EN Oración
Serie Rediseño

Rediseño generacional: construir una fe que bendiga a nuestra familia

Dios no detiene su obra en una sola persona: quiere alcanzar a toda tu casa. Con la vida de Noé, descubre cómo Dios rediseña tus prioridades, tu obediencia, tu paciencia y tu intimidad con él.

Publicada
Duración
45 min

Dios es un Dios de familias y de generaciones. No solo trae un rediseño a tu vida: tiene un rediseño generacional para alcanzar tu matrimonio, a tus hijos y a tus nietos. Su deseo nunca es detener su obra en una sola persona. Por eso la Biblia habla del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Sin importar lo que hayas vivido o si hoy estás solo, a Dios le interesa tu familia. Te está levantando a ti porque su obra no se detiene contigo: va a bendecir a los de tu casa.

Un rediseño para la humanidad

Hubo un momento en que Dios rediseñó a toda la humanidad: en los días de Noé. Génesis 6:6 dice que se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Debería conmovernos saber que hay cosas en nuestra vida, a nuestro alrededor o en nuestras familias que le parten el corazón a Dios, y tener el celo de saber que nuestra familia tiene una mejor versión en Cristo, una versión que le agrada a Dios. El rediseño comienza cuando nuestro corazón reconoce lo que no le agrada a Dios y se lo entrega para que él haga su obra.

Dios vio la maldad de los hombres y decidió traer un rediseño, porque la humanidad no le respondía: en lugar de buscarlo, se alejaba cada vez más, y el pecado se había apropiado de todos. Debemos cuidarnos cuando el pecado empieza a tomar el control y nos aleja del diseño de Dios, no vaya a ser que lastimemos su corazón con algo que también nos va a lastimar a nosotros.

El versículo 9 dice que Noé era varón justo, perfecto en sus generaciones, y que caminó con Dios. Dios encontró a una sola persona en toda la tierra, y por causa de Noé fue salva toda su familia. Noé fue el instrumento de rediseño para su familia. Dios te escogió a ti para andar en íntima comunión con él y también para llevar un rediseño a tu familia que quizá todavía no lo conoce. Noé se dejaba rediseñar por Dios constantemente: esa comunión sacaba de su vida lo que no servía, y Dios iba formando en él un hombre conforme a su corazón. Así Dios te usará para que tus generaciones se encuentren con el Dios que cambió el rumbo de tu vida.

Muchas veces nos frustramos y nos desgastamos porque un familiar necesita llegar a Dios y no termina de llegar. En la vida de Noé hay tres cosas que Dios usó para alcanzar a su familia.

Prioridades rediseñadas

Lo primero es que Noé tuvo un rediseño de sus prioridades. Es imposible ver cambios en nuestra familia si nuestras prioridades no están en orden y lo eterno no ocupa el lugar que le corresponde. El rediseño llevó a Noé a construir lo que Dios quería y no lo que él quería. ¿Estás construyendo lo que Dios quiere o lo que tú quieres?

En los versículos 14 al 16, Dios le ordenó construir un arca de madera de gofer, calafateada con brea por dentro y por fuera, con aposentos, de trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto, con una ventana arriba, una puerta al costado y tres pisos. Dios lo mandó a construir algo grande. Dios te escogió para construir cosas grandes, pero no solo temporales, sino eternas. Lo que Dios le pidió a Noé no iba a engrandecer el nombre de Noé. Pregúntate: «Señor, todo aquello por lo que me he esforzado, ¿ha sido para engrandecerte a ti y para que mi familia reconozca que te sirvo y te amo, o para que yo sea engrandecido y reconocido?».

Noé dedicó buena parte de su vida a construir el arca; algunos calculan setenta y cinco, cien o ciento veinte años. Era una prioridad, no una emoción. Las prioridades están por encima de las emociones. Dios ha estado rediseñando nuestras prioridades para que no vivamos por lo que sentimos, sino por lo que es importante. Seguro que hubo muchos días en que Noé no tenía ganas de clavar y veía todo lo que le faltaba. Cuando no tenemos clara la prioridad y no vemos avance, nos frustramos. Imagina construir algo durante décadas sin que se vea la forma. Tener prioridades nos lleva a caminar por fe y a esforzarnos en algo que no produce resultados inmediatos. Si buscas a Dios y tu prioridad está en lo eterno, no te compares con lo temporal que ves construido a tu alrededor.

