EN Oración
Serie Herederos

Gran gozo: Jesús, el Salvador y Señor

Las profecías anunciaron la venida de Jesús. Su nacimiento es un llamado a celebrar al Salvador, confiar en su misericordia y reconocer que él, el Cristo y el Señor, tiene el control.

Predicador
Josué Pascual
Publicada
Duración
31 min

No sabemos la fecha exacta del nacimiento de Jesús, pero celebramos que nació y que vive. Su venida fue anunciada en la Palabra por medio de diversas profecías, y hubo quienes se prepararon para recibirlo siguiendo las señales.

Las profecías y la promesa

«Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel». «He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel». «Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel». «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz».

El centro de la celebración no es la época ni una costumbre: es Jesús, el Príncipe de Paz, Dios. Las profecías eran promesas, y quienes las recibían podían prepararse para las señales. Recuerda qué celebras y reconoce a Jesús.

El anuncio a los pastores

Se promulgó un edicto de Augusto César para que todo el mundo fuese empadronado. José subió de Nazaret, en Galilea, a Belén, en Judea, con María su mujer, que estaba encinta. Estando allí, se cumplieron los días de su alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región que velaban de noche sobre su rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor.

Cualquiera, cuidando ovejas de noche, habría temido ante una luz intensa que de pronto le hablara. Pero el ángel les dijo: «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo». Ese gozo es la venida de Jesús, que trajo oportunidades, salvación, enseñanza, esperanza y vida.

¿Qué vieron los pastores: solo un bebé, unos pañales y un pesebre, o algo más? Fueron a Belén y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho, y volvieron glorificando y alabando a Dios. María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Después de encontrarte con Jesús, tu mensaje no debe ser común y corriente: comparte esperanza y vida, anuncia que hay una oportunidad y que la historia no termina ahí.

«Un Salvador»: misericordia y una nueva oportunidad

«Os ha nacido hoy, en la ciudad de David». La ciudad de David señala el cumplimiento de una profecía y de una promesa. No fue solo el nacimiento de un bebé en un pesebre: fue la prueba de que Dios cumple lo que promete. Si esperas una promesa de Dios, confía: se cumplirá.

«Un Salvador». Hay quien, sentado en una silla de plástico, le dice a Dios: «Si de verdad existes, necesito encontrarme contigo». Mira a su alrededor y nadie puede darle una buena noticia de esperanza. Siente un vacío en el corazón y necesita un Salvador. Y Jesús se le presenta de una manera distinta y le cambia la vida.

La buena noticia no es que todos los problemas desaparecerán ni que las circunstancias siempre cambiarán como esperas. Es que Jesús está contigo y puede salvarte: no es lo mismo atravesar situaciones inevitables solo que de la mano de Jesús. Si te equivocaste y te sientes indigno, este anuncio te ofrece una nueva oportunidad.

Versículo clave

«que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.»

Lucas 2:11

«¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados». Jesús te ofrece misericordia; no quiere seguir enojado contigo. Imagínate en una barca frente a Jesús, contándole tus pecados, tus errores y lo que arrastras de tus generaciones, y viéndolo arrojarlos a lo profundo del mar.

Versículo clave

«¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.»

Miqueas 7:18-19

Hay profundidades del mar a las que nadie ha llegado. No vayas a buscar lo que Jesús ya arrojó allí. Satanás te acusará y te recordará lo ocurrido, incluso lo del año pasado, y esos recuerdos pueden llevarte a lanzarte otra vez a lo profundo. Si te ha pasado, hoy es un buen día para volver a la barca y preguntarle a Jesús: «¿Me amas? ¿Me das una nueva oportunidad?».

No reduzcas la celebración a lo externo ni pases por alto que Jesús vino a salvar. Los pastores volvieron contando la noticia con alegría porque habían visto al Salvador. Vuelve a tu casa y a tu familia dando gracias a Dios y diciendo: «Jesús me salvó». Ese es el mensaje que hay que anunciar.

Cristo: en él sí podemos

«Que es Cristo». Cristo significa el Ungido. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Quizá hay cosas que no recibiste este año, pero en Cristo sí puedes. Si tus amigos, tu familia, tu jefe o un compañero de trabajo te han dicho que no puedes, no limites a aquel que todo lo puede. Quizá no lo logres por ti mismo, pero en Cristo sí.

