EN Oración
Serie Saltos de fe

Salta ahora: decisiones de fe en tiempos difíciles

Los grandes desafíos son grandes oportunidades para dar saltos de fe. Por la fe Rahab no pereció, y una decisión suya alcanzó la genealogía de Jesús. Gedeón tuvo miedo, pero bajó al campamento y descubrió que el enemigo temía a su Dios. Barac enfrentó novecientos carros de hierro, y los cielos pelearon a su favor. No esperes a tenerlo todo asegurado: salta ahora.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
52 min

Hay decisiones que no pueden esperar: saltos de fe que debes dar ahora. Quizá estás atravesando un momento complicado. Pero los grandes desafíos son grandes oportunidades para dar saltos de fe. La Biblia muestra que en los momentos más difíciles, aun para naciones enteras, Dios hizo sus mayores milagros.

Por la fe, Rahab no pereció

«Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz». Jericó estaba a punto de ser destruida, y seguramente había personas con mejor reputación que Rahab, pero no tuvieron fe. Hay quienes se prostituyen por dinero, por poder, por placeres o por fama; solo Dios conoce el corazón, y bueno solo hay uno. Esto no significa que la conducta no importe: Rahab dio un salto de fe hacia la obediencia, y su vida comenzó a transformarse. Reconoció lo malo en ella y lo bueno de Dios. Cuando obedeces, no le haces un favor a Dios: la mayor bendición es para ti.

Versículo clave

«Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.»

Hebreos 11:31

Rahab escondió a los espías aunque sus vecinos la criticaran, reconoció que el Dios de Israel era el verdadero, y pidió que se acordaran de ella y de su familia. No imaginaba el salto que estaba dando. Luego se casó con Salmón, y fue madre de Booz, que se casó con Rut. Dios interrumpió la historia con dos mujeres extranjeras, una prostituta y una viuda moabita, y las injertó en el linaje de Jesús. Su salto fue tan grande que su nombre pasa de Josué a la genealogía de Mateo y a la lista de la fe en Hebreos. Tú también fuiste injertado: eres linaje escogido.

No sabes hasta dónde puede llegar tu salto de fe. Quizá un día tus bisnietos cuenten: «Un domingo nuestra bisabuela recibió a Cristo, y todo empezó a cambiar». No todo cambió ese día, pero todo comenzó ese día. Hay cosas que no empiezan hasta que tomas la decisión. Rahab pudo haber negociado con su gente para salvarse; no se conformó con lo temporal, escogió lo eterno, y Dios la sorprendió con una herencia que nunca imaginó. Esta semana puede estar llena de malas noticias, pero hay mejores noticias, firmadas con la sangre de Cristo. Empiézala por fe y termínala con fe.

Gedeón: avanza con todo y miedo

Gedeón sería el último que muchos escogerían: «Mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre… ¿Dónde están todas sus maravillas?». Pero Dios le dijo: «Varón esforzado y valiente… Ve con esta tu fuerza». Su potencial estaba atrapado por la queja y la amargura, en las manos equivocadas; en las manos de Dios, sería un instrumento de victoria. ¿Y si todo lo que has vivido fue preparación para el propósito de Dios en tu vida?

«Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán». Dios no le reprochó su miedo: le dijo que bajara precisamente al campamento de los que temía. Es válido tener miedo; lo que no es válido es dejar de avanzar. Allí, Gedeón oyó a un madianita contar un sueño, y descubrió que el enemigo estaba aterrado de su Dios. Aquello que tú temes, teme a Dios, y él está contigo.

Versículo clave

«Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento»

Jueces 7:10

Gedeón empezó con treinta y dos mil hombres y terminó con trescientos, armados con trompetas, cántaros y antorchas. El mensaje era claro: tu mayor arma es tu fe. No es por tu estatura, tu apariencia, tu inteligencia ni tu apellido: es por la fe. Ponte en las manos correctas: en las manos de los madianitas, Gedeón se escondía para proteger un poco de trigo; en las manos de Dios, venció a un ejército.

Todos somos herramientas en las manos de Dios. La salvación la da él, pero te usa para hablar de ella. Una herramienta solo sirve en las manos correctas: no te pongas en las manos de las malas noticias, sino en las de las buenas noticias. Imagina lo que puede pasar contigo en las manos de Dios.

Barac y los dioses nuevos

Israel volvió a adorar dioses ajenos, y vino la opresión: «Sísara tenía novecientos carros herrados, y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años. Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová». Tú también puedes inventar dioses nuevos: el dinero, el trabajo, aun tu cónyuge. El trabajo es un medio, no un dios; tu pareja es una bendición y un complemento, no tu dios, y no puede darte lo que solo Dios da. Lo que conviertes en dios no puede liberarte ni sostenerte. Y el enemigo no tiene piedad: no le abras ninguna puerta.

«Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia». Eres un instrumento de victoria, comprometido por completo, no a medias. Quien tiene tu corazón tiene tu vida, y solo Dios debe ser su dueño. Débora juzgaba a Israel bajo una palmera: no importa la posición, sino el Dios que está contigo. Es preferible estar bajo una palmera con Dios que en un palacio sin él.

«Desde los cielos pelearon las estrellas; desde sus órbitas pelearon contra Sísara. Los barrió el torrente de Cisón». Un torrente inmovilizó los novecientos carros. Israel no tenía carros ni armas comparables, pero tenía a Dios. «Marcha, oh alma mía, con poder».

Los cielos pelean por los que saltan

Tu alma quiere tenerlo todo asegurado antes de dar el paso. Dios te da el sueño, pero no te cuenta el proceso; y en el proceso se forma tu carácter. A veces el salto consiste en dejar un trabajo seguro para seguir el llamado de Dios, sin tener todo resuelto. Esperar a que todo esté lleno para animarte no es fe, sino comodidad. Tu alma te dirá: «Es imposible; ¿en qué me metí?». Recuérdale que mientras crees que nada pasa, los cielos están peleando y Dios respalda su palabra.

Dios no saltará por ti: tú tienes que decidir saltar, y él te respaldará. Y cuando sientas que caes al vacío, él te sostiene. Todo puede desmoronarse, pero sus hijos no quedarán abandonados. Salta ahora. No mañana, no cuando todo esté claro: ahora. Hoy puede ser el día en que comience una historia que tus generaciones contarán, la historia de alguien que se atrevió a creerle a Dios en medio de un tiempo difícil.

Referencias bíblicas