Para quienes conocen a Cristo, la resurrección no es una tradición: es poder y testimonio del Dios vivo. Disponte a escuchar lo más importante.
Lo más importante: Cristo murió y resucitó
Pablo dice que primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Esta muerte es personal: Jesús murió por tus pecados. Todos necesitamos reconocer que hemos pecado. Cuando entiendes ese amor de Dios, puedes experimentar el poder de la resurrección.
Jesús apareció a Pedro, después a los doce, y después a más de quinientos hermanos a la vez. El poder de la resurrección se manifiesta a muchas personas. Cristo murió por nuestros pecados y resucitó: no es un Dios distante, sino un Dios vivo.
Sin Jesús no hay iglesia. Y para entender su muerte, hay que entender también su vida: una vida de sacrificio. Jesús era Dios y hombre; podía sentir lo que nosotros sentimos; fue un bebé al que le cambiaron los pañales. En él se reúnen todas las esperanzas.
Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá». No es lo mismo ir al funeral de alguien sin saber si conoció a Cristo que ir al funeral de alguien que sí lo conoció: allí hay esperanza, vida y eternidad.
Versículo clave
«Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.»
Juan 11:25
«¿Crees esto?». La resurrección no es una fecha que se celebra una vez al año. Pablo anhelaba conocer a Cristo y el poder de su resurrección. Esta semana, ora y pídele a Dios experimentar ese poder: el poder de un Dios vivo.
El sepulcro vacío y la promesa de volver
El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra. Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor».
Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro, aunque no entró. Pedro llegó después, entró, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, y vio, y creyó.
Cuando el señor de una casa terminaba de comer, dejaba la servilleta arrugada; si la dejaba doblada, comunicaba que no había terminado y que volvería. El sudario estaba enrollado aparte: «He resucitado, pero volveré». Jesús regresará por su iglesia.
Jesús volverá, y la obra no está terminada. Vendrá como ladrón en la noche, y un día los templos quedarán vacíos porque la iglesia ya no estará allí. Puede haber noticias que preocupan y leyes que se oponen a la fe, pero para quienes confían en Cristo la buena noticia es que él vive. Donde hay persecución, hay asignación, y nada detiene a la iglesia.
Jesús no ha terminado contigo ni con su iglesia. Díselo a quien tienes al lado: aún hay mucho por hacer. La esperanza del regreso de Cristo y de la resurrección de los muertos te da ánimo ante lo que ocurre en el mundo y en tu propia vida.
Una esperanza que no se deteriora
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. Una herencia física puede disfrutarse, pero un día se destruirá. No te aferres a lo temporal como si fuera todo.
Versículo clave
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos»
1 Pedro 1:3
Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Hay un final, pero míralo desde la perspectiva eterna: para los hijos de Dios será glorioso. Si Cristo viniera hoy, no habría pendientes, ni lágrimas, ni sufrimiento. Jesús es el camino, la verdad y la vida, y en él está la vida en abundancia.
No pospongas la alegría de la resurrección hasta que se resuelvan tus presiones. Alaba a Dios hoy, aunque los problemas continúen. Todos enfrentamos presiones, pero nos alegramos porque Jesús vive y porque Dios puede resucitar lo que parece morir. Hay cosas que todavía no están terminadas. Pon tu esperanza en Dios, que te creó, te ama y no te abandona, y no en lo que no tiene vida.
Por un poco de tiempo tienes que ser afligido en diversas pruebas, para que tu fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. Si te levantas un día más, sigues creyendo y vienes a adorar en medio de la prueba, ya estás alabando a Dios: tu perseverancia es adoración.
A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. Puedes amar a Jesús sin haberlo visto y confiar en él. Esa alegría gloriosa e indescriptible se sostiene aun en medio de las pruebas.
Pero Dios lo levantó
Jesús de Nazaret, varón aprobado por Dios con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo por medio de él, fue entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, y lo matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte. «Pero Dios»: aunque hayas sufrido pérdidas o las cosas hayan salido mal, Cristo vive.
El enemigo no te destruirá. Lo que has vivido te impulsará a ver la gloria de Dios y el mejor tiempo de tu vida. No dejes que los problemas te impidan alegrarte hoy ni mañana, aunque continúen. Espera que Dios intervenga.
Una alegría que viene de adentro
David decía: «Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción». David hablaba de una alegría interior y de una esperanza puesta en el Mesías, no de esperar que mejoraran las circunstancias externas para alcanzar plenitud.
David anunciaba a un Mesías que todavía vendría; tú puedes adorar a Jesús, que ya vino, murió y resucitó. La segunda muerte no tiene poder sobre quienes están en Cristo: su hedor no te alcanza.
Expresa esa alegría en la adoración. David danzó con toda su fuerza delante de Jehová cuando el arca del pacto volvió a Jerusalén, aunque su esposa lo menospreció. Hay quienes se entusiasman en un concierto, pero en la iglesia permanecen inmóviles. No esperes una circunstancia externa ideal: celebra que Cristo vive.
Recuerda la resurrección, vive desde esa esperanza y da testimonio de Jesús durante toda la semana. Habla de él a otras personas: el sepulcro está vacío, Cristo vive y volverá.
Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados, te abro mi corazón y te recibo como mi Señor y mi Salvador. Hoy confieso y creo que el Padre resucitó a Jesús de entre los muertos, y que gracias a ese sacrificio soy salvo. Celebro la resurrección de Jesús».
Referencias bíblicas
- 1 Corintios 15:3-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 11:25-26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 20:1-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:3-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:1-8 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hechos 2:22-28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 10:8-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 6:14-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 11:25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Pedro 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


