No renuncies. Puede pasar el tiempo, mejorar tu economía y aumentar tu edad, y aun así seguir padeciendo las mismas dificultades y conservar conductas que no has podido cambiar. El año avanza y el tiempo vuela. Tener más años, dinero o conocimientos no significa haber crecido en Cristo. Si hay áreas que Dios te viene señalando desde hace tiempo y sigues estancado en ellas, no confundas el paso de los años con el crecimiento espiritual.
No renuncies a lo que Dios quiere hacer en tu vida: el que comenzó en ti la buena obra, la perfeccionará. Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y todas las detracciones. Te corresponde apartarte de esas conductas, pero no estás solo: la obra redentora de la cruz es tu esperanza.
Versículo clave
«Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación»
1 Pedro 2:1-2
No abandones el proceso porque volviste a fallar. No uses tus errores como razón para rendirte: enfrenta lo que alimenta la conducta que te hace daño. ¿Cómo recibirás la verdad si tu corazón sigue lleno de engaño? ¿Cómo reconocerás quién eres si te engañas a ti mismo? Deja de cubrir con razones lo que la verdad de la Palabra puede señalar y cambiar.
Una cosa es luchar contra un problema y otra fingir que estás haciendo algo al respecto. Todos tenemos algo que afrontar, que no puede seguir dañando nuestra conducta, nuestro propósito o nuestra vida. Háblalo y pide ayuda cuando no sepas qué hacer. La iglesia es una comunidad para crecer juntos, no un lugar donde cada uno tiene que ocultar su lucha.
Dios te sigue amando a pesar de tus malas conductas. Eso no es permiso para quedarte igual: tus conductas pueden dañar tu vida, tu familia y tus generaciones. Pero su amor te permite buscar un nuevo nivel de compromiso. Habla con honestidad de lo que atraviesas y recibe ayuda para avanzar.
Crecer con hambre de la Palabra
Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. Un bebé con hambre parece querer más de lo que recibe: si le agrandan el orificio del biberón, se toma todas las onzas en un minuto y vuelve a dormirse. Así de intenso debe ser tu deseo por el alimento espiritual.
No alteres ni manipules la Palabra para acomodarla a tu conveniencia: sería como diluir la leche. Recíbela pura para crecer, madurar y permitir que se forme en ti el carácter de Cristo. La iglesia no está llamada solo a crecer en número —aunque anhelamos que muchos conozcan a Cristo—, sino a crecer espiritualmente.
Pide ese alimento a gritos, como un bebé que llora de hambre. Apartar tiempo para recibir la Palabra es la mejor inversión de tu semana: nadie te la quitará. Buscar a Jesús solo por una necesidad no es lo mismo que seguirlo para ser transformado. La salvación trae plenitud, y Jesús puede salvarte también de la ignorancia de la Palabra.
Cristo es la piedra viva, la principal del templo de Dios. Aun quien lleva muchos años estudiando teología, con consejeros de fruto e integridad, sigue descubriendo cosas nuevas en las Escrituras. Estudiar durante años no elimina el hambre de la Palabra: ella sigue ofreciendo algo nuevo a quien se acerca con hambre.
Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa. No vivas buscando aceptación en todas partes. El rechazo duele, pero es una oportunidad para que se forme en ti el carácter de Cristo. Ya eres acepto en el Amado. Tu responsabilidad es despojarte de las conductas que impiden que ese carácter se forme.
Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual. El templo verdadero no es el edificio donde nos reunimos, sino las personas. Saluda a quien está a tu lado: Dios puede usar a esa persona para edificar la comunidad. La transformación lleva tiempo, y no siempre comprendemos cómo trabaja Dios.
Dios usa a quienes otros menosprecian. Rahab, la prostituta, recibió en su casa a los espías, que quizá le hablaron de Dios, y ella pidió que la salvaran a ella y a su familia. No menosprecies a quien llega por primera vez a la iglesia: la Palabra puede entrar en su corazón y comenzar a cambiar su vida.
Pedro escribe que somos sacerdocio santo y que Cristo es la piedra angular. Pero este es el Pedro que negó a Jesús tres veces y que, sintiéndose mal, se fue a pescar. Jesús resucitado lo esperaba con comida y le preguntó si lo amaba. La voz de la acusación pudo haberle dicho que ya no servía para continuar, pero la misericordia de Jesús fue mayor.
«El que creyere en él, no será avergonzado». «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios». El Pedro que negó a Jesús ya no era el mismo: fue formado y pudo enseñar estas palabras sin que sus errores pasados tuvieran la última palabra sobre su vida.
