EN Oración
Serie Victory

Posición para la victoria

Recibe un corazón nuevo, escucha la palabra de Dios y toma decisiones desde una postura rendida a él, aun en medio de la tensión y la escasez, como Ezequiel en el valle de los huesos secos.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 12 min

«Posición para la victoria»: el Espíritu Santo está preparando los corazones para lo que viene.

La victoria comienza en el corazón

Ezequiel 36 es el punto de partida. Ezequiel fue profeta y su libro, aunque se dirigió al pueblo de Israel, conserva un mensaje vigente para quienes lo leen hoy.

Dios promete un corazón nuevo y un espíritu nuevo. La primera victoria ocurre cuando el corazón queda en la posición correcta: receptivo a lo que Dios quiere hacer. No es un cambio solo exterior, sino una obra interior. Una persona puede verse igual por fuera y, sin embargo, recibir algo nuevo por dentro.

Es fácil distraerse mientras se escucha la palabra; pero vale la pena volver a ella.

Muchas veces Dios nos pone en el lugar de proveer para otros cuando lo necesitan. Pero lo más importante sigue siendo el corazón.

Dios quita el corazón de piedra y da un corazón tierno y receptivo. ¿Está Dios hablando con claridad? La claridad puede sentirse fuerte porque a veces queremos que aquello que cuesta afrontar sea disfrazado y llamado amor; pero el llamado de Dios a examinar el corazón es amor de frente. El corazón puede ser terco y querer volver a lo mismo, gobernado por las emociones. Una señal de endurecimiento es dejar de ser receptivo al consejo o a la palabra recibida. Aquello que esclaviza el corazón termina gobernándolo: el odio, el rencor, la envidia.

Agua limpia, ídolos y una intención correcta

Antes, Ezequiel 36 promete agua limpia que lava la inmundicia: las cosas vinculadas al pecado que brotan de un corazón endurecido. El pasaje anuncia también que Israel dejará sus ídolos. Un homenaje es una demostración pública de admiración y respeto, y la imagen se aplica a aquello que puede ocupar el lugar de Dios en la vida.

Los diezmos y las ofrendas son una aplicación concreta. Dar puede ser una demostración pública de que el dinero no es tu dios y de que reconoces a Dios como proveedor. Pero no basta con el gesto: importa la intención. Una ofrenda puede ser recibida por la institución y no ser recibida en el cielo si se da sin un corazón alegre y con la intención incorrecta. Quizá tuviste muchas excusas para no congregarte; al dar con la intención correcta, declaras que Dios sostiene tu vida.

Dios pondrá su Espíritu y hará que el pueblo ande en sus estatutos y guarde sus preceptos. Los estatutos de Dios no son los que las personas se hacen por su cuenta. No le atribuyas a Dios frases que no son bíblicas: la palabra de Dios es la guía profética más segura. La obediencia a sus estatutos y preceptos forma parte de la posición para la victoria.

Dios promete que el pueblo habitará la tierra y será su pueblo. La victoria más grande no es solo habitar las promesas, sino que Dios habite en nosotros. La tierra que se recibe es temporal; la presencia de Dios en el interior es eterna. No pidas únicamente que Dios te saque de una situación, te provea algo o cumpla una promesa: pide que esté presente en medio de lo que vives. La promesa no es más grande que el Dios que la hizo.

Restaurar lo interior

En Ezequiel 36, Dios promete limpiar las iniquidades, reedificar las ciudades en ruinas y hacer que la tierra asolada vuelva a ser como un huerto. No basta con reconstruir lo exterior si no se permite que Dios fortalezca por dentro, con muros edificados sobre su palabra, capaces de resistir la tentación. Pide a Dios que reedifique tu hogar, tu familia y tu vecindario.

Dios guardará al pueblo de sus inmundicias, multiplicará el trigo y quitará el hambre; el pasaje habla al pueblo cautivo. Es una promesa sobrenatural: Dios puede llamar al trigo y hacerlo multiplicar. Ante la escasez y la recesión, Dios dice: yo soy el Dios que le doy órdenes a cualquier recesión para que llegue provisión a tu hogar.

Ezequiel estaba en el segundo grupo de cautivos llevados a Babilonia. ¿Cómo pudo marcar la historia? Dios encontró en él un corazón receptivo. Cuando a un predicador le preguntaron dónde estaban los milagros de Elías, respondió preguntando dónde estaban los Elías y los Ezequieles de ese tiempo. Dios busca corazones receptivos, dispuestos a creer que él puede reedificar el hogar, la familia y el vecindario.

Ezequiel 36:26, en otra versión, presenta el corazón nuevo como lleno de amor y buenas intenciones. La intención del corazón cuenta. Pedir prosperidad para comprar un auto y humillar a alguien, o desear zapatos para provocar envidia, no es lo mismo que pedir recursos para servir. Pedir una iglesia grande para que otros reciban juicio no es lo mismo que pedir espacio, asientos y recursos para que se predique a Cristo en hogares y vecindarios, y para que las personas estén cómodas pero hambrientas de la palabra. Un empresario puede pedir ideas solo para hacerse millonario, o pedirlas para crear empleo, dar testimonio, sembrar en el reino y cuidar de su familia. La intención cambia el sentido de lo que se pide.

Versículo clave

«Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.»

