Atravesar años de desafíos, con todo lo vivido, es muy significativo, y honra a quienes han servido con fidelidad desde el primer día. Pero Dios está inquietando a su iglesia con una palabra: este es un tiempo de transición. Cuando Dios transiciona a alguien, lo saca de un lugar, de una temporada y quizá incluso de una identidad, y lo lleva a una nueva etapa. Viene una nueva temporada.
Veinte años de construcción y formación
En la Biblia hay historias en las que el paso de veinte años marcó el final de una etapa y el comienzo de otra. Salomón estuvo veinte años construyendo, y Jacob pasó veinte años en formación. Esa es la palabra para este tiempo: Dios ha estado construyendo por dentro de nuestras vidas y formándonos para la nueva temporada que trae.
Hay tres sucesos que nos introducen a este tiempo de transición, y los tres están en la historia de Jacob, en Génesis 31.
Primer suceso: tu temporada terminó
En Génesis 31:13, Dios le habla a Jacob como el Dios de Betel, el lugar donde Jacob ungió una piedra como monumento y le hizo una promesa, y le ordena salir de esa tierra y volver a la tierra de sus padres. Jacob estaba cansado de Labán, su suegro, pero no se trataba solo de eso: Dios le estaba diciendo que su tiempo y su temporada habían terminado y que lo llevaría a lo nuevo que Él traía. Hoy también hay personas a quienes Dios les dice que su tiempo se acaba y que las llevará a aquello para lo cual las ha estado construyendo y formando por dentro.
Dios transformó el corazón de Jacob, pero también el de su hermano Esaú. Cuando Jacob se encontró con él, Esaú ya no era el mismo: Dios ya había obrado en su corazón, y Jacob también llegaba con el corazón transformado. Así también, Dios está tocando el corazón de muchos familiares. Vendrán encuentros familiares en los que mirarás a esa persona y te sorprenderás de lo que pasó en su corazón. Dios no solo te ha transformado a ti; en este tiempo también tocará el corazón de tu familia.
Segundo suceso: Dios hará justicia
En Génesis 31:41, Jacob le recuerda a Labán que, de los veinte años que estuvo en su casa, catorce le sirvió por sus dos hijas y seis por su ganado, y que le cambió el salario diez veces. Luego añade que, si el Dios de su padre, el Dios de Abraham y el temor de Isaac, no hubiera estado con él, lo habrían despedido con las manos vacías. Pero Dios vio su aflicción y el trabajo de sus manos, y le hizo justicia.
Versículo clave
«Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.»
Génesis 31:41–42
Jacob había pasado por un camino de incertidumbre y por muchos años de servicio, y habían cometido muchas injusticias con él: diez veces le cambiaron el salario. Viene un tiempo en que Dios, que ha visto las injusticias que has sufrido, tu servicio y todo lo que te ha afligido, hará justicia. Prepárate para una temporada en la que verás la justicia divina, a pesar de la injusticia humana.
Esta palabra es también para quienes sirven. Dios toma en cuenta tu servicio; lo ha visto todo. Servimos porque eso es lo que somos: hijos e hijas agradecidos con Dios. Verás una temporada de justicia de Dios por lo que serviste, por lo que te afligió y por lo que entregaste y rendiste a los pies de Jesús. Dios te lleva de un momento difícil, de aflicción y de servicio, a otro en el que te dice que hará justicia en tu vida.
Tercer suceso: un nuevo memorial
Génesis 31:45–47 relata que Jacob tomó una piedra, la levantó como monumento y pidió a sus parientes que juntaran piedras. Ellos hicieron un montón y comieron allí, junto a él. Labán llamó a ese lugar Jegar Sahaduta, y Jacob lo llamó Galaad. Tiempo atrás, en Betel, después de soñar con una escalera por la que subían y bajaban ángeles, Jacob ya había levantado una piedra como memorial. Pero ahora ya no era el mismo: Dios había transformado su corazón. Por eso volvió a levantar un memorial. Levantó uno al principio y otro al final.