Noé recibía instrucciones para hacer algo que nunca había hecho; ni siquiera sabía bien qué era un arca. Muchos son el Noé de su familia, escogidos para hacer algo que nunca habían hecho. El Dios que te dio la visión te da las fuerzas, la gracia y el favor, y alcanzará a cada miembro de tu familia. Tener prioridades en orden es esforzarnos en lo que Dios dijo que es importante, lo entendamos o no, veamos la conveniencia o no, veamos los resultados o no. Se trata de creer.

Imagina a Noé trabajando día y noche durante quince o veinte años, mientras a su alrededor otros ya habían construido su casa y aumentado su ganado. Parecía que todos avanzaban, pero estaban a punto de ser destruidos con todo lo que habían construido. Tener las prioridades en orden es construir lo eterno y entregarnos a lo que nos lleva a la salvación, para nosotros y para nuestra familia. Seguro se burlaban de él: «Con su casita sencilla, construyendo un arca, y ni siquiera va a llover». Quizá sus hijos veían a los vecinos irse de paseo, mientras ellos seguían construyendo. Pero construían algo eterno.

No pienses que no has avanzado si no estás donde pensabas. Si tienes la prioridad en el lugar correcto, Dios tiene el control de lo que no se ha dado. Tus hijos necesitan aprender de ti, y tu cónyuge también, que no te gobierna la frustración por lo que no alcanzaste, sino las prioridades y los propósitos de Dios. Tu vida no se mide por lo que logras obtener. A veces evaluamos el año como una empresa: cuánto alcanzamos, cuánto incrementamos. ¿Y si fue un tiempo en que Dios construyó tus prioridades aunque por fuera no se vea nada? Estás construyendo algo eterno. O puede ser al revés: un año extraordinario en lo externo, pero en el que te alejaste de Dios y dejaste de servir. Parece que avanzaste, pero no. Examinemos si estamos permitiendo que Dios rediseñe nuestras prioridades y nos enseñe a amar más lo eterno que lo temporal.

En los versículos 17 y 18, Dios le dijo a Noé que traería un diluvio para destruir toda carne, pero que establecería su pacto con él, y que entraría en el arca con su mujer, sus hijos y las mujeres de sus hijos. Noé no solo era el único con prioridades claras: era el único con revelación. Cuando ponemos lo eterno primero, hay revelación de lo que Dios está a punto de hacer con nuestra familia. Quizá viviste cosas que no esperabas, pero hay un pacto vigente para preservarte a ti y a tu familia, sellado con la sangre de Jesús en la cruz. Dios no desistirá hasta completar la obra que preparó para ti.

Obediencia rediseñada

Lo segundo es que Noé fue rediseñado en obediencia y en paciencia. Génesis 6:22 dice: «Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó». En todo, no en algo. ¿Tu obediencia ha sido completa o solo en lo que te conviene? Queremos los resultados completos de la obediencia con una obediencia a medias, y no se puede. Noé no negoció, no fue perezoso y no hizo las cosas a medias.

Versículo clave

«Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.»

Génesis 6:22

Imagina a Noé negociando el diseño: «Señor, a mi esposa no le gustan los cocodrilos y a mí me dan miedo las avestruces; mejor dejemos ese espacio para nosotros». Noé no negoció ni menospreció las instrucciones de Dios, porque las valoró por encima de su propia opinión. La obediencia es valorar lo que Dios dice que es importante por encima de lo que yo creo que es importante. Tus buenas ideas no sustituyen la obediencia a lo que Dios dejó escrito. Si recibes un pago extra y decides, en lugar de diezmar, dárselo a otra persona porque sabes que Dios la va a bendecir, es una buena idea, pero no es obediencia. Queremos obedecer parcialmente y a nuestro modo, pero con la bendición completa.

