Hacen falta familias valientes. Job oraba por sus hijos después de sus banquetes: esa oración expresaba su compromiso con la palabra y con lo que Dios le había asignado. Hoy es tiempo de dar pasos de valentía para recibir las bendiciones que Dios tiene para tu familia.
Dios no obliga a nadie a tomar esas bendiciones: a ti te corresponde decidir. La cruz es la mayor obra redentora; no vivas conforme a tu voluntad, sino busca la de Dios. Una sola decisión, como aceptar por fin la invitación a un grupo después de decir que no muchas veces, puede abrir un camino distinto. Dios respeta tus decisiones: no pierdas las bendiciones destinadas para ti y para tus generaciones.
Una esperanza que trasciende a quienes hoy están en casa
«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; tu trono de generación en generación». Las personas cercanas pueden fallar, pero Dios reina para siempre. Decir «¡oh, Señor!» es como asombrarte al ver llegar a alguien que admiras, con la diferencia de que Dios, aunque no lo veas, es más real que lo visible y es quien hizo todo.
Versículo clave
«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; Tu trono de generación en generación.»
Lamentaciones 5:19
Nadie puede prometer estar presente para siempre: dentro de setenta u ochenta años, probablemente ninguno de nosotros estará aquí. Un padre o una madre se pregunta: «¿Qué va a ser de mis hijos si yo no estoy?». La respuesta es enseñarles que Dios permanece y que su trono sigue de generación en generación.
No se trata de dejar de amar a los demás, sino de aferrarte a Dios por encima de todo. El trabajo y las personas no pueden sostener una vida para siempre, y eso no significa dejar de amar ni de dar lo mejor a tu familia. Enseña a tus generaciones a depender de Dios, el único que puede sostenerlas siempre.
Instruir con la conducta y no solo con palabras
«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él». Instruir a tus hijos requiere valentía, y si eres joven, aprende desde ahora. Hay una diferencia entre el camino que uno quiere tomar y el que debe tomar. Enseña con tus decisiones, no solo con instrucciones verbales.
Versículo clave
«Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.»
Proverbios 22:6
Tus hijos observan lo que haces. No puedes enseñar solo con lo que dices si tú mismo no lo has aprendido: tu conducta refleja lo que de verdad aprendiste. En Getsemaní, Jesús enfrentó una copa difícil y decidió que se hiciera la voluntad del Padre y no la suya. No ores para evadir lo que te toca afrontar: pide fortaleza para hacerlo.
Si sientes que ya es tarde porque tus hijos son grandes y en tu hogar hay dificultades, Dios restaura y habla a tiempo y fuera de tiempo. Puede haber consecuencias y errores, pero la misericordia de Dios es una oportunidad para avanzar. Posiciónate en las promesas y en la verdad de Dios, no en tu propia opinión.
Noé: caminar con Dios en medio de una generación difícil
Dios le dijo a Noé: «Entra tú y toda tu casa en el arca». Noé era justo y perfecto en sus generaciones porque caminaba con Dios, no porque nunca fallara. Si reconoces tus errores, que la culpa no sea tu punto de partida, sino la misericordia. Sigue caminando con Dios mientras su palabra te muestra lo que necesitas corregir.
Noé recibió la advertencia del diluvio cien años antes y se posicionó en la palabra de Dios, aunque aquello era desconocido para los demás. El arca representa a la congregación, y Noé se aseguró de que su familia entrara. Vela por tu familia y guía a los menores para que se congreguen.
¿Qué niño quiere siempre lavarse los dientes? Una madre se ocupa de que lo haga, aunque se haya quedado dormido frente al televisor. Formar a un niño es instruirlo en lo que necesita hacer, no dejar cada decisión a su deseo inmediato. Así también se enseña la palabra y los caminos de Dios.
Identifica lo que la palabra te muestra y ríndelo a Dios. Lo que tu generación logre vencer, tus hijos no tendrán que cargarlo como la misma batalla, aunque tendrán las suyas. No dejes que tu lucha siga transmitiéndose porque no actuaste con valentía.
