Lucas 2:40 dice de Jesús: «Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él». Dios desea que crezcamos, pero también que seamos fortalecidos, llenos de sabiduría y con su gracia sobre nosotros. Hay muchas áreas que Dios quiere fortalecer: nuestra fe y nuestra manera de pensar. Pero lo primero que quiere fortalecer es nuestra relación con él.
El secreto de Jesús
El secreto de Jesús era su relación con el Padre: siempre fue una prioridad. Si quieres vivir fortalecido, tu relación con Dios tiene que ser la prioridad. A Jesús lo seguían multitudes; en una ocasión, toda la ciudad se agolpó a la puerta donde estaba. Uno pensaría que se dedicaría a atender a la gente, a los enfermos y a los endemoniados. Pero la Biblia dice que, levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Jesús le dio prioridad a lo que es prioridad.
A Jesús no le marcaba la agenda la gente, sino el Padre. Aun cuando quisieron hacerlo rey, se fue al monte a orar. Ni la gente ni la fama lo distraían. Cuando Dios es tu prioridad, es él quien marca tu agenda y quien trae fortaleza a tu vida. Cuando tu relación con Dios es profunda, vives una vida fortalecida.
Los planes del enemigo siempre buscan debilitarnos. Todos sus ataques tienen que ver con producir debilidad, nunca fortaleza. La enfermedad es una estrategia para debilitar el cuerpo; también usa la soledad y toda herida que no ha sido sanada. Por eso es tan importante vivir libres de heridas y dar el perdón, para que el corazón esté sano. La falta de perdón y el pecado nos debilitan. ¿Qué hace que una persona viva débil? Hay tres cosas muy prácticas.
Primero: tener muchos frentes
La primera es tener varios frentes abiertos. Hay momentos en que todo parece alinearse en contra: una enfermedad, un problema en las finanzas, otro problema más. Y en lugar de fortalecernos en Dios, nos debilitamos. Así le pasó a David. 1 Samuel 30:1-4 relata que cuando David y sus hombres llegaron a Siclag al tercer día, los amalecitas habían invadido el Neguev y Siclag, la habían asolado y le habían prendido fuego, y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor, aunque no habían dado muerte a nadie. David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. El dolor y la pérdida nos debilitan.
Los versículos 5 y 6 dicen que también las dos mujeres de David habían sido llevadas cautivas, y que David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas. Se vale angustiarse; hay solución para la angustia. Y el versículo termina así: «mas David se fortaleció en Jehová su Dios».
Versículo clave
«mas David se fortaleció en Jehová su Dios.»
1 Samuel 30:6
Pongámonos en las sandalias de David. Regresó cansado y encontró la ciudad quemada. Se habían llevado a sus mujeres y a sus hijos. Y estaba defraudado, porque los mismos hombres que habían estado con él querían apedrearlo. Pérdida tras pérdida, frustración tras frustración, dolor tras dolor. Y aun así, David se fortaleció en Dios. La palabra fortalecerse en el original significa asirse, agarrarse.
Para agarrarte de Dios tienes que soltar muchas cosas, porque no se puede agarrar con las manos llenas. Si quieres fortalecerte en Dios, tienes que agarrarte de él, y para eso suelta la duda, la incredulidad, el dolor, la pérdida, el pasado, la envidia, el rencor, los celos y la amargura. Suelta lo que llevas tiempo agarrando. El problema es que no podemos agarrarnos verdaderamente de Dios porque tenemos las manos llenas de un plan B y de otros caminos. Dios quiere que lo soltemos todo y nos agarremos de él en espíritu, alma y cuerpo: «Señor, me agarro de tus promesas, de tu palabra, de tu fidelidad, de lo que dijiste de mi vida y de la promesa que le diste a mi familia». La fortaleza es la capacidad de superar las dificultades no con nuestras fuerzas, sino con las de Dios.