Ezequiel 36:26

Rodeados por la dificultad, llenos del poder de Dios

En la visión, Ezequiel recorre el valle y ve muchísimos huesos, completamente secos: la imagen de una situación que parece imposible. A veces, mientras cosas se secan alrededor, puede nacer algo nuevo en el interior. Quien pierde aquello a lo que se aferraba puede descubrir que no era lo que verdaderamente lo sostenía; si una empresa quiebra, alguien puede llegar a conocer al Dios que provee.

Piensa en un grupo de personas atrapadas en un elevador lleno, sin espacio para moverse, durante casi media hora: alguien empieza a hiperventilar, otros también, alguien pone una canción de alabanza, hasta que llegan los bomberos. Los momentos de tensión muestran qué áreas del carácter necesitan formarse. Decir en ese momento que el morir en Cristo es ganancia quizá no parezca un gran consuelo, pero en medio de la tensión puede manifestarse la verdad de que estamos en las manos de Dios. Lo mismo vale ante la enfermedad, la quiebra y la escasez.

¿Era el cautiverio culpa de Ezequiel? Hay consecuencias de errores propios y hay situaciones que llegan sin que uno las haya causado. El pueblo cautivo quizá se preguntaba si habría un tercer grupo llevado al exilio, o si alguien se levantaría para creer la revelación de Dios por encima de lo que estaba viviendo. Se puede estar, al mismo tiempo, rodeado por un problema y cerca de un milagro. Declara: estoy en medio de un gran milagro.

Lo que escuchamos nos posiciona para la victoria o para la derrota. Los resultados visibles pueden hablar de desolación, pero escucha a Dios por encima de lo que estás viviendo. En Ezequiel 37, Dios ordena al profeta que hable a los huesos. Deja de buscar palabras equivocadas para el milagro que esperas y atiende a la palabra de Dios. Dios es soberano y, a la vez, nosotros somos responsables de obedecer y hablar conforme a lo que él ha ordenado. Si crees que tu matrimonio ya no va más, que tu matrimonio escuche la palabra de Dios; a los hijos que parecen no avanzar, que escuchen la palabra del Señor; y en el cuarto de oración, háblale a la enfermedad con la palabra de Dios.

Como en Ezequiel 37, la palabra de Dios se pronuncia sobre lo que parece muerto.

Ezequiel 37 muestra que obedecer y hablar la palabra es parte de la posición para la victoria.

Versículo clave

«Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.»

Ezequiel 37:4

Cuando Dios ha dado una palabra, puede parecer una locura mirar la cuenta del banco y seguir adelante. Pero no nos guiamos por lo que dice la cuenta, sino por lo que Dios ha dicho. Llama las cosas que no son como si fuesen, sin confundir eso con ilusionarse sin fundamento.

Escuchar y anunciar la palabra de Dios

Mientras Ezequiel hablaba por mandato de Dios, se oyó un ruido y los huesos se juntaron. Habla la palabra de Dios y espera un «ruido de victoria». Ante la escasez, recuerda que Dios es dueño del oro. La escasez existe, pero no debe ser la única voz que determine tu posición interior.

Dios ordena profetizar al espíritu para que venga de los cuatro vientos —los puntos cardinales— y sople sobre los muertos. El poder de Dios puede llegar en todas las direcciones; mantén la confianza dondequiera que encuentres «huesos secos». Los huesos se unen, entra espíritu en ellos, viven y se ponen de pie como un gran ejército. La unidad es imagen de avivamiento, y el enemigo busca destruirla.

La palabra de Dios habla más fuerte que la cuenta del banco.

Hay otro relato sobre huesos: el de Eliseo.

Ese relato habla de sorpresas.

Y de la posición desde la que se decide.

Esa postura se aprende en oración.

Una historia de Eliseo y la postura para decidir

Unos israelitas estaban sepultando a una persona cuando fueron sorprendidos por un ataque. Arrojaron al muerto en la tumba de Eliseo y, al tocar los huesos de Eliseo, el hombre volvió a la vida.

Hay ataques sorpresivos que pueden colocarte en una posición distinta. Apártate de las influencias que entierran y reconoce las que pueden acercarte a la vida. Tras una sorpresa difícil, puede llegar una sorpresa de victoria.

La posición influye en las decisiones. Correr de un lado a otro, desesperarse o decidir desde el dolor no te coloca en la mejor posición. Decide de rodillas, físicamente si es posible, como expresión de un corazón inclinado a Dios y de pensamientos puestos ante él. No decidas desde el orgullo, las emociones o la angustia, sino desde una postura rendida y atenta a la palabra.

Quizá estás molesto con tu esposa y quieres salir corriendo, o piensas que la otra persona se equivoca. Reconoce que tú también puedes equivocarte y pide a Dios ayuda para no decidir solo desde las emociones. Pide perdón por las decisiones tomadas desde el orgullo, el dolor y la angustia, y por no haber inclinado el corazón y los pensamientos a Dios. Aun sin entender lo que ocurre, y aunque haya dolor, enfermedad, muerte, escasez, hambre o desilusión, ríndete a Dios.

Gracias a Jesús por mantener su posición en la cruz: podría haber mandado legiones de ángeles para defenderse, pero no descendió de la cruz y mantuvo su posición para salvarnos. Abre tu corazón y haz una oración de arrepentimiento y fe: pide perdón por tus pecados, abre tu corazón a Jesús y recíbelo como Señor. Pon tu vida y tus decisiones en una posición rendida a Dios.

Referencias bíblicas