Un memorial une generaciones: la de los adultos, que vivieron las transiciones y vieron la mano de Dios, y la de los más jóvenes, que creen y confían en un Dios que puede hacer cualquier milagro. Al llegar a una nueva temporada, es tiempo de levantar un nuevo memorial.
Un memorial para poner límites
Un memorial sirve para dos cosas. La primera es poner límites. Ponle límite a las pérdidas, a la falta de perdón, a la amargura y al desánimo. Ponle límite a lo que viviste, a lo que sufriste, a lo que perdiste, a lo que ya no tienes, a las fuerzas gastadas y al desgaste. Si no disponemos nuestra vida y no ponemos límites, difícilmente veremos lo nuevo y lo fresco que Dios trae en esta temporada.
Mira a Noemí. Había abrazado tanto la amargura que pidió que ya no la llamaran Noemí, que significa placentera, sino Mara, que significa amargura. Pero llegó un día en que le puso límite a esa amargura, y cuando lo hizo pudo ver lo que Dios traía para ella y soñar en grande. Gracias a ello vio la unión de Rut y Booz, de la que nació Obed, padre de Isaí, que a su vez fue padre de David. Y de ese linaje viene nuestro Señor Jesucristo.
Ponle límite a todo lo que te ha estado desgastando y declara: «No más falta de perdón, no más amargura, no más frustración, no más quejas». Hazlo porque crees y abres tu corazón de par en par a lo nuevo que Dios tiene para tu vida.
Un memorial para recordar
La segunda función de un memorial es recordar. Somos muy buenos para recordar lo malo y se nos olvida recordar lo bueno. Este es un día para recordar lo bueno y lo fiel que ha sido Dios: que no nos ha dejado ni un solo segundo, y que hemos visto con nosotros su palabra, su amor, su fuerza y su Espíritu.
Antes de levantar un memorial en lo físico, necesitamos levantarlo por dentro. Hoy es el día de ponerle límite a la queja, al desgaste, a la desesperación cuando nos ha tocado esperar y a la costumbre de abrazar la injusticia en lugar de creer en la justicia divina. Hay cosas que solo tú y Dios saben, cargas que no podemos llevar a lo nuevo: actitudes, formas de pensar, hábitos y patrones de conducta y de pensamiento a los que hay que ponerles límite.
También hay que recordar, y pedirle al Espíritu Santo que traiga a nuestra memoria todo lo bueno que Él ha sido. Tal vez le pediste a Dios que quitara una montaña y no la quitó, pero te dio la fuerza para subirla. Es tiempo de darle gracias. Además de la fe, nada toca más el corazón de Dios que la gratitud; la gratitud llena su corazón. Agradecer es tomar una pausa, y levantar un memorial es justamente eso: detenerse y decir «Señor, gracias».
Como iglesia, hacemos esa pausa para agradecer por cada historia vivida y por cada reto y desafío en el que no hemos estado solos. Agradecemos por su palabra, porque nos ha ministrado, consolado y levantado, y nos ha dado fuerzas cuando ya no teníamos. Agradecemos por los sueños, las promesas y las palabras que nos afirmaban y nos quitaban vendas y velos de los ojos. Agradecemos por su paciencia y porque, a pesar de nuestros errores, defectos, debilidades y fracasos, Él permanece fiel y sigue siendo el mismo. En ese memorial interior le ponemos límite a todo lo que no puede pasar con nosotros a lo nuevo porque nos debilita, nos amarga y nos agota. Pero sí nos llevamos los recuerdos que afirman una vez más su fidelidad y su gran amor.
Una iglesia que madura
Bíblicamente, veinte años hablan de transición, de rompimiento, de liberación y de una mayor madurez: esta es una iglesia que está madurando a un nuevo nivel, y es la palabra de Dios la que nos lleva a madurar. Lo que un día comenzó como una promesa hoy es testimonio de la fidelidad de Dios. El lugar donde estás sentado es testimonio de que Dios cumplió su palabra: que esta sería una casa de familias, una casa de bendición y una iglesia que le agradaría, predicando su palabra y sirviéndole.
