Dios quiere despertar en ti un hambre insaciable por ver el cumplimiento de sus promesas. ¿Cuánta hambre tienes de ver realizado lo que Dios te dijo? Con los días, los meses y los años te acostumbras a la rutina, y te enfocas más en lo terrenal, en las crisis y en las temporadas que vives, que en la promesa que Dios te dio. Por eso muchas veces no ves las promesas: porque no vives cada día con hambre de verlas cumplidas.
¿Qué te sostiene en esta temporada?
«Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche». La vida se vive por temporadas. Y solo hay dos cosas que pueden sostenerte: la promesa que Dios te dio, o la crisis que atraviesas. Así como eliges la ropa según el clima al que viajas, necesitas aprender a vivir según la temporada en la que estás.
«Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Pablo aprendió a vivir en cada temporada. Tu identidad, los sueños y las promesas que Dios puso en ti no pueden depender de la temporada que hoy vives. Tu Dios no está limitado por una situación, una condición ni un proceso. El que fue fiel para darte la promesa será fiel para cumplirla.
Quien sabe vivir en cada temporada, todo lo puede superar en Cristo, todo lo puede alcanzar en Cristo. Dios nunca te va a dejar abandonado. Lo que un día te prometió, lo verás cumplido.
La palabra que alumbra el camino
No sabes cómo enfrentar tu temporada porque nunca te atreviste a abrir su palabra y dejarte guiar por ella. La palabra de Dios es el libro de instrucciones que él te dejó. No salgas de tu casa sin buscar primero la dirección de Dios para tu día, tu semana, tu año.
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». Quizá estás viviendo la temporada más oscura de tu vida. Pero tú eres luz, y la luz existe para alumbrar la oscuridad. A mayor oscuridad, mayor es la luz. Tu peor temporada puede convertirse en tu mayor alumbramiento.
Versículo clave
«Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.»
Salmos 119:105
Una promesa siempre tiene que ver con el futuro. En medio de un mal presente, Dios trae una promesa para que puedas ver un buen futuro. Cuando no tienes fuerzas, él te recuerda el futuro que ya estableció para ti. No uses tu fe solo para las circunstancias del presente; úsala también para la promesa que está en tu futuro. Nunca dejes de soñar con lo que Dios te prometió.
Esperanza contra esperanza
La esperanza es creer que tu mañana será mejor que hoy. Si pierdes la esperanza, lo pierdes todo. Dios sacó a Abraham de su tienda y le dijo: «Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar… Así será tu descendencia». Abraham le creyó. Pero pasaban los años, y no tenía ni un hijo. ¿Cómo sería padre de multitudes?
«Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia». Tenía casi cien años, su cuerpo estaba como muerto, y Sara era estéril. Humanamente, todo estaba perdido. Pero «tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido».
Versículo clave
«Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.»
Romanos 4:18
Esperar contra esperanza es aferrarte a la promesa aunque lo que ven tus ojos parezca muerto. Pregúntate a qué te estás aferrando y llamándole esperanza: la opinión de alguien, un diagnóstico, una cuenta bancaria. A veces Dios espera que mueran esas esperanzas temporales para mostrarse como el Dios de lo imposible. Cuando te desesperas, tomas decisiones adelantadas, como Abraham y Sara con Agar. Espera en Dios.
Sueña en la noche más oscura
Jacob huía de su hermano Esaú, sin nada más que un poco de aceite y sin un lugar donde dormir. «Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar». Esa noche, en el peor momento, soñó con una escalera que llegaba al cielo, con ángeles que subían y descendían.
Y Dios estaba en lo alto de la escalera, y le dijo: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». Dios le habló en su presente para hacerlo soñar con su futuro. Un sueño nacido de Dios en un mal presente puede convertirse en un futuro glorioso. Atrévete a soñar en el lugar donde estás.
Jacob no tenía casa, ni almohada, ni certezas; solo tenía a Dios. Y eso fue suficiente. Quizá hoy duermes sobre una piedra: una deuda, una pérdida, una soledad. No es el lugar donde se acaba tu historia, sino el lugar donde Dios puede hablarte. Cuando despiertes, podrás decir como Jacob: «Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía».
Lágrimas que se vuelven cosecha
Las malas temporadas pueden ser tiempos de gestación de los sueños de Dios, como los nueve meses difíciles de un embarazo, que se olvidan cuando nace el bebé. «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán». La piedra donde hoy duermes puede ser un día el memorial de lo que Dios hizo: Jacob levantó esa misma piedra como señal y llamó a aquel lugar Bet-el, casa de Dios.
No desperdicies tus lágrimas: siémbralas en oración. Cada lágrima que derramas delante de Dios es semilla. Lo que hoy duele puede ser mañana el testimonio que anime a otros a seguir creyendo.
Un hambre que no se apaga con los años
Caleb tenía cuarenta años cuando Moisés lo envió a reconocer la tierra, y recibió una promesa. Cuarenta y cinco años después, dijo: «Ahora bien, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió… Dame, pues, ahora este monte». No importa cuánto tiempo haya pasado, sino el hambre que mantienes de ver a Dios cumplir.
Mantén tu hambre por las promesas de Dios. Y cada vez que él cumpla un sueño en tu vida, dale la gloria a él, y sigue soñando con lo que todavía está por venir.
Referencias bíblicas
- Filipenses 4:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 119:105 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 4:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 28:16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 126:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 3:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