Después de fortalecerse, David consultó a Jehová, y recibió una palabra que le garantizaba la victoria. Le preguntó si perseguiría a aquellos merodeadores y si los alcanzaría, y Dios le respondió: «Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos». La gente fortalecida se mueve en la palabra que Dios le da. Cuando te fortaleces, recibes revelación para el siguiente paso, pero eso no puede pasar si no estamos fortalecidos. Si quieres ver la victoria de Dios en tu vida, tu familia y tus generaciones, agárrate de él, y él te dará las estrategias. Si estás en un pozo sin salida, Dios te dice: «Agárrate de mí; te daré el paso a paso, la salida, las ideas y los proyectos para que veas mi fidelidad».
Segundo: la falta de confianza en Dios
Lo segundo que debilita a una persona es la falta de confianza en Dios. La duda siempre genera debilidad. Si quieres vivir fortalecido, no dudes. Por eso el enemigo va detrás de tu fe: si te roba la fe, te roba la fuerza. La duda debilita; la fe fortalece.
La duda también genera vergüenza. Cuando Dios te pone algo en el corazón y empiezas a dudar, a preguntarle a todo el mundo qué opina —y no hablamos de buscar consejo sabio, sino de dudar de lo que Dios dijo—, le abres la puerta al enemigo para que traiga temor y vergüenza. Cuando dudas de lo que Dios te dio, vives avergonzado y débil; pero cuando confías en su palabra, eres fortalecido, y aunque la duda toque la puerta, no le abres, porque estás fortalecido en él.
Isaías 30:15 dice: «Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza». Cuando reposas y confías en lo que Dios te dijo, eres una persona fuerte en Dios.
Versículo clave
«en quietud y en confianza será vuestra fortaleza.»
Isaías 30:15
A veces ponemos nuestra confianza donde no debemos. 2 Reyes 5 relata que Naamán era general del ejército de Siria, varón grande delante de su señor, valeroso en extremo, pero leproso. A simple vista era un hombre de muchas victorias, pero debajo de la armadura había una realidad que tenía que afrontar. A veces nos parecemos a Naamán: aparentemente muy fortalecidos, pero detrás de la armadura hay debilidad, dolor y heridas, y Dios tiene que tratar con eso. Dios no quiere una iglesia de apariencia, sino de esencia.
Dios quería mostrarle a Naamán algo importante: no busques tu valor en la gente. Si quieres ser fortalecido en Dios, confía en lo que él dice de ti y deja de preguntarle a la gente qué opina de ti; basta con la opinión de Dios y con sus planes. A Naamán le importaba mucho lo que pensaban los hombres, y Dios estaba tratando su corazón: «No vayas tras el hombre para solucionar tu lepra; quiero fortalecerte desde adentro, no desde la apariencia ni desde tu posición». Dios conoce nuestro dolor, nuestras heridas, nuestros fracasos y nuestra lepra, y ahí quiere fortalecernos, de adentro hacia afuera. Solo él sabe qué hay detrás de la fachada.
Naamán tuvo que aprender a no depender de los hombres, de su posición ni de su fuerza. Un hombre o una mujer fortalecidos dejan de depender de la opinión de otros, del valor que otros les dan, del puesto o la función que tienen. Naamán tuvo que sumergirse siete veces, porque Dios permite procesos para que reconozcamos que no hay hombre, posición, fuerza ni armadura que pueda dar la fortaleza que solo él da. Las pruebas y las situaciones adversas nos llevan a conocer al Dios todopoderoso. Después de sumergirse, Naamán volvió al varón de Dios y dijo: «He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel». Hay procesos que son solo entre Dios y tú, porque él quiere que lo conozcas personalmente y fortalecerte desde lo más íntimo.
Hay tormentas que solo Jesús puede calmar. Cuando los discípulos estaban en la barca, Jesús dormía en la popa, y lo despertaron. Está bien despertar a Jesús, pero hazlo con fe, sabiendo que si él va en tu barca todo estará bien. Y la clave no es solo que calme la tormenta. Los discípulos dijeron: «¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?». Así dirás tú: ¿quién es este que calma mis tormentas, que abre caminos donde no los hay, que sana mi cuerpo, que rompe maldiciones generacionales, que me saca del pozo de la desesperación? Tu vida será un testimonio vivo de lo que Dios hace, porque lo verás en una faceta que no conocías, con su poder y su autoridad aun en medio de lo adverso.