Proverbios 3:1 dice: «Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos». La obediencia rediseña el corazón y saca la necedad. Nos cuesta obedecer porque hay necedad en el corazón. Nadie nace obediente; hasta un niño pequeño dice que no con una sonrisa. La obediencia se aprende; la Biblia dice que aun Jesús aprendió la obediencia. Se aprende por sabiduría o por consecuencias, y nosotros escogemos el camino. Dios nos dice que no guardemos sus mandamientos como información, sino en el corazón, porque vamos a tener una batalla en la mente: «Dios dice esto, pero yo pienso esto otro», y empezamos a justificarnos. Cuando la obediencia rediseña el corazón, valoramos más sus pensamientos y su palabra que nuestros propios caminos.

Versículo clave

«Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos.»

Proverbios 3:1

Proverbios 3:5-7 dice: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal». Todos necesitamos aprender a desconfiar de nuestro entendimiento y confiar en Dios, sin sustituir su voluntad por nuestras buenas ideas. Quizá has caminado en obediencia y no ves el camino, pero la obediencia te está abriendo camino, y Dios te mostrará por dónde ir. Con cada paso de obediencia, aun en lo que no entiendes y te tocó entregar, Dios está preparando el corazón y abriendo camino para tus hijos. Tus actos de obediencia que parecen no haber dado fruto no han caído en tierra muerta: Dios los recibió y están trayendo un rediseño generacional.

Noé pasó años esforzándose sin ver nada. La Biblia dice que él era el justo, lo que significa que su familia no lo era: estaba en la misma perdición que los de alrededor. Pero un hombre creyó que con cada martillazo de obediencia estaba transformando a sus generaciones. Si representas a tu familia, no te canses de ser obediente ni de seguir martillando, porque estás construyendo un arca de salvación que Dios usará para preservar a tu familia. No te des por vencido.

Génesis 7:1 dice: «Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación». La obediencia de Noé fue la preservación de su familia. Quizá ves a tus hijos en el lugar incorrecto o la relación con tus padres rota. No te canses, porque Dios no llega tarde. Dios necesita a un justo, a uno que le crea. La obediencia nos preserva y construye un lugar seguro para nuestro futuro y el de nuestra familia.

Paciencia rediseñada

Dios también rediseñó la paciencia de Noé. En los versículos 4 al 6, Dios dijo que en siete días haría llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y raería de la tierra a todo ser viviente que había hecho. Noé hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó, y tenía seiscientos años cuando el diluvio vino. Dios los hizo entrar al arca siete días antes de que lloviera: siete días de espera. La paciencia forma madurez y nos enseña que los tiempos de Dios son perfectos. No estás perdiendo el tiempo ni es que Dios no te escuche: estás siendo formado en paciencia. Dios está rediseñando el corazón impaciente para que entienda sus tiempos.

Esos siete días fueron también una prueba para la familia de Noé. Quizá Dios ha probado la paciencia de tu familia con promesas que aún no se cumplen. El siete habla de plenitud: Dios está completando una obra perfecta en cada miembro de tu casa, porque también los ama, y nadie se le escapa de las manos. Al séptimo día exacto empezó a llover, y la familia de Noé experimentó que Dios es fiel a su palabra. Dios puso en ellos un fundamento: si empezó a llover a los siete días, dejaría de llover a los cuarenta, porque Dios es fiel. Así, en las circunstancias que nos enseñan paciencia, Dios pone fundamentos para lo siguiente que hará.

Hay procesos largos: una lesión que tarda semanas en sanar, una enfermedad que dura meses. Quisiéramos un milagro instantáneo, y Dios puede hacerlo, pero también obra en procesos. Y esos procesos nos enseñan a valorar cada día de salud, cada paso, y al Dios que está con nosotros en medio. ¿No será que Dios está probando tu paciencia para que valores más lo que ya puso en tus manos, y para poder poner más? ¿No será que tiene que rediseñar nuestro corazón impaciente, que nunca se sacia? Nuestro Dios obra en procesos y transforma nuestro corazón.

Rediseñados en lo íntimo

Lo tercero es que somos rediseñados en lo íntimo. La obra de Dios no es solo de domingo, sino de cada día, donde nadie te ve. Hay procesos que vivimos individualmente, en nuestras finanzas o en nuestra salud, y hay procesos que vive toda la familia. Quizá tu familia ha atravesado un diluvio, pero el arca la sostiene Dios, y no será para muerte ni para perdición.

