EN Oración
Serie Ventanas

Ventana con propósito: Jesús va en tu barca en medio de la tormenta

Seguir a Jesús no te ahorra las tormentas, pero él va en tu barca. Cuando el agua entra y parece que duerme, no busques tu propia solución: despiértalo. Tu socorro viene del Dios que no duerme. Lo conocerás en cada etapa, y llegarás al otro lado transformado.

Predicador
Josué Pascual
Publicada
Duración
36 min

Hay momentos que lo que menos parecen es una ventana de oportunidad. Piensas: «Esto no puede venir de Dios; aquí no siento que esté». Pero hay ventanas con propósito: espacios inesperados donde crees que Dios no está, y sí está. La historia de Jesús y sus discípulos en la barca te muestra cómo conocerlo en medio de la tormenta.

Una invitación a pasar al otro lado

Jesús invitó a sus discípulos a seguirlo, para que crecieran en fe y lo conocieran de una manera distinta. «Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado». La invitación no parecía muy agradable: de noche, a cruzar el mar. Pero cuando vas acompañado de Jesús, las cosas se ven desde otro panorama. Esa compañía cambiaría todo lo que vivirían en ese viaje.

Versículo clave

«Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.»

Marcos 4:35

«Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba». Una vida en Cristo no te evita las tormentas. Es una verdad que debes conocer como hijo de Dios: habrá momentos buenos y momentos difíciles. La diferencia es que Jesús va contigo.

Cuando la tormenta te hace olvidar que Jesús va en la barca

«Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?». Cuando estás en medio del mar, con olas por todos lados, empapado, sin ver nada, lo último que se te ocurre es hacer una pausa para buscar a Dios. La tormenta les hizo olvidar a los discípulos que Jesús iba con ellos, y que él les había dicho que llegarían al otro lado.

Así nos pasa: nos nublamos y dejamos de ver que Jesús puede ayudarnos. Lo importante no es solo que parezca dormido, sino que está en tu barca. Cuando haces una pausa y lo miras, él te calma: te da paz, seguridad y confianza. Verlo descansando en la misma barca donde tú sufres te da una paz que el mundo no puede dar. Jesús no solo está en la promesa: está en el proceso.

Muchos conocen a Jesús de una manera especial en las etapas difíciles: en el duelo, conocen al Dios que consuela; en la escasez, al Dios que provee. No sabes cómo saldrás de ahí, pero él dijo que llegarías al otro lado. Entonces, vas a llegar.

Despiértalo

Lo primero que tienes que hacer en la tormenta es despertarlo. No tienes que ser teólogo, maestro ni predicador; no importa cuántos errores hayas cometido. Puedes orar ahora mismo: «Señor Jesús, te invito a mi barca. Perdóname si me he alejado, si te he fallado. Te reconozco como mi Señor y mi Salvador».

«Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?». La tormenta te llena de miedo, frustración y ansiedad; te paraliza. Y te tienta a hacer cuentas para resolverlo todo a tu manera: tirar peso, buscar culpables. Eso te impide conocer al Jesús que sí está en la barca.

Hay quienes llevan meses o años en la tormenta sin conocer a Jesús en ella, porque les cuesta decir: «Yo no puedo; él sí puede». Tú no estás diseñado para calmar tormentas; él sí. ¿Con cuánta facilidad podrías despertarlo? Eso habla de tu relación con él. En la tormenta, no mires solo al que maneja la barca: mira a Jesús. Los discípulos temieron porque se les olvidó mirarlo. Aparentemente no tenía el control; pero Jesús tiene más control del que imaginas.

Tu socorro viene del Dios que no duerme

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda». Jesús no se va a atender a otro y te deja olvidado. Está consciente de lo que atraviesas y de tu dolor. Si lo miraras con esa seguridad, tendrías menos miedo. Él nunca se toma un descanso de tu vida: aun cuando parece dormir, está velando por ti.

Tu socorro no puede depender solo de una persona, del banco o de un diagnóstico distinto. El enemigo ofrece soluciones temporales, atajos que a veces tardan años en dejarte salir; Jesús ofrece una solución eterna. «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones».

David escribió: «Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio». Lo conoció así cuando tuvo que esconderse porque lo perseguían. Tú también lo conocerás según la etapa que vivas. Hay versículos que no conoces por haberlos leído, sino por haberlos vivido.

Jesús te acompaña en todas las etapas

«Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti». Quizá sientes que te vas a ahogar, pero Jesús ya está ahí.

Versículo clave

«Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.»

Isaías 43:2

Un escudo sirve para proteger, lo que significa que vendrán golpes; pero él estará contigo. Conoces al Dios que sana, y también al Dios que a veces dice que no; y cuando dice que no, como un buen padre, te ayuda a seguir creyendo. No te enojes con Dios: quizá te falta conocerlo más en esa etapa.

Jesús no está solo los domingos, sino todos los días. Va contigo al trabajo, aun cuando no hay clientes, pacientes ni contratos; allí tienes la oportunidad de demostrar que confías en él. Cuando le prestas atención, reconoces su mano, por ejemplo, en una puerta que se abre después de mucho tiempo sin trabajo.

Llegar al otro lado transformado

Los discípulos llegaron al otro lado transformados. «Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo». Ya no reaccionaron igual: se quedaron detrás de Jesús, porque habían visto que aun el viento y el mar le obedecían. La tormenta pone a Jesús en el primer lugar, y te da un temor reverente que lo honra.

Quienes han atravesado tormentas de la mano de Jesús no se mueven con facilidad. Llegarás al otro lado con propósito, y tu casa y tu familia podrán decir que conocen al Dios que provee, protege y acompaña. Tu tarea es mantener a Jesús en tu barca, mirarlo y despertarlo cada día, aun cuando no tengas todo resuelto.

Referencias bíblicas