Tercero: estar lejos de su presencia
Lo tercero que debilita a un hombre o a una mujer es estar lejos de la presencia de Dios. El anhelo de Jesús es tenerte cerca; no es tanto que nosotros lo anhelemos, sino que él nos anhela a nosotros. Puede haber tormentas, pero si Jesús está en tu barca, todo estará bien. Puede haber un horno de fuego, pero si Jesús está en medio, todo estará bien. Puede haber dolor, sufrimiento o una cárcel injusta, y aun la muerte, pero si Jesús está, como estuvo con la viuda y con Lázaro, todo estará bien.
Toda la Biblia trata de Dios manifestándose y buscando al hombre. Dios buscó a Adán en el jardín; habitó con Israel por medio del arca, que representaba su presencia, y luego en el templo. Y nos anheló tanto que se mudó de donde vivía: dejó la eternidad para caminar entre nosotros. Dejó la eternidad por un reloj y su poder por una humanidad. Por eso Jesús se cansaba, dormía, tenía hambre y sufrió dolores: porque quería estar cerca de ti. No se puede vivir fortalecido lejos de Dios.
La Biblia dice que Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y estableció a doce «para que estuviesen con él». La primera razón no fue predicar ni servir, aunque podemos predicar y servir, sino estar con él. Hasta que entendamos que nuestra prioridad es estar con Jesús antes que cualquier otra cosa, nunca seremos fortalecidos. Dios nos anhela, nos busca y nos extraña. Mucha gente cree que, cuando peca, Dios se olvida de ella; pero fue Dios quien buscó a Adán, no Adán a Dios. Si has estado en pecado, Dios te está buscando, porque te quiere cerca, quiere limpiarte, perdonarte y fortalecerte. Jesús buscó a la samaritana, al gadareno y a lo que se había perdido. Siempre ha estado detrás de nosotros, aun cuando nos negábamos a acercarnos.
Oseas 11:4 dice que Dios nos atrajo con cuerdas humanas, con cuerdas de amor; que fue para nosotros como los que alzan el yugo de sobre la cerviz, y se inclinó para darnos de comer. Una versión dice que nos acercó a sus mejillas como a niños de pecho. Así de cerca nos quiere: mejilla con mejilla. Solo en él podemos ser fortalecidos, solo en Jesús tenemos la identidad que necesitamos y solo en él estamos cubiertos y resguardados.
¿Y qué hacemos nosotros? Buscamos el amor lejos de Jesús, en lugares que nos dejan vacíos y heridos. Buscamos el pan en Moab, cuando tenemos a Belén, la casa del pan, donde podemos ser alimentados. Teniendo amor y pan, los buscamos en otro lado. Jesús está tan cerca, y por vivir lejos de él vivimos débiles, desgastados, drenados, tristes, ansiosos, deprimidos y sin fuerzas. Y Dios nos dice: «Conmigo lo tienes todo; en mí puedes ser fortalecido. Estoy para ti en tu tormenta, en el horno de fuego, en tu dolor y en tu pérdida».
Si nuestra vida no está fortalecida en Dios, nuestra fuerza vendrá de otro lado, y esa es efímera: se acaba rápido y no se sostiene. Pero en Dios podemos permanecer a pesar de los tiempos, las temporadas, las circunstancias, las pruebas y los desiertos. Trae a Dios tus debilidades, tus desgastes, tus batallas perdidas, lo que perdiste y lo que te frustró, y haz de eso un altar para que él se manifieste. Moisés huyó, pero Dios lo alcanzó y se le manifestó en una zarza. Dios te va a alcanzar, porque nada cambia su amor por ti. La Palabra dice: «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente». No el que visita, sino el que habita. Vive en intimidad con Dios, y tu vida será una fortaleza.
Puedes decirle: «Señor, gracias porque eres tú quien se acerca a nosotros. Reconozco que he vivido lejos de ti y te pido perdón. Hoy te reconozco como mi Señor y el Salvador de mi vida. Gracias por la vida eterna y por buscarme».
Referencias bíblicas
- Lucas 2:40 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 1:35 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 30:1–8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 30:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 5:1–15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 3:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Oseas 11:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


