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Viene un tercer día: el poder de la resurrección de Jesús

Mira más allá del sufrimiento presente: la muerte no pudo retener a Jesús. Su resurrección sostiene la esperanza, nos llama a vivir como resucitados y nos anima a abrirle el corazón.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
18 min

Mirar más allá de lo que duele

Mientras viajaban juntos por la región de Galilea, Jesús les dijo a sus discípulos que sus enemigos lo traicionarían y lo matarían, y que él resucitaría al tercer día. Al oírlo, los discípulos se pusieron muy tristes: acababan de escuchar que Jesús sería traicionado y moriría.

A veces vemos lo malo de lo que nos toca vivir y nos llenamos de tristeza, pero la palabra recuerda que hay un tercer día. En medio de lo que puedas estar viviendo, viene un tercer día para tu vida. Algunos siguen en el segundo día; otros ya están en el tercero. Hay algo que esperar más allá del dolor presente.

Pero Jesús también anunció el tercer día: dijo que resucitaría.

La resurrección, testimonio y esperanza compartida

Jesús resucitado se apareció a más de quinientos hermanos a la vez.

Jesús nos visita a todos a la vez. Cada persona, al volver a casa con quien haya llegado y del modo en que haya venido, puede experimentar la presencia de Jesús. Es una buena noticia que esa presencia pueda alcanzar a todos a la vez.

Versículo clave

«al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.»

Hechos 2:24

Jesús estaba limitado en su cuerpo; al resucitar, tú y yo podemos experimentar la presencia de Dios a la vez.

La muerte no pudo retener a Jesús

Hechos 2:23-24 dice que Jesús fue entregado conforme al determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, que fue crucificado por manos de inicuos y que Dios lo levantó, soltando los dolores de la muerte. Era imposible que la muerte lo retuviera.

Nada pudo retener al Señor Jesús: ni el dolor ni la traición. «¿Qué te está reteniendo hoy?». Aquello que se rinde a Jesús no tiene por qué retenerte de manera definitiva. «Hoy es un día para volver a reír»: recuérdale a quien tienes al lado que Jesús está vivo.

Los creyentes han sido resucitados juntamente con Cristo y, por eso, deben llevar la vida de personas resucitadas. Estábamos muertos en delitos y pecados, y ya no podemos seguir siendo los mismos. La resurrección no solo es motivo de esperanza ante la muerte, sino también un llamado a una vida transformada.

Algunos todavía están en el «segundo día» y otros quizá ya están en el «tercer día»; lo que vives no tiene que ser aquello que termine reteniéndote. Espera y confía.

Esperar en Jesús y orar por los enfermos

Orar por los enfermos forma parte de esa vida transformada.

La instrucción es poner las manos sobre los enfermos, y ellos sanarán. Pero no todas las personas sanan: Dios es soberano y conoce sus planes, aunque no podamos entenderlos. A quien ora le corresponde poner las manos y orar por todas las personas que pueda; si alguien no sana, eso no lo decide quien ora, sino Dios. Hay que orar, sabiendo que no se puede explicar ni controlar el resultado.

La esperanza ante la muerte y el llamado a vivir con prudencia

Cuando algo se vuelve inestable y no tenemos el control —como una fuerte turbulencia en un avión—, podemos aferrarnos mucho a esta vida. No es que no queramos volver a ver a nuestra familia, pero, si algo ocurriera, después de la angustia veríamos aquello de lo que tanto hemos hablado. Cristo vive y Dios es bueno. Y si alguien no ha muerto, todavía tiene propósito en la tierra, aunque esa enseñanza quizá no guste a todos.

Esa esperanza, sin embargo, no justifica la imprudencia.

Si Cristo no viene antes, vamos a morir; pero, aunque todos mueran, en Cristo viven. Eso no significa convertirse en personas imprudentes: pasar por los saltos y no respetar los semáforos, y luego atribuir a Dios haber llegado a cierto lugar. Dios podría responder: no fui yo quien te llamó; fue el resultado de tu imprudencia, hijo. Todavía no te tocaba. No uses un versículo para justificar esa conducta.

Vivir en Cristo es vivir con prudencia y responsabilidad.

Cristo, primicia de quienes han muerto

1 Corintios 15:20 dice que Cristo ha resucitado de los muertos y es primicia de los que durmieron. Fíjate en la palabra «ahora»: Cristo ha resucitado ahora. Repítela. Así como la muerte entró por un hombre, también por un hombre viene la resurrección de los muertos.

Versículo clave

«Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.»

1 Corintios 15:20

Pablo deseaba conocer a Cristo, el poder de su resurrección y «la solidaridad en sus sufrimientos». Quisiéramos quitar esa última parte, pero va junto con el deseo de hacerse semejante a Cristo.

Conocer el poder de su resurrección

Para Pablo, la resurrección no era una tradición: quería experimentar el poder que hay en la resurrección de Cristo. ¿Deseas tú experimentar ese poder? Exprésalo. Ese deseo incluye también la solidaridad en los sufrimientos y el anhelo de hacerse semejante a Cristo en ellos.

Nadie tenía que contarle a Pablo que Jesús había resucitado: él mismo había experimentado la presencia de Dios y al Dios vivo. La invitación es a experimentar a Dios, no a reducir la resurrección a una tradición repetida.

Unas mujeres se preguntaban: «¿Quién va a mover esa piedra?». Dios mueve piedras, una y otra más, y seguirá moviendo piedras en tu vida.

Confía en Dios: él mueve las piedras.

Los creyentes atraviesan sufrimientos, y cuando sufren también se parecen a Cristo, que pasó sufrimiento. Cristo interpretó el sufrimiento, y Pablo también lo estaba comprendiendo. Prepárate para experimentar el poder de la resurrección, aunque haya cosas malas que no entiendas.

El sufrimiento no tiene la última palabra: la tiene la resurrección.

Abrir el corazón a Jesús

Abre tu corazón a Jesús. No se trata de repetir palabras mecánicamente, sino de hacer una confesión: abrirle lugar en el corazón y tomar una decisión ligada a Jesús, que murió por ti.

Di, como confesión: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y mi Salvador. Hoy soy salvo, no por mis obras, sino por tu sangre». Amén. Confía en el Jesús resucitado, busca conocer el poder de su resurrección y recíbelo como Señor y Salvador.

Referencias bíblicas