Hay desafíos que te invitan a dar saltos de fe. Con Moisés, el pueblo se movía cuando se movían la nube y la columna de fuego. Con Josué, Dios comenzó a guiar de otra manera: era tiempo de iniciativa, siempre de acuerdo con su palabra y sus principios. Por la fe, otros conquistaron reinos, taparon bocas de leones y apagaron fuegos impetuosos. Hoy mira a Ezequiel.
El comienzo del milagro: un corazón receptivo
Antes del valle de los huesos secos está Ezequiel 36: un pueblo cautivo y la promesa de Dios: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne». El problema no estaba solo afuera, en la esclavitud, sino también adentro: el pueblo necesitaba un corazón receptivo. El cambio comienza allí, antes de que se manifieste el milagro del valle.
Versículo clave
«Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.»
Ezequiel 36:26
Con el corazón se cree, y de la abundancia del corazón habla la boca. Cuando el corazón se endurece, aparecen palabras amargas y un lenguaje aferrado a la terquedad y a las excusas. Todos somos humanos; a veces nuestro propio corazón nos engaña, y hay áreas que necesitan renovación. ¿Qué estás expresando? ¿Qué estás dejando que abunde en tu interior?
No es lo mismo salir con un carro nuevo que salir con un corazón nuevo. El vehículo recién estrenado no resuelve la dureza interior, y las posesiones pueden costar amargura. Es mejor ir a pie con un corazón renovado que tener un carro nuevo y un corazón endurecido. Dios puede añadirte cosas, pero el gozo no nace de ellas, sino de Dios, que sana el corazón. Hoy es un día de sanidad y bendición.
No conviertas la expectativa de un milagro externo en tu único horizonte. Sin un corazón receptivo no puedes ejercer fe como corresponde, y la fe viene por el oír la palabra de Dios. La adversidad puede detenerte a ti, pero no puede detener la palabra de Dios. Recibe esa palabra en tu interior y deja que confronte tus áreas endurecidas, en lugar de responder automáticamente: «Eso no es para mí».
«Pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra… y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios». El pueblo habitaría en las promesas de Dios, pero algo era aún más grande: Dios mismo habitaría en su pueblo. La iglesia es pueblo de Dios, nacido de arriba, sin importar dónde naciste geográficamente. Tu salvación y tu dependencia tienen su fuente en Dios.
La provisión de Dios y las preocupaciones
«Os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre». Dios es creador y proveedor, capaz de hacer lo que parece imposible. La preocupación no hace desaparecer las dificultades: consume tus fuerzas en batallas que quizá nunca tendrás que enfrentar y te deja sin fuerzas para las que sí.
Dios alimenta a las aves y viste las flores del campo; tú vales mucho más que ellas. Cada pájaro que ves es alimentado por Dios. Si te preocupan tu familia o tu futuro, confía en que Dios proveerá en lugar de gastar tus fuerzas en batallas innecesarias. Pero distingue esas preocupaciones de las luchas interiores que sí necesitan tu atención.
Si llegaste con amargura o angustia, puedes salir con un corazón renovado y un espíritu nuevo. No sabes exactamente a dónde te llevará Dios, pero prepárate para un salto de victoria. El calendario de Dios es perfecto. Sé receptivo a lo que Dios ha dicho, aunque lo que ves en tu vida parezca distinto. Un corazón tierno puede creer lo que Dios dijo sin negar la realidad que tiene delante.
En el valle: la mano y el poder de Dios
«La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos». Ezequiel significa «Dios fortalece»: pide fortaleza. El esfuerzo antecede a la valentía. A Josué, Dios le dijo: «Esfuérzate y sé valiente».
El valle estaba seco, pero el poder de Dios estaba con Ezequiel. Un lugar difícil no prueba que Dios se haya ido. No es el lugar donde estás, sino el Dios que está contigo en el lugar donde estás. ¿Cuáles son tus huesos secos? La mano de Dios puede estar sobre ti allí mismo. El cautiverio era real, pero no podía limitar lo que Dios podía hacer.
¿De qué estás lleno: de los huesos secos que te rodean, de ansiedad y angustia, o de la palabra de Dios? Hay circunstancias fuera de tu control, pero no fuera del control de Dios. Quizá cometiste errores, y esa realidad no desaparece. Pero hay una verdad mayor: las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Pide perdón, ponte a cuentas y no dejes que la condena de otros te impida levantarte. Puedes estar atravesando las consecuencias de un error y, a la vez, recibir la misericordia de Dios y prepararte para un nuevo tiempo.
