La sabiduría se busca, se obedece, se observa y se pide. Jesús observaba mucho: a los discípulos que lavaban sus redes, a Pedro, la fe de quienes lo buscaban. Para ser más sabio necesitas observar más y hablar menos cuando no hace falta: Dios te dio dos ojos y dos oídos, pero una sola boca.
El proceso de la sabiduría
«Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia… si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios».
Versículo clave
«Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti»
Proverbios 2:1
Primero, recibir. Dios es dueño de todo, pero «del hombre son las disposiciones del corazón»: él no dispone por ti. Ven con un corazón abierto y dile: «Señor, necesito tu sabiduría». Segundo, guardar. «El que me ama, mi palabra guardará»: ¿cuánto de lo que escuchas retienes y meditas? Tercero, estar atento. Vives en un mundo lleno de ruidos y voces contrarias. Elías, escondido en una cueva, escuchó el viento, el terremoto y el fuego, pero Dios no estaba en ellos; luego oyó «un silbo apacible y delicado». En medio de tus pruebas, Dios hablará con esa voz que calma. Cuarto, buscar como quien busca plata: con compromiso y determinación, sin darte por vencido hasta encontrar.
Compromiso: un corazón involucrado
«Las langostas, que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas». No tienen comandante, y aun así avanzan ordenadas, porque cada una sabe lo que le toca. Compromiso es una obligación que asumes voluntariamente con el corazón involucrado. Hoy muchos le huyen al compromiso, pero tu nivel de compromiso revela tu nivel de madurez y de sabiduría. Y el compromiso no se impone a fuerza de recordatorios: es el fruto de una relación íntima con Dios. Cuando has estado con él, el compromiso surge solo.
Rut perdió a su esposo y volvió a Belén con su suegra. En lugar de quedarse llorando, salió a espigar. Booz la observaba, y le dijo: «Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí… Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados». Sus trabajadores dijeron que había estado allí desde la mañana sin descansar. Una cosa es que te recuerden en tu trabajo, y otra que te extrañen. ¿Qué dice tu jefe de ti? ¿Quiere que te quedes en su campo? Los cielos observan tu nivel de compromiso.
Si eres el primero en irte a la hora exacta, haya terminado el trabajo o no, eso no habla de sabiduría, sino de negligencia. Camina la milla extra. Haz prosperar lo que Dios puso en tus manos, sin compararte con lo que otros tienen, como Daniel, en quien había «un espíritu superior». Muchas veces Dios te abre una puerta por misericordia; pero si llegas tarde e incumples, esa puerta se cierra por justicia. «¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición». Ser solícito es ser diligente y no posponer. Cuando eres comprometido, Dios te facilita el camino, como Booz le facilitó el agua a Rut.
Unidad: guardar lo que Cristo ya hizo
Los saltamontes salen en cuadrillas: hay unidad. Muchas veces no alcanzas lo que Dios tiene porque siempre estás peleando con alguien. «Que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz». Mantener la unidad requiere humildad: reconocer que necesitas a otros, como Jesús recibió a Simón de Cirene para llevar la cruz. No se te pide hacer la unidad, sino guardarla, porque Cristo ya derribó en la cruz las barreras entre nosotros.
La base de toda relación es el perdón: sin perdón no hay relación. La falta de perdón te drena, te desvía y le abre la puerta a la necedad. La iglesia está formada por personas perdonadas. «Perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo». Suelta la ofensa, y la sabiduría reposará sobre ti.
Determinación: volar con alas pequeñas
Las alas del saltamontes son pequeñas para su cuerpo, y aun así vuela. No vuela por capacidad, sino por determinación. No se trata de tu fuerza, sino de la determinación de creerle a Dios. Las cosas pequeñas y sabias de Proverbios tienen algo en común: son débiles. Tu debilidad es la plataforma para que repose el poder de Dios: «Mi poder se perfecciona en la debilidad».
Fíjate en la forma de un oído: se parece a un vientre. «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Dios te envía una palabra, pero a ti te toca guardarla, cuidarla y llevarla hasta el momento en que dé a luz. No te des por vencido antes del parto, ni abortes lo que Dios está gestando en ti.
En tiempos de dificultad, la tentación es dejar de orar porque no ves nada. Pero es precisamente entonces cuando más necesitas permanecer delante de Dios, adorarlo, creerle y conectarte con él. Muchas veces, después de una temporada de oración perseverante, empiezas a ver cómo se abren puertas una tras otra.
Ángeles que suben y bajan
Jacob huía de su hermano Esaú después de engañarlo. En su momento de debilidad tuvo un sueño: «He aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella». Cuando oras, hay movimiento en el cielo: tus oraciones suben y las respuestas bajan. Por eso, aun débil, sin fuerzas o acostado, sigue orando. Y Dios le dijo: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres… porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho».
Versículo clave
«He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.»
Génesis 28:15
Años después, Dios prosperó a Jacob, y llegó el tiempo de volver y enfrentar a Esaú. «Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim», que significa «dos campamentos». Era un recordatorio: «Así como te cuidé allá, te cuido ahora». Dios te rodea por delante y por detrás. Mientras más oración haya, más verás moverse a Dios y más respuestas recibirás. No te quedes callado: sigue orando, sigue comprometido, sigue unido, y solo sigue.