La presión por ser aceptados y el cuidado de las amistades
Mientras Noé construía el arca, seguramente escuchó burlas. Hoy algunas familias se preocupan más por que sus hijos sean aceptados por la sociedad que por enseñarles principios bíblicos. La presión social lleva a decisiones dañinas: hay padres que lloran desesperados por hijos con adicciones, después de años intentando ayudarlos y de vender sus pertenencias para internarlos.
Es bueno compartir y jugar con tus hijos, y que te consideren su amigo. Pero si tienes que elegir, sé su padre: amigos pueden tener muchos, padre tienen uno. Los hijos necesitan a alguien que los guíe y les diga qué deben hacer. Hijos, confíen en sus padres; padres, confíen en Dios.
«Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres». No se trata de prohibir toda amistad, sino de prestar atención a las amistades de tus hijos. Trabajar muchas horas para darles dinero no siempre es darles lo mejor: ellos necesitan tu afecto, tus palabras y tu ejemplo.
Una advertencia a tiempo puede llevar a un hijo a reconocer un riesgo y a decidir que ya no necesita ir a cierto lugar. Ningún hijo es perfecto, pero una puerta difícil de cerrar se puede evitar. Mantente atento, ora y guía, sin confundir la amistad con renunciar a tu responsabilidad.
Pelear por la familia y reparar las brechas
La segunda decisión es pelear por tu familia, no pelear con ella. En Nehemías 4, los enemigos buscaban sorprender a quienes reparaban el muro. El pueblo se organizó por familias, con sus armas listas, detrás de los sectores aún sin reparar. Había brechas pendientes, y había que permanecer alerta.
«No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas». Hay áreas de tu familia que todavía no han sido reparadas. El enemigo se introduce de forma sutil en matrimonios y hogares: tu familia está bajo ataque.
Cuando los enemigos supieron que sus planes habían sido descubiertos, el pueblo volvió a la obra del muro. «En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros». Cierra filas por tu familia y examina los puntos de acceso por donde se repiten patrones destructivos.
Hay quien pide ser libre, pero vuelve a aquello que lo ata. La oración tiene que ir acompañada de la voluntad de dejar aquello a lo que regresas. Dios pelea por su pueblo, pero tú también debes permitir que él obre en tu interior.
Hay batallas externas e internas. Dios da victoria en las dificultades externas, pero las luchas internas requieren rendir a Jesús tus hábitos y tus áreas personales. Dios libró al pueblo de Faraón, pero el pueblo no se libró de sí mismo, y muchos murieron en el desierto. Dios ayuda, pero cerrar filas también es obedecer.
Levanta la espada de la palabra y pelea por tu familia. Otros pueden orar por ti, y la iglesia ora constantemente por personas que ni siquiera conoce, pero tú también debes luchar por tu hogar.
Daniel estaba afligido y ayunó. El ángel le dijo que desde el primer día en que dispuso su corazón para entender, sus palabras fueron oídas, pero que había una batalla y ángeles peleando. ¿Crees que el enemigo quiere que escuches la palabra y decidas que es un nuevo comienzo para tu familia?
Nehemías tenía un puesto importante junto al rey como copero, pero lo dejó y recorrió largas distancias al enterarse de que la muralla de su pueblo estaba destruida y sin protección. Se levantó. Y los que edificaban trabajaban con una mano y con la otra sostenían la espada: mientras hubiera batallas, había que seguir edificando.
Algunas personas crean sus propios sufrimientos. Este es un tiempo profético para que tu familia avance de manera significativa. Filtra lo que entra en tu casa y pregúntate qué carga tu familia que quizá todavía no has reconocido.
Abrir espacio a la presencia de Dios
La tercera decisión es abrir espacio. Acab tuvo setenta hijos y no les enseñó la palabra, sino a servir a dioses ajenos. Frente a eso, la declaración de Josué: «Yo y mi casa serviremos a Jehová». El trabajo, una casa o un carro pueden convertirse en ídolos.