Celebrar no es solo mirar un calendario: es contemplar la fidelidad de Dios en muchas historias transformadas. Tú eres parte de la historia y del propósito de Dios; estás en tu iglesia porque Dios tiene un llamado para tu vida en ella. Hemos pasado por procesos para llegar a un nuevo nivel de madurez y de victorias. Es un tiempo de liberación y también de cierre de ciclos, que merece celebrarse con propósito y con gratitud: no solo celebración, sino liberación.
Veinte años de opresión y un clamor
En el libro de Jueces, el pueblo de Dios enfrentaba un enemigo inimaginable. Jueces 4:3 relata que, con novecientos carros de hierro, el enemigo oprimió con crueldad a los israelitas durante veinte años, hasta que el pueblo clamó al Señor. Sísara, general del ejército de Jabín, representa una fuerza desproporcionada: novecientos carros de hierro y veinte años de opresión. Tenía que haber una transición, un nuevo tiempo para sus vidas.
Esta palabra es profética: la transición que Dios anuncia es para un nuevo nivel de liberación y de pureza. Cuando Dios lleva a alguien a un nuevo nivel de madurez, le da también un nuevo nivel de unción, de responsabilidad y de autoridad. Estamos entrando en una transición mayor, porque vamos de gloria en gloria: Dios promete que viene una mayor gloria.
Para Israel, vencer novecientos carros de hierro era humanamente imposible. También nosotros vivimos situaciones imposibles para nuestras fuerzas. Pero a mayores desafíos, mayor gloria de Dios, y también mayor dependencia de Él. El pueblo clamó al Señor y pidió ayuda; así también necesitamos clamar y decirle: «Señor, aquí está mi vida; ¿qué propósito tienes para nosotros?». La victoria no depende de los carros de hierro, sino de la presencia constante de Dios en nuestras vidas.
¿Por qué había llegado el pueblo a esa situación? Por sus propios errores. Israel no estaba allí solo porque el enemigo lo atacara, sino porque había desobediencia: Sísara los dominó por los errores que habían cometido y por la idolatría que practicaban. Todos hemos cometido errores; ¿cómo va tu obediencia? Pero hay buenas noticias: no importa qué opresión estés viviendo, tenemos un Dios de misericordia. A pesar de nuestra desobediencia, cuando nos alineamos con la nueva transición que Dios tiene para nuestra vida, Él nos libera. Dios dice que liberará a su pueblo, porque así de grande es su misericordia.
Levántate: el día ha llegado
En Jueces 4:14, Débora le dice a Barac que se levante, porque ese es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en sus manos. Débora ejercía como jueza, pero también era profetisa. Después de tantos años bajo el mismo problema, la palabra fue clara: levántate, hoy es el día.
Versículo clave
«Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él.»
Jueces 4:14
Bendito sea Dios por las personas que, cuando uno baja la cabeza, le dicen: «Levántate». Sí, la opresión ha sido grande y cometimos errores, pero Dios es misericordioso. Es tiempo de levantarte, de una transición, de una liberación. Es tiempo de seguir adelante y ver la mayor gloria de Dios en nuestra vida.
Dios levanta a personas para hacer transiciones y cambiar temporadas, y en aquel momento levantó a una Débora. Que tú seas esa Débora, y esto vale también para los hombres: que tengas ese espíritu que dice «levántate, vamos». Y si hoy no estás en ese momento, que quien está a tu lado sea tu Débora y te diga: «Sé que ha sido difícil y que el problema parece demasiado grande». Tal vez cargas culpa por los errores que cometiste, pero Dios es más grande. Llega el día en que Él dice que recordará tus ofrendas, tu servicio y tu siembra, porque es misericordioso.
Diversidad de dones en unidad
Una iglesia fuerte, una iglesia que pasa por una transición, se construye en unidad, porque el arma más fuerte de Satanás se llama división: lanza dardos de cizaña para dividir. En la iglesia hay diversidad de dones en acción, y también hay quienes necesitan escuchar que deben poner en acción los dones que Dios les dio. Levántate, porque somos la iglesia de Cristo.
