EN Oración
Serie Risen

Levantados: recordar lo que Dios ha dicho

No te quedes atrapado en el viernes del dolor ni en el sábado del silencio: recuerda las palabras de Jesús y levántate en la dirección correcta. Jesús vive.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
57 min

La resurrección no es una tradición ni la conmemoración de una fecha: es el recuerdo de la manifestación del poder de Dios en la tierra. Jesús vive, y la presencia de Dios es real. Quizá tienes una piedra: una dificultad tan grande que no sabes cómo superarla.

Cuando acusaban a la mujer sorprendida en adulterio, Jesús detuvo las piedras que iban a lanzarle; y también detuvo las que nos correspondían a nosotros, para darnos salvación. Ábrele tu corazón a Jesús: pide perdón por tus pecados, reconoce que lo necesitas y confiesa que él puede mover cualquier piedra.

Dios no toma tu piedra, tu error o tu pecado para destruirte. Jesús es la piedra angular, capaz de construir en tu vida lo que nadie más puede construir.

Compartir que Jesús vive

Envíale hoy un mensaje a alguien: «Jesús resucitó». Hay personas que necesitan escuchar que Jesús vive. Que la resurrección no quede como una fecha o una tradición, sino que la anuncies como una experiencia viva.

Hubo épocas en que nos definía lo que éramos; luego, lo que hacíamos; hoy vivimos en la era de las apariencias. En muchos perfiles de las redes nunca es invierno: siempre es verano. Pero la vida también tiene un viernes de muerte, un sábado de silencio y un domingo de resurrección. Los días difíciles existen, pero la resurrección les da esperanza.

Dios le preguntó a Ezequiel: «Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?». Y él respondió: «Señor Jehová, tú lo sabes». Era confianza en que Dios podía hacerlo. Dios le dijo que profetizara a los huesos, y los huesos se juntaron y se levantó un ejército. Sea cual sea tu pérdida, Dios restaura: cuando su palabra llega a los huesos secos de tu vida, puede levantar un ejército.

Jesús fue levantado, está a la diestra del Padre y fue exaltado; y tú fuiste resucitado juntamente con él, aunque no siempre vivas como alguien resucitado. Jesús dijo de la hija de Jairo: «No está muerta, sino que duerme». Perder a alguien duele, y muchos lo hemos vivido. Pero Jesús resucitó y volverá por su iglesia, y los muertos en Cristo resucitarán primero.

El viernes, el sábado y la memoria de la promesa

Las mujeres entraron en el sepulcro y no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No entendían lo que pasaba. Se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; en otro evangelio, un ángel estaba sentado sobre la piedra removida. Lo que parecía imposible se convirtió en el lugar desde el cual se proclama lo que Dios hizo.

Los ángeles les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día». Tenían tan presente lo que estaban viviendo que habían olvidado lo que Jesús les había dicho. ¿Tienes más presente tu experiencia que las promesas de Dios? Que hoy esas promesas vuelvan a levantarse ante ti.

Las mujeres acompañaron a Jesús hasta su muerte y fueron las primeras en llegar al sepulcro: afrontaron el proceso. A tu vida llegan viernes de dolor y angustia, y también sábados de silencio, cuando parece que nada va a suceder y que la victoria no llegará. Cuando no ves nada, es fácil creer que el infierno ha vencido. Pero Jesús tiene las llaves de la muerte y del Hades.

Lázaro significa «aquel a quien Dios ayuda». Lázaro estaba enfermo, y Jesús se quedó dos días más donde estaba. Cuando llegó, Marta le dijo: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto». ¿«Aquel a quien Dios ayuda»? En algunos sábados de tu vida sientes que Dios no te ha ayudado. Pero lo que parece estar fuera de tus planes permanece dentro del plan perfecto de Dios.

Jesús lloró con ellas y preguntó: «¿Dónde le pusisteis?». Lleva a Jesús al lugar de tu decepción y de lo imposible. Cuando Jesús dijo: «Quitad la piedra», Marta respondió: «Señor, hiede ya, porque es de cuatro días». Y Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». Dios no ha perdido una batalla ni ha llegado tarde. Él ayuda, y sigue ayudándote.

El búfalo y el aceite

«Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco». Se dice que cuando el búfalo enfrenta a sus adversarios, retrocede, y sus enemigos creen que está derrotado. Pero no abandona la batalla: el aceite que brota de su cuerpo se extiende hasta que las garras de sus adversarios resbalan sobre él. Dios aumenta tus fuerzas y te prepara.

Quizá sientes que no has visto respuesta, pero Dios te está llenando de aceite: el aceite fresco de la unción del Espíritu Santo, que pronto se derramará sobre tu vida. El enemigo puede creer que estás perdiendo, pero te estás preparando. Si te sientes como el búfalo que retrocede, no concluyas que nada ocurre: tu depósito se está llenando, aunque todavía no veas el resultado.

