Dios pensó la familia como un regalo para la humanidad. Cuando declara una promesa sobre tu vida, no piensa solo en ti: piensa en tus hijos, tus nietos, tus bisnietos, tus generaciones. Por medio de la familia, Dios prolonga sus promesas. Por eso es tan importante que no pierdas la fe ni la palabra que Dios te dio. Y por eso el enemigo se ensaña contra los matrimonios y las familias: si las destruye, no quedará quién modele lo que es una familia según Dios.
La familia nace del corazón de Dios
«Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra». La familia fue idea de Dios: él la diseñó, la pensó, y desea que sea bendecida. Por medio de la familia, toda una sociedad es afectada. Dios quiere levantar familias que modelen a otras familias.
Anuncia su poder a la generación que viene
«Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, tu potencia a todos los que han de venir». Esa es tu responsabilidad: contar en tu casa lo que Dios ha hecho contigo y por medio de ti, para que tus hijos se lo cuenten a los suyos, y así, generación tras generación.
Versículo clave
«Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir»
Salmos 71:18
La Biblia muestra grandes líderes que fallaron con su legado. Elí amaba y servía a Dios, pero no formó a sus hijos. Samuel ungió a los primeros reyes de Israel, pero no aprendió de los errores de su mentor, y sus hijos tampoco anduvieron en sus caminos. Saúl parecía el hombre perfecto. David venció gigantes y fue un hombre conforme al corazón de Dios, y aun así la historia se repitió en su casa. ¿Qué estás anunciando tú a las nuevas generaciones? Un buen líder no solo va adelante; se voltea para ver si alguien lo sigue.
La fe se guarda, se habla y se modela
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes». Todo empieza por ti. ¿Cómo pretender que tus hijos crean si tú no crees ni guardas lo que Dios te prometió? Esto vale también para solteros y para matrimonios que aún no tienen hijos.
Versículo clave
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón»
Deuteronomio 6:6
¿Cuánta fe llevas por dentro? ¿Cuánto retumba todavía en ti la palabra que Dios te dio? ¿La has guardado, defendido, cuidado? La fe se ve, se oye, se modela y se enseña. La fe es una actitud diaria, y la estás modelando todo el tiempo delante de tus hijos.
Los hombres de Jericó le dijeron a Eliseo: «El lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno… mas las aguas son malas, y la tierra es estéril». Eliseo pidió una vasija nueva con sal, la echó en los manantiales, y dijo: «Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas». Cuidado con convertir el corazón de tus hijos en tierra estéril. La sal purifica y preserva: que de tu boca salga lo que el Padre dice. Cuando hablas fe, preparas la tierra del corazón de tus hijos para que sea fértil.
Quieres un ambiente diferente en tu casa: deja de hablar de la montaña y habla del Dios de la montaña. Cuando hablas más de tus problemas, los agrandas; cuando hablas de Dios, el gigante se hace pequeño. Declarar fe produce cambios espirituales en tu hogar. Y si todavía no tienes hijos, empieza desde ya a crear esa atmósfera, para que cuando lleguen, lo que escuchen sea fe.
No heredes temor: Dios está contigo
El rey de Siria rodeó la ciudad donde estaba Eliseo con caballos y carros. El criado de Eliseo, al verlos, dijo: «¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?». Y él le respondió: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Y oró: «Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea». Y el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
Tus hijos te observan: cómo reaccionas cuando te sientes rodeado por una enfermedad, una crisis financiera o un problema familiar. No se trata de ser perfecto; pero ¿qué haces en los momentos estrechos? Cuando tus hijos te pregunten «¿Qué vamos a hacer?», ¿qué les respondes? ¿Les heredas temor o fe?
Muchos cargamos temores que heredamos de nuestros padres, y es más fácil heredarlos que enfrentarlos. Por eso necesitas que Dios arranque los temores de tu vida, para no pasarlos a tus hijos. Hay niños que repiten en la escuela lo mismo que oyen en casa: «De esta no vamos a salir». ¿Y si les hablas fe? «Vamos a salir de esta. Dios está con nosotros. Él nos dará la salida». La fe abre los ojos de tus hijos para ver lo que no ven; la incredulidad los ciega. Lo primero que el enemigo quiere es hacerte creer que Dios no está contigo; pero Dios está contigo en toda temporada.
No te acomodes
Dios suele desacomodar a quienes llama: Abraham, Noé, Moisés, Ester, Nehemías, Mateo, todos salieron de su comodidad para cumplir una misión. Jesús mismo dejó el cielo por nosotros. Elí, en cambio, aparece acostado en su aposento, con los ojos que comenzaban a oscurecerse. Cuando te acomodas, corres el riesgo de no ver lo que está pasando con tus hijos.
Tus hijos no deben solo existir o sobrevivir, sino vivir con propósito. Pregúntale a Dios qué plan tiene con ellos, y actívate para acompañarlo, aunque sea más cómodo no hacer nada. Si el enemigo no duerme cuando se trata de tus hijos, tú tampoco puedes dormirte: necesitas orar, estar presente y guiarlos.
Flechas bien formadas
«He aquí, herencia de Jehová son los hijos… Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud». Las flechas necesitan estar cerca, en la aljaba, para ser cuidadas. Y antes de lanzarlas hay que tallarlas, y eso exige esfuerzo, dirección, disciplina y límites. Si tú no moldeas su carácter, lo hará el mundo.
Persevera por tus hijos sobre la Roca
Rizpa perdió a sus dos hijos, ejecutados y expuestos en el monte. Entonces «tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche». Su perseverancia llegó hasta el rey, y David dio sepultura digna a los suyos.
No dejes de soñar con tus hijos ni de perseverar por ellos. Pon tus pérdidas sobre la Roca, que es Cristo, y no te muevas de allí. Anuncia su poder a tus generaciones, y deja un legado de fe que trascienda.
Referencias bíblicas
- Efesios 3:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 71:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 6:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 6:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Reyes 2:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 3:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 127:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 91:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 21:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


