Para dar un gran salto, un atleta necesita ejercitarse. Nadie salta largas distancias sin práctica. Lo mismo pasa con la fe: la palabra de Dios te ayuda a ejercitarla. Vienen desafíos tan grandes que te llevarán a dar saltos de fe que no imaginabas. Si los desafíos fueran pequeños, no necesitarías a Dios; como son grandes, lo necesitas. No sabes qué pasará mañana, pero sí sabes que Dios ya te está esperando allí.
Lo que se alcanza por la fe
«¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros». No por la economía ni por la estabilidad del país, sino por la fe. Dios no necesita que cambie la economía para bendecirte y usarte para bendecir a otros. Por naturaleza eras injusto, pero por la sangre de Cristo fuiste justificado, y por la fe puedes ver justicia. Tu batalla no es para muerte, sino para que salgas más fuerte.
Versículo clave
«que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones»
Hebreos 11:33
Imagina que te invitaran a una reunión con leones sueltos: casi nadie iría. Pero por la fe, Daniel pudo estar entre ellos y decirles, por así decirlo: «Quietos». Las cosas de fe parecen una locura para quien no conoce a Dios. Lo bueno es que no estás solo: hay toda una iglesia que ha decidido creerle.
Fe para adorar, no solo para alcanzar
¿Quién tapó bocas de leones? Daniel. Cuando se decretó que nadie podía orar a otro dios, él abrió sus ventanas y oró tres veces al día, como siempre, sin intimidarse. ¿Quiénes apagaron fuegos impetuosos? Sus amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego. El horno se calentó siete veces más, y los soldados más fuertes que los arrojaron murieron solo al acercarse. Pero dentro del horno, el rey vio a cuatro hombres paseando, «y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses». Salieron sin olor a humo. El mismo fuego que a unos consume, a otros los impulsa.
Fíjate en algo: ni Daniel ni sus amigos estaban usando su fe para conseguir una casa o un auto, que no es malo pedir. Ejercían su fe para adorar a Dios, aunque el costo fuera el foso o el horno. Eso es otro nivel. Dijeron: «Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo… Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses». No negociaron con lo visible, ni se arrodillaron con una rodilla ante la estatua y con la otra ante Dios. No te rindas ante la necesidad; ríndete ante el Dios que suple toda necesidad. Daniel terminó prosperado, y sus amigos, honrados.
Quizá hoy sigues en necesidad, esperando algo que todavía no llega. Puedes seguir pidiendo, pero no condiciones tu adoración a la respuesta. Una iglesia cuyos saltos de fe no son solo para alcanzar cosas, sino para adorar a Dios en cualquier circunstancia, es una iglesia que no se dobla ante la presión. Esa adoración envía un mensaje al cielo: «Te sigo porque eres Dios, no solo por lo que me das».
Fe para rehusar
«Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón». Tienes fe para alcanzar muchas cosas; ¿tienes fe para renunciar a otras? Moisés vivía como un príncipe: lo bañaban, vestía túnicas finas, viajaba en carruajes, comía banquetes. Renunciar a lo que la mayoría anhela es uno de los saltos de fe más grandes de la Biblia.
Versículo clave
«Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón»
Hebreos 11:24
El pecado da placer, pero es temporal: siempre te deja vacío. Dios no te creó para vivir sin gozo: hay placeres legítimos, como disfrutar del matrimonio, reír con los amigos o un pasatiempo sano. Lo que no puedes es pecar. Busca placeres que no te aparten del propósito eterno. Moisés rehusó sin detenerse a contemplar: el problema es que primero contemplas el pecado, y después lo haces. Y si tus amigos encuentran placer en lo que destruye tu propósito, aléjate, porque terminará siendo tu placer también.
Moisés consideró mayor riqueza a Cristo que todos los tesoros de Egipto. Quien lo ha tenido todo y no tiene a Dios descubre que, al final, no tiene nada. Por la fe puedes construir una casa, pero un hogar lo construye Dios. Por la fe puedes levantar negocios; la pregunta es si te dejarás construir por Dios.
Siempre habrá quien te diga: «Solo se vive una vez; aprovecha; no seas tan religioso». Pero quien ha experimentado a Dios ha encontrado el tesoro más grande, y lo demás pierde su brillo. Has dado saltos de fe para alcanzar muchas cosas; hoy puedes dar uno para dejar lo que te estorba.
Sostenido por el Invisible
«Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible». Todo lo que se veía decía que Egipto podía sostenerlo: oro, plata, abundancia. Pero a Moisés lo sostenía el Invisible. ¿Por qué sigues buscando que te sostenga lo que nunca podrá sostenerte? Los que le creen así a Dios parecen locos, como aquellos doce discípulos que trastornaron el mundo. El camino es angosto, y pocos quieren pasar por él.
Moisés vio la promesa, a Cristo, antes de que viniera. Hoy Jesús ya vino, murió, resucitó y está a la diestra del Padre. El Invisible te sostuvo esta noche mientras dormías; si amaneciste, es porque tiene un plan contigo. Le aplaudes y lo alabas sin verlo, porque es más real que todo lo que ves. Y con paciencia te dice: «Es tiempo de dejar lo que no has podido dejar, porque te está golpeando y no te deja disfrutar lo que alcanzas por la fe».
Cuando Moisés murió, Dios mismo lo sepultó, y nadie supo dónde, para que no hicieran de su tumba un ídolo. Dios te creó para adorar, no para idolatrar. Todo lo visible es temporal; la promesa invisible es el mayor tesoro. Da saltos de fe para alcanzar, para adorar y para dejar Egipto, sostenido por el Invisible, el Dios Todopoderoso.


