Dios te está llevando a un nuevo nivel de fortaleza. A mayor altura, mayor resistencia, porque los vientos de arriba no son los mismos que los de abajo. Esa fortaleza no llega de forma automática ni sin procesos. Hay tres áreas en las que Dios quiere hacerte crecer: resistencia, gozo y fe.
Entre la promesa y el cumplimiento hay un proceso
En toda la Biblia se repite el mismo patrón: Dios da una palabra, hay un proceso, y después viene el cumplimiento. A Abraham le prometió una descendencia incontable, pero hubo un largo tiempo de esterilidad antes de que naciera Isaac. Israel salió de Egipto rumbo a la tierra prometida, pero tuvo que cruzar el desierto. José recibió un sueño, fue despojado de su túnica y pasó años oscuros, antes de llegar a ser el segundo en Egipto.
A veces quieres la promesa sin el proceso, pero es allí donde Dios forma personas resistentes. Los desiertos, las pruebas y las adversidades no son un desvío: son el camino por el que Dios te hace más fuerte. Si hoy estás en medio de un proceso, estás de paso: Dios te está haciendo resistente.
1. Resistencia: menos temor, más confianza
«Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado». Primero hubo una palabra. Cuando Dios te da una promesa, también te da la fe para verla cumplida; lo que será probado es esa fe. «Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca». Para pasar a otro nivel, a veces hay que dejar a la multitud: amistades, influencias, ambientes. Dios separa para llevarte a donde solo puedes confiar en lo que él dijo.
«Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?». Sí, le importa. A Dios le importan tus lágrimas, tu tristeza, tu preocupación y tu frustración, porque te ama con amor eterno.
El problema no es sentir temor, porque todos lo sentimos. El problema es lo que decides con lo que sientes. El temor te presiona para que tomes malas decisiones, te lleva a la desesperación y se convierte en un tormento mental. Cuando Nehemías reconstruía el muro, sus enemigos le enviaron cartas llenas de mentiras para atemorizarlo y hacer que dejara la obra. Cuando estás construyendo lo que Dios te mandó, el enemigo querrá meterte en la casa del miedo para paralizarte. Y el temor apaga el fuego que Dios encendió en ti; por eso Pablo le escribió a Timoteo: «Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti… porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía».
«En el día que temo, yo en ti confío». La palabra no dice que nunca sentirás miedo, sino qué hacer cuando llegue: confiar. Jesús dijo: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Aliméntate de los versículos que hablan del temor, porque «el perfecto amor echa fuera el temor». Cuando estás lleno del amor de Dios, el temor no tiene lugar.
Versículo clave
«En el día que temo, Yo en ti confío.»
Salmos 56:3
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia». Ese es el compromiso de Dios contigo. A ti te toca confiar; él hace el resto.
Versículo clave
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.»
Isaías 41:10
Jesús «se levantó, y reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza». ¿Por qué no lo hizo antes? Porque estaba formando discípulos resistentes. Lo más importante no es que la tormenta pare, sino que no entre en tu interior. El antídoto del temor es la confianza, y la confianza es la atmósfera de la fe. Donde hay una atmósfera de fe, en tu casa, tu trabajo, tu carro, Dios está listo para obrar.
La obediencia te pone bajo su cobertura
«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros». Sin obediencia no hay resistencia. La obediencia es como meterte debajo de un paraguas: no evitas que llueva, pero sí evitas mojarte. Cuando te sometes a Dios, él te cubre; y el enemigo huye, no porque te vea a ti, sino porque ve al Dios que te respalda.
Obedecer no es fácil: es dejar de hacer las cosas a tu manera para hacerlas a la manera de Dios. Todos tenemos un grado de rebeldía. La rebeldía busca caminos alternos; la obediencia reconoce que hay un solo camino, Jesús. Con tus fuerzas no puedes: necesitas la ayuda del Espíritu Santo. Jesús, «por lo que padeció aprendió la obediencia», y por haber sido obediente hasta la muerte, pudo lanzar en la cruz un grito de victoria.
2. Gozo: la fuerza que te sostiene
«No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza». Cuando pierdes el gozo, pierdes la fuerza, y el enemigo gana ventaja. El gozo genuino no depende de que las cosas salgan como quieres, sino de la certeza de que Dios está contigo pase lo que pase. «Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él». Dios hizo el día; tú decides si vivirlo con gozo. La tristeza prolongada te oprime hasta convertirse en desánimo, y cuanto más profundo, más cuesta salir. Ríndete a Dios y deja que su gozo te inunde.
Un gran ladrón del gozo es la preocupación: darle vueltas a posibles resultados negativos sin poder hacer nada al respecto. No resuelve nada; solo crea caos en tu mente, te nubla la vista y te impide disfrutar lo que tienes. Entrega a Dios lo que no puedes controlar.
Todo pasa. «En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro… sea hallada en alabanza, gloria y honra». Las pruebas muestran que tu fe es auténtica, como el fuego purifica el oro. Una fe auténtica no repite lo que oye: confía de corazón.
3. Una fe que crece y ensancha tu camino
La duda te hace pequeño, y cualquier cosa te saca del camino. Cuando le crees a Dios, creces, y contigo crecen tus planes y tus sueños. Primero se cree, y luego se crea. La fe de David creció, y Goliat dejó de parecerle tan grande. «¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?». Ponte de acuerdo con lo que Dios dice, y cada paso de fe te dará más claridad y sabiduría.
Cuando le avisaron a Jairo que su hija había muerto, «Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente». No hagas caso de la mala noticia: cree. Jesús «os bautizará en Espíritu Santo y fuego». Así como Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron echados atados al horno y salieron sueltos, el fuego de Dios quema lo que no sirve: el temor, la preocupación, la tristeza y la incredulidad. Sube con él a un nuevo nivel de fortaleza.
Referencias bíblicas
- Marcos 4:35 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 56:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 41:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Santiago 4:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 118:24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Amós 3:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Marcos 5:35 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 118:8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 3:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


