspectiva de Dios. Un día dirás: «Ahora entiendo: lo que creí que era lo peor, Dios lo transformó en lo mejor».
Saber que eres heredero no basta: necesitas vivir como heredero. Puedes decir: «Soy hijo de un Dios que lo puede todo, y en él no hay variación. Ayer algo me salió bien y hoy algo me salió mal, pero Dios sigue siendo el mismo, y sus promesas para mi vida siguen en pie».
Eres obra de Dios, y no estás terminado
«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder». Hasta la devoción con que lo adoras la depositó en ti cuando recibiste a Cristo y tu espíritu cobró vida. Eres su obra especial. Así como el valor de una pintura depende de quién la firma, tu valor viene de la firma de Dios en tu corazón: fuiste comprado con precio de sangre.
Estás en las manos del Alfarero, y en su casa no hay basurero. Aunque te hayas apartado por un tiempo, nunca te soltaste de sus manos: él vuelve a darte forma, y terminará la obra. Puedes decir con humildad: «Todavía no estoy terminado». «El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».
Promesas grandes con un propósito más grande
«Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina». Mientras caminas hacia la promesa, Dios forma su carácter en ti, y eso es aún más valioso que lo prometido. Dios cumple todas sus promesas, pero no todos tus deseos ni tus preferencias. Te da mucho más de lo que pides, pero conforme a su voluntad, que es buena, agradable y perfecta.
Dios tampoco te prometió que todo te saldría bien. Te advirtió: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Si te frustras porque algo no llegó cuando lo pediste, corres el riesgo de apartarte de la naturaleza que Dios quería formar en ti. Sé valiente, sigue creyendo, y vive como heredero que sabe que tiene Padre: «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».
Cuando insistes en lo que querías y Dios no te lo da, a veces es como el berrinche de un niño que no ve lo que su padre ve. Lo que parece bueno para ti no siempre es bueno para lo que Dios está formando en ti. Sus planes son mayores, y no dejará de cumplir una sola de sus palabras.
Metas con propósito eterno
Está bien tener metas, pero las metas cumplidas sin propósito te dejan vacío. El joven rico lo tenía todo. Cuando Jesús le pidió que vendiera lo que tenía, lo diera a los pobres y lo siguiera —entregar lo temporal para recibir lo eterno—, se fue triste. Prefirió su meta a su propósito. «A Jehová presta el que da al pobre». «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Dale propósito a todo: si quieres prosperar, que sea para bendecir a tu familia, al reino y a otros; si quieres formar un hogar, que sea para servir a Dios juntos.
La gracia sostiene tu fe
«Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe». Y «por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia». La garantía de tu fe no son tus fuerzas, sino la gracia de Dios. Hay días en que tu fe disminuye. Deja de acusarte y ríndete: «Señor, me falta fe, pero sé que tu promesa no se sostiene en mis fuerzas, sino en tu gracia».
Vivir como heredero implica ser auténtico. No tienes que aparentar fe ni santidad delante de Dios ni de nadie. Puedes llegar tal como eres, reconocer tus fallas y levantarte de nuevo, porque en su presencia encuentras gracia. Fuiste pagado con precio de sangre: eres original, no una imitación. Y no juzgues a quien no ha recibido su milagro diciendo que no cree lo suficiente: acompáñalo, ora y ayuna con él.
Llamar las cosas que no son como si fueran
«Delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen».
Versículo clave
«(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.»
Romanos 4:17
Esa es la fe de Abraham, y así habla un heredero. No se trata de negar la realidad, sino de hablar conforme a las promesas de Dios. «Él creyó en esperanza contra esperanza», aunque tenía casi cien años, y vino el milagro. Hay madres que, durante años, le dijeron a un hijo alejado: «Un día servirás a Dios», cuando él no quería ni entrar a la iglesia; y Dios cumplió. Llama lo que todavía no ves conforme a lo que Dios dijo.
Jesús vivió como heredero
Ante una multitud hambrienta, Jesús le preguntó a Felipe: «¿De dónde compraremos pan para que coman estos?», aunque ya sabía lo que iba a hacer. Felipe respondió según lo que veía: «Doscientos denarios de pan no bastarían». Jesús vivía según lo que creía. Andrés trajo a un muchacho con cinco panes y dos peces: «¿Qué es esto para tantos?».
«Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió». Dio gracias antes de repartir, antes de ver el milagro. Eso hace la fe: agradece porque cree que Dios proveerá. Cuando llevas tu vida a Jesús, lo poco que tienes se vuelve suficiente. Reconoce hoy tu orfandad, pide perdón, y empieza a vivir como hijo de un Padre que no cambia.
Referencias bíblicas
- Santiago 1:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Pedro 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Pedro 1:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 4:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 4:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 6:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


