EN Oración
Serie Ventanas

Ventana hacia el oriente: Dios sale a tu encuentro a mitad del camino

A mitad del camino llegan el cansancio, la decepción y la pérdida de dirección. Pero Dios sale a tu encuentro. Como Joas con Eliseo: toma el arco, espera la instrucción, abre la ventana hacia el oriente, golpea la tierra con la palabra sin detenerte, y abre tus ventanas a Dios como Daniel.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
27 min

La palabra de Dios trae fuerza. Cuando Ezequiel profetizó sobre el valle de huesos secos, Dios puso sobre ellos tendones y los cubrió de piel: fuerza y forma. Hay una palabra de Dios que te da la fuerza y la forma necesarias para seguir avanzando en el llamado que te dio.

Cuando el camino se vuelve cansado

Has caminado; lo has hecho bien. Pero a mitad del camino pueden venir los mayores ataques. Aparece el cansancio. Miras atrás y piensas: «No he visto lo que esperaba». El corazón se angustia y se debilita, y puedes perder la dirección: «¿Para dónde voy? ¿Qué decisión tomo?». Le pasó a Elías: en un momento de debilidad, incertidumbre y temor, perdió la dirección. Pero Dios siempre sale a tu encuentro para redireccionarte. No temas al camino; teme a no caminar.

El arco y las saetas

Joas, rey de Israel, había pecado contra Dios. Pero en un momento de estrechez, incertidumbre y temor, hizo lo correcto: buscó la dirección de Dios en el profeta Eliseo, ya anciano y enfermo de muerte. «Y descendió a él Joas rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas».

El arco simboliza el poder de Dios en tus manos. Las saetas representan las promesas y las palabras que Dios te ha dado a ti y a tu familia. ¿Qué promesas te ha dado Dios? Con el caminar y las dificultades, es fácil olvidarlas. Hoy es tiempo de recordarlas y abrazarlas: lo que Dios ha dicho sobre ti y los tuyos sigue en pie.

«Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey». Tener el poder no basta. Hay quienes tienen el poder, pero no la instrucción. Necesitas que Dios te diga hacia dónde y cuándo tirar la saeta. De nada sirve tomar el arco si no esperas la instrucción de Dios. Y su instrucción trae fuerza.

Abre la ventana hacia el oriente

«Y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria».

Versículo clave

«y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos.»

2 Reyes 13:17

Cuando abres una ventana, se amplía tu visión y cambia tu perspectiva. El enemigo ha querido nublarte la vista con frentes, circunstancias difíciles y adversidades. La frustración, la tristeza, el desánimo y el cansancio nublan la vista. Los discípulos camino a Emaús no reconocieron a Jesús, entristecidos como iban. Esaú despreció la primogenitura porque el cansancio le nubló la vista. Hoy Dios amplía tu visión para que veas lo que va a hacer.

El oriente, lugar de encuentro

El oriente es donde sale el sol: habla de un nuevo amanecer. Los hebreos se orientaban mirando hacia el sol naciente. Quizá el enemigo te ha tenido desorientado, pero Dios quiere orientarte en su palabra. «Me llevó luego a la puerta, a la puerta que mira hacia el oriente; y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria».

«Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado». El oriente era el lugar de encuentro entre Dios y su creación. En medio del cansancio, la debilidad, la decepción y la frustración, Dios te sale al encuentro, cara a cara. Ese encuentro provoca un movimiento que tus fuerzas no lograron, te redirecciona, te da fuerza y te da la instrucción que necesitas.

Deja de apuntar hacia la frustración, el desgaste, la pérdida o el dolor. Apunta hacia el oriente, porque de ahí viene el encuentro con Dios.

Golpea la tierra con la palabra

«Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora solo tres veces derrotarás a Siria».

Eliseo nunca le dijo cuántas veces golpear: eso lo determinaba su fe. Al principio es fácil responder con entusiasmo cuando recibes la instrucción de Dios. Pero cuando pasa el tiempo y no ves nada, cuando te rodean las tormentas y te bombardean pensamientos contrarios a lo que Dios dijo, puedes perder el ánimo. Cuando Joas entendió lo que significaba ese acto, quizá le dio miedo, y se le fue el entusiasmo. Hoy puedes recuperar la fe y la confianza en la promesa que Dios te dio.

A ti te toca golpear la tierra; eso no lo hace Dios por ti. Golpéala con su palabra, no con tus emociones, porque las emociones son cortas y te abandonan. Cuando la emoción se va, permanecen la fe, la confianza, la constancia y la perseverancia, y se forma en ti el carácter de Cristo. Nunca le digas al enemigo qué tiene que hacer para que te detengas. Habla palabras de vida y bendición, repite lo que Dios dijo: «No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan».

«¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?». No es tu fuerza ni tu poder: es su palabra la que hace la obra completa.

Versículo clave

«¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?»

Jeremías 23:29

Llega a tu casa y sigue golpeando la tierra: ora por tu familia, declara las promesas de Dios sobre tus hijos, sobre tu trabajo, sobre tu salud. No te conformes con tres golpes. Persevera hasta ver la victoria completa que Dios tiene para ti.

Abre tus ventanas como Daniel

«Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes». Ante las malas noticias, Daniel no corrió para todos lados: buscó la presencia de Dios. El enemigo puede firmar decretos, pero quien tiene la última palabra es Dios.

Cuando abres las ventanas, se va el mal olor y entra aire fresco. Invita al viento fresco del Espíritu Santo a llevarse el fracaso, la amargura, el temor y el cansancio, todo lo que te carga y te drena. Daniel abría sus ventanas hacia Jerusalén, donde estaba el lugar de encuentro con Dios. Abre tu ventana, porque Dios te sale al encuentro.

Referencias bíblicas