David no quiso llevar el arca de Jehová a la ciudad de David y la llevó a casa de Obed-edom geteo, donde estuvo tres meses, y Jehová bendijo a Obed-edom y a toda su casa. David había intentado trasladar el arca de manera indebida y, tras la muerte de Uza, se desanimó y la envió a esa casa. El arca representaba la presencia de Dios, y Obed-edom pudo haberse negado a recibirla.
Mientras la casa de Obed-edom era bendecida, David volvía a un palacio sin la presencia de Dios. Hoy sería como revisar las redes sociales y tener millones de «me gusta». Pero la fama, el dinero y las posesiones no daban paz. Puedes tenerlo todo y, aun así, echar de menos lo esencial.
Mejor es un día en los atrios de Dios que mil fuera de ellos. Un palacio sin Dios no basta: vuelve a su presencia. Un matrimonio o la crianza de los hijos no funcionan sin Dios; las historias que funcionan son las de personas imperfectas, pero tocadas por Dios.
¿Cuántos días tienen que pasar antes de que reconozcas que necesitas regresar a la presencia de Dios? Abre espacio a su palabra y a su presencia, aunque tenga un costo social y algunas amistades se aparten. Dios es un amigo fiel, que permanece y ama sin poner condiciones para estar cerca.
Años después, entre los porteros del templo aparecen los hijos de Obed-edom: con sus hijos y sus nietos sumaban sesenta y dos. Sirvieron porque él abrió espacio a la presencia de Dios. Cree que tus hijos y tus generaciones también servirán a Dios.
Levántate por tu familia: uno como Noé, uno como Nehemías, uno como Obed-edom. No se trata de ser perfecto, sino de caminar de la mano de Dios. Quien ha servido a Dios durante años puede recibir de él lo que no habría logrado ni en tres vidas: Dios no se queda con nada.
Valentía en los tiempos difíciles
Las modas pasan; la palabra de Dios permanece. Hay quienes se hacen daño a sí mismos por vergüenza o por presión de grupo. Sin juzgarlos, la misericordia que recibiste también es para ellos. Dios te invita a ser libre y a no dejar que nada gobierne tu vida ni se vuelva una dependencia.
Daniel y sus compañeros fueron llevados a Babilonia, donde quisieron sentarlos a la mesa del rey para cambiar su cultura y sus creencias. Sus compañeros se negaron a adorar la estatua: aunque Dios no los librara, no servirían a dioses falsos. Aunque murieran, Dios seguiría con sus generaciones.
Los tres jóvenes fueron arrojados al horno de fuego y no se quemaron. Si atraviesas una prueba, puedes salir de ella encendido por el Espíritu Santo, hablando de la palabra. Lo que buscaba destruirte puede convertirse en impulso para seguir avanzando con tu familia.
A veces es difícil, pero tu familia tiene la dirección de Dios en su palabra. Lean la Biblia en familia y, ante cada decisión, pregúntense qué dice Dios, aunque la respuesta no coincida con lo que quieren hacer. Confía, mantente firme y sigue orando, aunque seas la única persona de tu familia que lo hace.
Posiciónate en las promesas y en la verdad de Dios, pelea por tu familia con oración y perseverancia, y abre espacio a la presencia de Dios. Ante una enfermedad o un negocio que sale mal, ora y confía en que Dios peleará esas batallas, mientras tú cierras filas, adoras y sigues su palabra.
Tus generaciones son benditas y apartadas para Dios: empresarios, políticos, profesionales y amas de casa que pondrán en alto el nombre de Jesús. Pide perdón por tus pecados, entrégale tu vida a Jesús, pídele que entre en tu corazón y reconócelo como tu Señor y Salvador.
Referencias bíblicas
- Lamentaciones 5:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 22:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 7:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 15:33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Nehemías 4:11-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 6:10-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Crónicas 26:1-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Daniel 3:16-27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