Por eso Jesús nos manda orar al Señor de la mies, porque la cosecha es mucha y los obreros son pocos. Hay pocos obreros porque muchos no quieren poner en acción sus dones, o solo lo hacen para su propio beneficio y no para el reino. Dios no dio esos dones solo para conseguir una casa u otras cosas pasajeras, sino para alcanzar vidas para Cristo. Tú y yo tenemos la responsabilidad de levantarnos y hablar su palabra. Esta es una transición de madurez y de responsabilidad: dejar de ser niños que solo quieren el dulce que se les antoja y buscar lo que Dios quiere hacer con nuestros dones y talentos.
La historia de Jueces 4 muestra esa diversidad. Débora representa la visión, el consejo y la dirección espiritual. Barac representa la acción, el liderazgo y la disposición para la batalla. Así son los guerreros que, de madrugada, oran y claman por la nación, por los niños y por los matrimonios. Mientras otros duermen, alguien ya oró por tu familia, se desveló, creyó y adoró. Se necesitan más como Barac. Y Jael representa la determinación y el servicio decisivo en el momento justo.
No dejes tu servicio para el próximo año ni para después: estás en el momento justo. El Señor te envió para este tiempo, y no solo para los domingos.
Nadie camina solo
La caída del ejército de Sísara no fue obra de una sola persona, sino el cumplimiento del propósito de Dios a través de personas dispuestas a servir. Eso es la iglesia, el cuerpo de Cristo, la iglesia de los últimos tiempos, el remanente. Y ese remanente se ha sostenido gracias a la entrega de pastores, líderes, voluntarios, maestros, intercesores y servidores. Mirar más allá del propio interés se llama propósito; se llama reino.
Detrás de cada servicio hay dones y talentos que muchas veces no se ven: quien prepara el sonido sin estar cantando; quien se capacitó lejos, junto a los mejores, y decidió volver porque tenía un llamado que cumplir; quien está desde las 4:30 de la mañana, con desvelos; quien ensaya con su bebé en brazos, entregado al altar, no por ser hijo de pastor, sino por ser hijo de Dios. La iglesia de Cristo necesita excelencia, y dar lo mejor se llama amar a Dios con todo tu corazón.
Todos han contribuido a fortalecer el cuerpo de Cristo en esta iglesia; ese es el valor de la colaboración. Juntos hemos caminado, nos hemos equivocado y nos hemos levantado unos a otros. Esa es la iglesia de Cristo, y hasta aquí nos ha traído Dios en su infinita fidelidad.
Hay momentos de una tristeza y una depresión inimaginables, de profunda desorientación, en los que llegan el quebranto y las lágrimas. No hay vergüenza en ello; al contrario, demuestra que sin Dios no habríamos podido llegar hasta aquí. Dios nos enseña a depender de él cada día, y sin la iglesia tampoco lo lograríamos.
Hay personas que durante años han sembrado, diezmado y creído para que la obra de Dios fuera posible. Han permitido que Dios les hable y le han preguntado si su economía debía servir solo para su propio beneficio o también para su reino. Para Jesús, el diezmo es apenas el inicio; quien todavía le cuenta los centavos a su diezmo no ha entendido quién se lo ha dado todo. Gracias a todos los que han estado disponibles para servir, trabajar, amar a los demás, levantar los brazos y sembrar.
Dios va delante de ti
Jueces 4:14 añade que el Señor había salido delante de Barac. Durante veinte años el pueblo había sido procesado y había cargado con las consecuencias de sus errores, pero Dios le dijo a Barac que se levantara, porque ese día le entregaría al enemigo en sus manos. Dios va delante de ti. Tal vez crees que no vas a salir del problema que estás viviendo, pero Dios se adelanta: ya va delante de nosotros en lo que viene. Levántate con confianza para servir al Señor y rendirte a él, porque él ya va adelante, aunque sientas que mueres porque los problemas son muy grandes. Estamos listos para lo que viene.
Barac bajó del monte Tabor seguido de diez mil hombres, y Jueces 4:23–24 relata que ese día Dios derrotó a Jabín, rey de Canaán, delante de Israel, y que desde entonces Israel se fue haciendo cada vez más fuerte contra él hasta destruirlo. El pueblo maduró: pasó del error y la culpa a ser más fuerte y más dependiente de Dios.