Versículo clave
«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable»
1 Pedro 2:9
Vivir como posesión exclusiva de Dios
¿Qué significa pertenecer a Dios en la vida cotidiana? En el trabajo, si te ofrecen algo incorrecto, puedes decidir no aceptarlo, porque el dinero no debe poseer tu vida. En el noviazgo, si te piden intimidad como prueba de amor, responde con respeto y honradez: perteneces a Dios, y no dejas que un deseo gobierne tu conducta.
Si eres soltero, este tiempo es una oportunidad para formar el dominio propio y corregir conductas. Tus deseos no deben poseerte. Hay deseos legítimos y deseos ilegítimos: desear a tu propia pareja no es lo mismo que desear a quien no lo es. En momentos bajos o frustrantes, la mente busca una salida rápida; pero las penas no se ahogan, nadan. Examina tus deseos a la luz de lo que Dios permite y apártate de lo que perjudica tu vida, tu familia y tus generaciones.
Os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma. No todo deseo es malo, pero discierne cuáles son legítimos. No construyas tu vida según los valores y sistemas del mundo, y ten cuidado con lo que miras en las redes. Que los valores de la Palabra de Dios rijan tu vida, y no lo que ves por encima en esas plataformas.
Mantened buena vuestra manera de vivir entre los gentiles. Sé ejemplo para tu familia, tus hijos, tus hermanos, tus amigos y tus vecinos. Quizá ya das buen ejemplo en algunas áreas: espera que la Palabra transforme también aquellas donde todavía no lo das. No creas que porque naciste con una conducta no puedes cambiar: Cristo vino precisamente porque lo que no logras por ti mismo puede ser trabajado en tu vida mediante las decisiones que tomas.
Para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. Se habla mucho de los tiempos finales, y nadie conoce el día. No se trata de calcular una fecha, sino de vivir cada día con una conducta ejemplar y mostrar bondad a los demás. Que cuando Jesús venga, encuentre a su iglesia reflejando su carácter.
Dios forma el carácter en procesos difíciles
Quizá Dios no te está construyendo como esperabas. Redujo el ejército de Gedeón de treinta y dos mil a diez mil, y luego a trescientos, armados con cántaros y trompetas. Dios construye al revés de nuestras ideas: cuando no vemos aquello en lo que confiábamos, el carácter se forma al seguir creyendo. Que tu testimonio reconozca que Dios formó tu vida, no el sistema del mundo.
Dios no metió a José en la cisterna: fueron sus hermanos, aunque Dios usó esa situación. Después José fue encarcelado, y seguramente corrían rumores sobre él. No juzgues el proceso de nadie: quien parece estar en una situación confusa podría llegar a ser como José o como Job. En medio del proceso, mantén una conducta honorable.
Cuando alguien te critica con dureza, puedes quedarte callado en lugar de responder igual, llevar el asunto delante del Señor y practicar lo que dices creer. No prediques el domingo lo que no vives el lunes: responde con una conducta coherente, aun ante palabras que provocan una reacción.
Cuando el faraón llamó a José para que interpretara su sueño, José pudo haber aprovechado para defenderse de las acusaciones pasadas. Pero respondió: «No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón». José estaba preparado para gobernar Egipto, y nada de lo que Dios le diera llegaría a poseerlo. Que la iglesia, sin ser perfecta, esté enteramente consagrada a Dios en todas las áreas, también en los matrimonios.
No renunciar al proceso de Dios
¿Qué crees que te sostiene? Dios puede quitar de en medio aquello en lo que confiabas —el negocio, el trabajo, la salud o el apellido— para mostrarte que es él quien te sostiene. Despójate de lo que te impide crecer: la misericordia de Dios acompaña a quien no renuncia a la obra que él quiere hacer.
No renuncies a la obra de Dios; renuncia a la amargura, la frustración, el enojo y las conductas que atrapan tu vida. Dios quiere liberarte, pero necesitas decidir apartarte de lo que te impide avanzar. El precio no lo pagaste tú: lo pagó Cristo. Pídele a Dios que ordene cada área de tu vida y que, cuando Jesús regrese por su iglesia, la encuentre haciendo su voluntad.
No te rindas ni te detengas: abre tu corazón para que Dios continúe su obra. Es un proceso, y da gracias porque ya no eres quien eras antes. Llega con hambre de la Palabra y no pienses que el mensaje era para otro. Pedro era un hombre con defectos, pero dispuesto a ser edificado por Dios.
Abre tu corazón a Jesús, no como un acto mecánico: confesar con la boca incluye el corazón. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador. Persevera, despójate de lo que te impide crecer, aliméntate de la Palabra sin manipularla y deja que Dios forme tu carácter. No renuncies.
Referencias bíblicas
- 1 Pedro 2:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 1:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 7:2-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 37:23-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:14-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 21:15-17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 10:9-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 2:1-2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 2:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