La diferencia no la marca lo que te rodea, sino lo que permites que te llene. Las distracciones dificultan oír la palabra de Dios. No se trata solo de empezar de nuevo una y otra vez: Dios te da un corazón y un espíritu nuevos con un propósito, para recibir su palabra y creer por un nuevo final. Guarda tu corazón, porque de él mana la vida. Pueden llevarse lo que guardas en una caja fuerte, pero no lo que Dios sostiene en tu corazón.
«Me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera». A la izquierda, al frente, atrás y a la derecha: la misma escena. Así pueden verse tus finanzas, tu matrimonio, tus decisiones, una adicción o una enfermedad. La vida puede sorprenderte, pero Dios también. Fe es seguir siendo «sorprendible» a pesar de lo que estás viviendo.
A veces, mientras algo muere a tu alrededor, algo nace en tu interior. Tu relación con Dios te enseña que él no falla y sostiene a quienes confían en él. Lo que estaba a tu alcance quizá ya no puede sostenerte, pero Dios sí. Aunque el panorama parezca malo en todas direcciones, mantén tu posición en Dios.
La tensión no cancela la confianza
Seguir a Cristo no significa vivir sin tensión. Vendrán momentos difíciles. La tensión es como la de levantar pesas: incómoda, pero hace crecer. Así crecen tu carácter y tu potencial. No es agradable, pero en ella se manifiestan verdades grandes y conoces mejor a Dios.
Quizá esperaste algo durante el año y no lo has visto, pero Dios te ha sostenido hasta hoy. Sigues en el calendario de Dios: estás vivo y adorando. Da un salto de victoria aunque todo parezca adverso. Ezequiel recorría un valle de huesos, pero la mano de Dios lo cubría. La situación podía salirse de sus manos, pero no de las de Dios, que da órdenes al trigo y lo multiplica.
«Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida». ¿A David le salía todo bien todos los días? No. Las dificultades no significan que el bien y la misericordia de Dios hayan dejado de acompañarte. Goliat era más grande que David, pero no más grande que Dios. David sabía quién era su Dios. Cree por un nuevo final, aunque la adversidad parezca ir en contra.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay: tu mirada alcanza la eternidad. Madurar en Dios es soltar lo que creías que podía sostenerte para recibir lo que verdaderamente te sostiene. Celebra que Dios te ha sostenido hasta hoy, aunque las cosas no hayan salido conforme a tus planes. Él te sostuvo cada segundo, cada minuto, cada hora y cada día.
Responsabilidad, palabra y unidad
«Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?». Ezequiel respondió: «Señor Jehová, tú lo sabes». Dios es soberano; tú eres responsable. Dios tiene el final de la historia, y el final es de victoria.
Dios le ordenó a Ezequiel profetizar a los huesos. Imagina a la gente mirándolo hablar en medio de un valle de huesos. Pero Ezequiel dijo lo que Dios le ordenó, y mientras profetizaba hubo un ruido, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Hablar lo que recibes de Dios te posiciona para la victoria: la palabra de Dios llega más allá de lo visible.
No pienses que solo un profeta o un pastor puede hablar la palabra de Dios. Pregúntale a alguien cercano qué valle está atravesando y compártele una palabra bíblica. Ante una enfermedad: por su llaga fuimos nosotros curados. Ante una necesidad económica: Dios llama al trigo y lo multiplica. Ante un matrimonio en crisis: Dios puede restaurarlo. Ante una adicción: Dios puede liberar. Ante un corazón endurecido: Dios da un corazón y un espíritu nuevos.
Ora por la persona que tienes al lado; si no puedes hacerlo ahora, llama a alguien más tarde. Los huesos se juntaron: donde hay unidad hay avivamiento. Únete a la iglesia durante la semana para creer por milagros, y sigue orando por esa persona, aunque no sepas su nombre.
Dios tiene el final de la historia
Ezequiel profetizó como se le mandó, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en gran manera. De huesos secos a un ejército. No llames muerto a lo que Dios no ha terminado: solo Dios firma el final de la historia. Ese cambio de extremo a extremo es obra de Dios, no de las fuerzas humanas.
Versículo clave
«Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.»
Ezequiel 37:10
Recibe un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Confía en Dios como tu proveedor. Deja de gastar tus fuerzas en preocupaciones innecesarias; ocúpate de adorarlo y buscarlo, y enfrenta las áreas interiores que no has rendido. Quizá llevas mucho tiempo en un valle de huesos secos: alza la mirada y pide a Dios un corazón receptivo. Las circunstancias externas no pueden detener al Espíritu de Dios que está dentro de ti. El final pertenece a Dios.
La preocupación drena tus fuerzas; Dios alimenta a los pájaros y llama al trigo. Emplea tus fuerzas en adorar y buscar a Dios. Lo que parece una prueba es entrenamiento. Ora con fe: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador».
Referencias bíblicas
- Ezequiel 36:26-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 37:1-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 10:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 4:23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 23:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 36:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 37:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