Génesis 7:23-24 dice que fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles y las aves del cielo, y quedó solamente Noé y los que con él estaban en el arca; y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. Imagina a Noé y su familia navegando ciento cincuenta días, sin tener claro a dónde iban ni cuándo podrían salir. Quizá así han sido tus procesos familiares, sin saber que adentro estaba ocurriendo lo sobrenatural. Afuera quizá nada ha cambiado, pero adentro todo ha estado pasando: lo eterno se está formando, y Dios se está llevando la desesperanza, la inquietud y los temores. Dios no se apresuró: no iba a correr sin antes hacer algo en el corazón de cada uno.

Génesis 8:1 dice: «Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas». Que Dios se acordara no significa que lo hubiera olvidado. Es como cuando subrayamos algo al leer para volver a estudiarlo: Dios tenía marcado a Noé. Quizá te has sentido olvidado, navegando en la incertidumbre, pero Dios te tiene marcado, porque hay un tiempo preciso en que dice: «Ahora se completó la obra en mi hijo y en su familia; ahora verán por fuera lo que estuve formando por dentro». Estás marcado por la sangre de Jesús, y tu familia también. El que comenzó la buena obra la terminará.

En los versículos 10 y 11, después de esperar otros siete días, Noé volvió a soltar la paloma, y ella regresó por la tarde con una hoja de olivo en el pico; entonces supo que las aguas se habían retirado. Antes había soltado un cuervo. El cuervo es figura del enemigo, y la paloma, del Espíritu Santo. En los momentos de espera, cuando por fuera no pasa nada, Dios te enseña en lo íntimo a tener comunión con el Espíritu Santo y a discernir entre lo que dice el enemigo y lo que dice él. Hay cuervos de malas noticias que tienes que soltar de tu vida y de tu casa para recibir lo nuevo y fresco del Espíritu Santo. Ponle un alto al enemigo, como Jesús en el desierto. Permite que la comunión con el Espíritu Santo te hable y te dé claridad sobre lo que Dios hará contigo y con tu familia.

En lo íntimo, su unción nos rediseña y cambia nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. En lo íntimo, Dios cambia lo que nadie ha podido cambiar. Quizá te has desgastado en tu matrimonio orando para que Dios cambie algo en tu pareja: ora para que en lo íntimo la unción del Espíritu Santo la alcance. Si la relación con tus hijos o con tus padres está desgastada, entra en lo íntimo con el Espíritu Santo para que su unción la restaure.

Para dar fruto

Génesis 9:6-7 dice que el hombre fue hecho a imagen de Dios, y luego: «Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella». Todo ese tiempo fue para que la imagen de Dios quedara sellada en Noé. Los procesos que has vivido son para que Dios rediseñe su imagen en ti y en cada persona de tu casa, cambiando lo que no le agradaba. El propósito del rediseño es que nuestra vida dé fruto y que se vea a Jesús en nosotros. ¿No será que muchas veces nuestras familias no son alcanzadas porque no ven fruto en nosotros? Noé se dejó transformar por Dios toda su vida, no solo un día. Después Dios hizo un pacto de no volver a destruir la tierra, y el arcoíris fue la señal: Dios pactó consigo mismo trabajar en nuestras vidas y en nuestras familias hasta ver un rediseño completo.

Más adelante, uno de los hijos de Noé, Cam, que lo vio todo, el proceso y la lluvia, no se dejó transformar. Quizá tú ves el esfuerzo de tu pareja o de tus padres y no estás dispuesto a cambiar. Que los procesos no sean en vano: permite que el rediseño de Dios alcance cada área de tu vida. Imagina los días en el arca, la incertidumbre provocando respuestas ásperas y conversaciones incorrectas. Que nada golpee a tu familia. Ora con ellos y diles: «Estamos marcados por Dios; nuestra familia no está olvidada». Pídele: «Señor, rediseña nuestra vida y nuestro corazón y trae un rediseño generacional a nuestra casa».

El mayor rediseño que podemos vivir es el de nuestra eternidad, cuando reconocemos a Jesús como Señor y Salvador. Puedes orar: «Señor Jesús, te reconozco como mi Señor y mi Salvador. Te entrego mi vida; límpiame».

Referencias bíblicas