No negocies con lo que te oprime
Sísara llegó a la tienda de Jael, y ella lo invitó a pasar, lo cubrió, le dio a beber leche y le clavó una estaca. Jael fue decidida y actuó en el momento. No negoció con Sísara ni aprendió a convivir con él: acabó con lo que la oprimía a ella y al pueblo. No negocies con lo que te está destruyendo ni convivas con lo que te oprime. Es tiempo de la estaca, de ponerle fin a lo que te oprime, porque estamos en una transición y en un tiempo de libertad. Sí, cometimos errores, pero tenemos un Dios de misericordia, y al enemigo que quiere seguir culpándonos le decimos: no más culpa.
Sísara entró en la tienda equivocada porque Dios lo confundió. Tal vez el enemigo pensaba que Dios había abandonado a su pueblo por desobediente, pero Dios sigue siendo un Dios de amor que confunde al enemigo. Lo que para ti es imposible, un verdadero imperio, Él lo usa para mostrarte que no hay ejército ni nada que pueda detenerte cuando se manifiesta su misericordia. La victoria no viene de tu propia fuerza, sino de su gran amor.
Celebrar lo vivido significa reconocer que las batallas ganadas, el crecimiento y los frutos no han venido de los recursos materiales ni de nuestras fuerzas, sino de la misericordia de Dios. Y cuando Dios ve que pones a su disposición tus dones y talentos, él confundirá a tu Sísara, por grande que sea. Novecientos carros de hierro pueden ser imposibles para ti, pero no para Dios, que te dice: voy a liberarte.
No llegamos hasta aquí para quedarnos contemplando lo que Dios hizo; estamos listos para lo que Dios hará. A Barac se le dijo que se levantara y se preparara, y eso habla de una actitud: acostado no se puede. Tú eres parte de lo que Dios va a hacer. Necesitamos Déboras, necesitamos Baracs y necesitamos mujeres decididas como Jael. Donde Sísara menos lo imaginaba, allí terminó su tormento.
Después de cada liberación, una canción
Jueces 5:1 relata que ese día Débora y Barac, hijo de Abinoam, entonaron un cántico. Hay personas a quienes Dios les da grandes victorias y siguen de largo. No podemos dejar pasar lo vivido sin detenernos a adorar al Señor y darle gracias, recordando su liberación y lo glorioso que es su nombre. Creías que Sísara acabaría contigo, pero tu Dios acabó con él. Creías que lo que estás viviendo, grande como novecientos carros de hierro, acabaría contigo. Pero hoy Dios nos recuerda que ha sido nuestro Dios en esta casa, que viene lo que sigue y que él ya va adelante. Después de cada liberación viene una canción de un corazón agradecido.
Son tantas las batallas que es imposible enumerarlas; muchas ya ni se recuerdan, y fueron agotadoras. Pero hay algo que no se olvida: el Dios que estuvo con nosotros cuando sentíamos que moríamos, y la voz de una Débora que decía: «Levántate, Dios hará el milagro hoy». Dios ha sido bueno.
Pidámosle a Dios una iglesia dispuesta a adorar, servir, bendecir, sembrar y dejarse usar por Él. Tienes muchos dones y talentos. No hace falta que todos sean Débora ni que todos sean Barac; lo que necesitamos es estar en unidad y dispuestos. Tal vez hoy tienes a Sísara frente a ti; dale gracias a Dios, porque Él ya va delante de ti. El Señor nos dice: voy delante de ti; sientes que mueres, pero no he terminado.
Detengámonos, entonces, a dar gracias y a darle a Dios toda la gloria por lo que hemos vivido y por lo que está por venir. Y la mejor manera de terminar es con una confesión de fe, en la que nuestro nombre queda anotado en el libro de la vida: agradecerle a Jesús por su misericordia, pedirle que perdone nuestros pecados y confesarlo como nuestro Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- 1 Reyes 9:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:12–18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 31:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 31:41–42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 31:45–47 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 33:1–4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 1:20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 4:13–17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 4:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 4:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 4:18–21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 4:23–24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 5:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 9:37–38 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