Hay cosas que no necesitas entender para creer. Una experiencia con Dios puede cambiarlo todo. El Dios resucitado te acompaña cuando sales de la iglesia. El ángel invitó a las mujeres a volver no a lo que habían vivido, sino a lo prometido, a lo que Dios había dicho. El dolor puede hacerte pasar por alto esa palabra.

Si algo bueno no ha ocurrido todavía, es porque Dios no ha terminado. El que comenzó en ti la buena obra, la perfeccionará. No sabes todo lo que Dios está haciendo, pero sabes que Cristo intercede por ti y que Dios obra a tu favor.

Confiar en medio de la aflicción y levantarte en la dirección correcta

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Ansiedad, depresión, tristeza: ¿has sentido alguna vez que no llegarías al final de una noche? Jesús conoce la aflicción: la vivió en la cruz. Confía en lo que dijo y en su victoria, aunque no sepas cómo atravesarás el momento que vives.

Versículo clave

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»

Juan 16:33

Pedro corrió al sepulcro, y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. Lo que Pedro veía no era el final: Jesús había dicho que resucitaría. Tu final no es el momento difícil que vives ni lo que otros dicen, sino lo que Dios ha dicho. Levántate en la dirección correcta.

Dos discípulos iban camino a Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. ¿Por qué iban allí? Se alejaban del lugar de la promesa. El dolor puede llevarte lejos de donde debes permanecer. Que la presencia de Dios gobierne tus emociones: su presencia y su palabra pueden traerte de vuelta. Mientras conversaban, Jesús se acercó y caminó con ellos, pero no lo reconocieron.

Sus ojos estaban velados para que no lo conocieran. No te levantes solo por lo que ves, sino por lo que crees. Levántate aunque tus ojos parezcan velados y no veas lo que esperas. Hay realidades que no se entienden, sino que se revelan, y la resurrección es una de ellas.

Jesús les preguntó: «¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?». Su tristeza tenía que ver con hablar continuamente de lo ocurrido, no de lo que iba a acontecer. Cuida tus palabras: la tristeza te impide ver las oportunidades y los detalles buenos que tienes delante. No reconocieron la presencia de Jesús; pero tú no estás solo: Jesús vive, aunque el dolor te dificulte percibirlo.

La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación; pero la tristeza del mundo produce muerte. Es buena la tristeza que te lleva a pedirle perdón a Dios por haber fallado, o a tu pareja por la manera en que la trataste: corrige la dirección de tu vida. Pero cuidado con la tristeza que producen las dificultades del mundo: no las confundas.

La palabra recordada y el corazón que arde

Cleofás le dijo a Jesús: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?». Hay quienes disfrutan las malas noticias, porque cada noticia negativa alimenta su negatividad. Jesús no reveló su identidad en esa conversación: su identidad no se impone, se revela y se experimenta.

Le dijeron que Jesús nazareno era varón profeta, poderoso en obra y en palabra; que los principales sacerdotes y gobernantes lo entregaron a sentencia de muerte y lo crucificaron; «pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel». Estaban cerca de los hechos, pero lejos de creer lo que Jesús había dicho. La resurrección no es una noticia solo para otros: Jesús resucitó para todo aquel que crea y adore al Dios vivo.

Hablar de lo que Dios ha dicho trae paciencia; hablar solo de lo que estás viviendo trae impaciencia y puede sacarte de tu lugar de asignación. No te muevas de tu Jerusalén. Los discípulos se asombraban de lo que contaban otros —las mujeres que hallaron el sepulcro vacío—, pero no permitían que lo sobrenatural los asombrara a ellos. Que comience para ti una nueva temporada de lo sobrenatural.

Jesús les dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?». A veces somos lentos para creer. La vida cristiana no garantiza que todo salga perfecto: la iglesia también atraviesa adversidad, y puede permanecer junto a Cristo en tiempos de aflicción.

Llegaron a la aldea, y Jesús hizo como que iba más lejos, pero se quedó con ellos. Estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y lo reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?». Dios puede quebrantarte, como se parte el pan, no porque no te ame, sino para vaciarte de lo que no te da plenitud y te hace daño.

Versículo clave

«Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?»

Lucas 24:32

Cuando la palabra de Dios llega a tu vida, algo comienza a arder por dentro, por difícil que sea tu situación. Aunque parezca que retrocedes, como el búfalo, es preparación, no abandono de la batalla. Cree que Jesús vive, recuerda lo que ha dicho y levántate en la dirección correcta: la obra de Dios en ti continúa. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador.

Referencias bíblicas