Esto no es para un solo día: cada día reconoce que en Cristo puedes. Quizá has recibido pronósticos negativos de enfermedades, resultados o trámites. Quizá lees las noticias y te llenas de preocupación y afán por todo lo malo que ves. Pero con Dios hay esperanza, vida y oportunidad.

El Señor tiene el control

«El Señor». Él tiene el control. Pon tu mano delante, como si tuvieras el control, y suéltalo: el Señor tiene el control de tu vida, y tú no. Si te parece ridículo soltarlo con la mano, ¿cómo será soltar el control en tu corazón?

Quizá te preocupa que algo no pasó en la fecha que esperabas, y piensas que, si no se cerró entonces, ya no se hará. ¿Quién lo dice? Dios tiene el control. Querer que todo suceda a tu manera te impide celebrar verdaderamente a Jesús como Señor. Entrégale a Dios tus tiempos y reconoce que no lo controlas todo.

Jesús nació en un pesebre porque no había lugar en el mesón. Cualquier madre desearía un lugar mejor para tener a su bebé, y José también lo habría querido. Quizá María habría deseado estar acompañada de su madre o de su hermana, como suele ocurrir. Pero allí tenía a José y a Jesús.

Enfócate en lo que sí tienes. Estas fechas pueden traerte el recuerdo de familiares que ya no están o de personas que te rechazaron. No menosprecies esas ausencias, pero da gracias a Dios por quienes sí tienes y te acompañan. Si solo miras lo que falta, el año próximo seguirás quejándote y no disfrutarás lo que tienes. María se enfocó en Jesús: enfócate tú en él.

Los sabios y la importancia de Jesús

Los sabios de oriente no eran hechiceros, sino hombres que estudiaban y esperaban la señal. Tenían riquezas, como muestran sus regalos, y caminaron semanas. ¿Por qué lo dejaron todo? Porque les hacía falta una sola cosa: Jesús. Tengas lo que tengas, o llegues a tener lo que llegues a tener, Jesús es lo más importante. Reconocer que lo necesitas puede ser difícil, sobre todo si has alcanzado el éxito, pero los sabios te recuerdan la importancia de buscarlo.

Jesús reconcilia y se acerca

Jesús vino a reconciliarte con Dios: es el puente entre tú y Dios. Esa reconciliación alcanza también tu relación contigo mismo y con los demás. Si sales de casa después de discutir con tu esposa, en el camino al trabajo no te sientes bien contigo mismo, aunque intentes poner buena cara, ni tampoco con los demás. Si no estás bien con Jesús, no esperes que todo lo demás se arregle.

Jesús se sentaba con personas con las que otros no se sentarían. Jesús se sentaría contigo. Está presente y dispuesto a sentarse con quien se acerque. Aprovecha esa oportunidad: el Salvador, el Cristo y el Señor está contigo.

Una oración de esperanza y reconocimiento

Imagina una mesa con Jesús delante: el Salvador, el Cristo, el Ungido, el Señor que tiene el control. Termina el año reconociendo que Jesús es Señor y dándole gracias por tenerlo en tu vida, aunque te falten otras cosas. Si no te has sentido bien o has fallado, acércate y recibe la oportunidad.

Dale gracias a Jesús porque está contigo. Ora por tu familia, tu casa, tus sueños y las promesas que Dios te dio, y confía en que se cumplirán. Si te alejaste de Dios, acércate. Si llegaste sin esperanza, sal con esperanza. Si recibiste un pronóstico negativo, aférrate a la noticia de que Jesús vive, es Señor y tiene el control. Pide perdón por haber olvidado lo más importante: tu celebración no es lo que no lograste, sino tenerlo a él.

Ora: «Señor Jesús, hoy te reconozco como mi Cristo, como mi Señor. Perdóname si te he fallado, perdona mis pecados, mis ofensas. Te reconozco como mi Señor y mi Salvador». Celebra con esperanza y vida, y acércate a Jesús con confianza.

Referencias bíblicas