Necesitas luz cuando hay tinieblas: cuando tu mente está confusa, cuando no hay claridad, cuando el corazón se angustia y llegan pensamientos que no puedes controlar. En la oscuridad es difícil distinguir las cosas, hasta que alguien enciende la luz y descubres que lo que te asustaba era solo una prenda colgada detrás de la puerta. La luz de Dios siempre viene acompañada de gracia.
Las historias del Antiguo Testamento no son recetas, pero son referentes. Al mirar con respeto las partes más oscuras de la vida de dos siervos de Dios, puedes ver, a la luz de la palabra, las tuyas: el fracaso en medio del éxito, la debilidad en medio de la fuerza, la pobreza moral en medio de la abundancia.
La verdadera reputación es delante de Dios
Nos importa mucho nuestro nombre, nuestra reputación. Pero las historias de David y de Sansón muestran cuánta distancia puede haber entre la vida privada y la pública, entre lo que ven los ojos humanos y lo que ven los ojos de Dios. La reputación que de verdad importa es la que tienes delante de él.
Las malas noticias que dan sentido a las buenas
El evangelio es la buena noticia, y brilla en medio de una mala noticia: desde Génesis 3, todos llevamos una condición caída. Es lo que te hace terminar haciendo lo que no quieres, lo que se te escapa por la boca, lo que se asoma en pensamientos que te sorprenden. Pablo lo dijo: «No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago».
Jesús dijo: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento». El evangelio no es para quien se cree bueno, sino para quien sabe que no lo es. ¿Qué sentido tendría la luz si no reconoces tus tinieblas? ¿Qué sentido tendría el perdón si no tienes pecado que confesar, o la misericordia si sientes que lo mereces todo? El evangelio no te deja en tu condición caída: te muestra la salida.
David: cuando se intenta cubrir el pecado
Dios había hecho con David un pacto eterno: de su descendencia vendría un Rey que reinaría para siempre. Pero «aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab… pero David se quedó en Jerusalén». No estaba donde le correspondía estar. Desde el terrado vio a una mujer muy hermosa. Preguntó quién era, y le dijeron: «Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo». Eran amigos de David, de sus valientes. Aun así, envió por ella, y durmió con ella. Ella quedó embarazada.
El pecado siempre te lleva más lejos de lo que pensabas ir, y te cuesta más de lo que querías pagar. Y cuando el corazón peca, quiere cubrirse, porque le importa su reputación. David mandó traer a Urías del frente de batalla y le dijo que fuera a descansar a su casa con su esposa, para que el niño pareciera suyo. Pero Urías, cuyo nombre significa «Dios es mi luz», no fue: «El arca e Israel y Judá están bajo tiendas… ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer?». Entonces David lo embriagó, y ni así.
Urías no podía estar en casa mientras los suyos estaban en batalla; David sí se había quedado en el palacio. Pregúntate: ¿dónde estás llamado a estar, y dónde estás realmente? Si estás llamado a estar con tus hijos, con tu cónyuge, en tu lugar de servicio, y no estás allí, ¿dónde estás, y qué estás haciendo? Muchos pueden mirar atrás y preguntarse qué estaban haciendo mientras algo se derrumbaba en su familia.
Al final, David escribió una carta a Joab: «Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera». Y la envió por mano del mismo Urías. Mientras tanto, en el palacio no pasaba nada: todo parecía tranquilo. Hay momentos en que las partes más oscuras de una vida están ocurriendo, y a la vista de todos no pasa nada. «Mas esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová». No importa que nadie lo sepa, ni que seas el rey, el padre, el líder o el gerente: Dios lo ve.
La luz llega con cuidado y con verdad
Dios envió al profeta Natán. Le contó a David la historia de un hombre rico, con muchas ovejas, que le quitó al pobre su única corderita. David se encendió en ira: «Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte». Y Natán le dijo: «Tú eres aquel hombre». Qué fácil es indignarte por el pecado ajeno sin ver el propio. Dios usa al prójimo como espejo para mostrarte lo que no quieres ver.
Versículo clave
«Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl»
2 Samuel 12:7
David pudo haber seguido escondiéndose, pero se quebrantó: «Pequé contra Jehová». Y escribió: «Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia… Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio». La luz de Dios no vino para destruirlo, sino para restaurarlo. Hubo consecuencias, pero también hubo gracia.
Sansón: misericordia sin santidad
Sansón nació con un propósito claro: comenzar a salvar a Israel de los filisteos. Pero quiso casarse con una mujer filistea solo porque le agradaba, y sus padres vieron que algo no estaba bien. Dios lo usaba; pero que Dios te use no significa que todo esté bien en tu vida. Puedes ver la misericordia de Dios obrando y, al mismo tiempo, estar descuidando la santidad.
Después de una gran victoria, Sansón clamó con sed: «Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed?». Con Dalila jugó una y otra vez con el secreto de su fuerza, hasta que se lo reveló. Y cuando ella gritó «¡Sansón, los filisteos sobre ti!», él pensó que saldría como las otras veces; «pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él». Le sacaron los ojos y lo pusieron a moler en la cárcel.
De la tragedia a la gracia
Lo que parecía destinado a ser una tragedia se volvió una historia de gracia. Sansón, ciego y encadenado, oró: «Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez». Y Dios fue fiel al llamado que le había dado. También cumplió su pacto con David: de su descendencia vino Jesús, y en la genealogía de Jesús aparece Betsabé. Solo la gracia de Dios escribe así.
«Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz».
Versículo clave
«Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz»
Efesios 5:8
Antes eras oscuridad; pero Jesús resolvió en la cruz el problema del pecado, y te dice que eres luz del mundo. La luz de Dios no busca solo cambios por fuera, sino en tu corazón, tu carácter, tu forma de pensar y de vivir. Con David puedes orar: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón». Deja que su luz alumbre tus áreas oscuras, y recibe su gracia.
Referencias bíblicas
- Marcos 2:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 11:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 11:14-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 11:26-27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 12:5-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 13:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 15:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 16:20-21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 5:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 4:16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 18:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 12:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


