EN Oración
Serie Risen

Vive la resurrección: cómo vivir cada día como un resucitado

La resurrección de Cristo no es un día del año: es un estilo de vida. Tienes un Dios que convierte cementerios en jardines. Aunque tengas un Lázaro que Dios no resolvió como esperabas, aunque vivas un sábado de silencio, recuerda lo que él dijo, busca una relación con el Resucitado y deja que tu corazón vuelva a arder.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
44 min

Vivir la resurrección de Cristo va más allá de un día del año: es una experiencia y un estilo de vida. «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros». ¡Qué Dios tenemos, y qué afortunados somos de tenerlo!

Afortunado de tener un Dios que resucitó

Tienes un Dios que lo puede todo: convierte un cementerio en un jardín y la muerte en victoria. Dios llevó a Ezequiel por todo el valle de huesos secos, en todas direcciones, para que viera que no había salida por ningún lado. «¿Vivirán estos huesos?». «Señor Jehová, tú lo sabes». «Profetiza». Y del viento de los cuatro puntos cardinales vino vida, y se levantó un ejército. Así como por todas partes había muerte, por todas partes vino vida.

Por la resurrección tienes una vida completamente nueva y un futuro en el cielo, y ese futuro empieza ahora. Este cuerpo se enferma y falla, pero vendrá el día en que no fallará más. Esa es la esperanza que te da la resurrección. Celébralo: eres afortunado. Dile a quien tienes al lado: «Vive la resurrección», porque es una resurrección que trae poder, milagros y restauración.

Cuando Dios no actúa como esperabas

Lázaro estaba enfermo, y Jesús tardó en llegar. Cuando llegó, Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro. Todos tenemos un Lázaro: algo que creímos que Dios haría y no hizo como esperábamos. Marta le dijo: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto». Su esperanza estaba golpeada. Pero Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección y la vida»; y más tarde: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».

Cuando llega la palabra de Dios, no importa qué tan muerta parezca tu situación. Las expectativas no cumplidas pueden convertirse en resentimiento: «¿Por qué no sucedió? ¿Por qué a mí? ¿Por qué Dios no llegó a tiempo?». Pero Dios sigue a tiempo. Bendito Dios cuando tus expectativas no se cumplen, porque su plan es superior al tuyo. Quizá todavía no has visto lo que esperabas; confía: el plan de Dios sigue intacto para tu vida.

Una relación con el que resucitó

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús». La paz de Dios en tu vida viene de saber quién eres en él: alguien por quien Cristo resucitó, y que resucitó juntamente con él.

Versículo clave

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó»

Efesios 2:4

«Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y fue sepultado, y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez». Cristo murió en público, ante todos, pero resucitado se manifestó a quienes tenían relación con él. Busca una relación con el Resucitado todos los días: eso es vivir la resurrección. Él no vino a traerte una tradición, sino una relación.

Sin resurrección, toda fe se derrumba. Pero tu fe tiene sentido, porque Jesús resucitó. No te avergüences de ella. Para algunos es una locura que adores a Dios; para ti tiene sentido, porque celebras al Dios vivo que nunca te ha dejado.

El silencio del sábado no es ausencia de Dios

El viernes, las mujeres vieron a su Señor golpeado y sangrando. El sábado llegó un silencio total. Quizá has vivido sábados así, en los que no hay respuesta y los segundos no avanzan. Pero el silencio no es la ausencia de Dios. Debajo de la superficie, Jesús estaba venciendo al enemigo y quitándole las llaves de la muerte. Cuando crees que nada está ocurriendo, Dios puede estar sacudiendo el infierno para que suelte tu vida, la de tu familia y tus generaciones.

El domingo, las mujeres encontraron la piedra removida. La resurrección no es una idea intelectual, sino una realidad del poder de Dios. A veces tu razón no lo comprende, pero tu espíritu puede recibir un milagro. Y mientras llega, hay un milagro más grande: Dios te sostiene. Un día ya ni te acordarás de aquel milagro, pero sí del Dios que te sostuvo mientras lo esperabas.

Recuerda lo que Dios ha dicho

Unos ángeles les dijeron a las mujeres: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día». Recordar es traer al presente la palabra de Dios, no lo que dice tu situación ni lo que siente tu corazón.

Esperar la resurrección no es fácil cuando hay que afrontar un viernes. Quisiéramos saltarnos los procesos, pero Jesús no se saltó el suyo, y Dios nunca te pedirá vivir algo que él no haya vivido primero. Sé valiente: cuando la esperanza quiera morir, recuerda lo que él dijo.

Corazones lentos que vuelven a arder

Dos discípulos iban camino a Emaús, tristes: «Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel… y ya hoy es el tercer día». Jesús, sin que lo reconocieran, les dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?». El corazón pierde agilidad para creer cuando se endurece y da por hecho que nada va a suceder.

Cuando partió el pan, sus ojos fueron abiertos y lo reconocieron. «Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?».

Versículo clave

«Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?»

Lucas 24:32

Cuando el corazón arde, se acaban las excusas: aquellos discípulos se levantaron en la misma hora y volvieron a Jerusalén a contar lo que habían vivido. Así también tendrás pasión por congregarte, adorar y servir, sin huir de la iglesia por heridas no resueltas: entre imperfectos aprendemos a perdonar y a madurar. Vive la resurrección cada día: busca a Jesús vivo, recuerda su palabra y deja que tu corazón vuelva a arder.

Referencias bíblicas