EN Oración
Serie Atmósfera

Atmósfera que trasciende: una generación resuelta que vive su propia experiencia con Dios

Dios reina para siempre y bendice de generación en generación, pero no obliga a ninguna generación a responder. Rut respondió con un principio y no con razones, y su decisión alcanzó a David y a Jesús. Isaac cavó su propio pozo y Jacob tuvo su propio encuentro. Sé parte de una generación resuelta, con una experiencia propia con Dios.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 02 min

Una atmósfera puede trascender: pasar de una generación a otra. Cada palabra de la Biblia tiene un significado capaz de cambiarlo todo. A Pedro, Jesús le dijo: «Boga mar adentro», y esa palabra todavía resuena. Una sola palabra de Dios puede marcar tu vida para siempre y la de quienes vienen detrás de ti.

Un trono que permanece

«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; tu trono de generación en generación».

Versículo clave

«Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; Tu trono de generación en generación.»

Lamentaciones 5:19

Dios no es efímero. Su trono no está un día sí y otro no, como te pasa a ti, que un día quieres y otro no. Si hoy vives algo inestable, puedes confiar en el Dios que permanece, que está contigo hoy, mañana y pasado mañana. Su gloria, su poder y sus milagros alcanzan a todas las generaciones. Cuando dices «amén», no lo digas por costumbre: es una palabra que expresa firmeza, credibilidad y seguridad total en lo que Dios dijo.

Dios no obliga a ninguna generación

Dios sacó de Egipto a una generación esclava y le prometió una tierra que fluye leche y miel. Pero esa generación murió en el desierto sin entrar. Dios no dejó de cumplir su palabra: fueron ellos quienes no pudieron creerla. Que Dios sea el Dios de generaciones no significa que obligue a ninguna a responder. Respetó a la que no quiso, y esperó a una nueva generación que sí le creyera.

La palabra cobra vida en el corazón. Puedes recibir muchas palabras proféticas, pero al final quien les da vida es tu corazón. Después de Josué, «toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel». Hoy también hay generaciones que se alejan de Dios. Que la tuya sea una que recuerde a todos que Dios vive.

Sirve a Dios por quién es, no por lo que da

Josué vio que el pueblo, al llegar a la promesa, empezó a acomodarse y a dejar de servir a Dios. Por eso declaró: «Yo y mi casa serviremos a Jehová». No sirves a Dios por una promesa, por una tierra ni por una bendición: la mayor bendición es tener un Padre que no te deja.

Caín y Abel tuvieron los mismos padres, pero fueron dos generaciones distintas. Abel ofreció lo primero y lo mejor; Caín ofreció cuando quiso y como quiso, y no agradó a Dios. Quizá no escogiste de quién ser hijo ni quién te crió, pero sí puedes escoger hoy ser discípulo de Jesús, lavado por su sangre, y ofrecerle siempre lo mejor.

Una generación resuelta como Rut

Noemí perdió a su esposo y a sus dos hijos en Moab. En el camino de regreso, les dijo a sus nueras que volvieran a su tierra: «¿Tengo yo más hijos en el vientre que puedan ser vuestros maridos?». «Y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella». Y Rut respondió: «No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios». «Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más». Esa respuesta marcó una historia generacional.

La relación que tienes con Dios marca tu compromiso. La relación de Rut con Noemí era tan fuerte que su compromiso fue firme. Cuando tu relación con Dios es buena, aun con tus defectos, nadie tiene que convencerte de congregarte, leer su palabra o adorarlo. No se trata de acudir solo cuando todo va bien. Prefiere menos besos y más fidelidad: Orfa besó y se fue; Rut no besó, pero se quedó.

Noemí, amargada, decía: «La mano de Jehová ha salido contra mí». Y aun así Rut vio en ella al Dios verdadero, porque Noemí no le había enseñado un evangelio en el que todo sale bien, sino que el compromiso con Dios no se rompe y que todas las cosas ayudan a bien a los que lo aman. Noemí daba razones válidas para irse; Rut respondió con un principio. El enemigo siempre llega con razones, y tú debes contestar con principios. Si tu amor por Dios depende de cómo te va, no estarás resuelto.

Esa decisión abrió el camino: Rut fue a recoger espigas en el campo de Booz, un pariente rico de Noemí, que había oído lo que ella hizo por su suegra. Se casaron y tuvieron un hijo, Obed, abuelo de David, de cuyo linaje vendría Jesús. Y las mujeres le dijeron a Noemí:

Versículo clave

«Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel»

Rut 4:14

Cuando Noemí le dijo a Rut que se fuera, estaba a punto de cerrar la puerta a la generación que traería restauración a su alma. Tu decisión de quedarte firme puede bendecir generaciones que todavía no conoces.

Anclado en lo que permanece

Taré salió con su familia hacia Canaán, pero se quedó en Harán. Abraham tuvo que salir de allí cuando Dios se lo pidió. Las batallas que no enfrentas, las pelearán tus hijos. Por eso no te quedes a medio camino: ánclate en lo que permanece.

Hay quienes avanzan un tramo con Dios, y cuando el camino se vuelve difícil, se detienen en un lugar intermedio, cómodo pero lejos de la promesa. No te conformes con la mitad del camino. Lo que no termines de conquistar en tu fe, en tu familia o en tu carácter, quedará pendiente para la siguiente generación.

Cava tu propio pozo

Abraham marcaba cada encuentro con Dios con un altar o un pozo. Isaac reabrió los pozos de su padre y les puso los mismos nombres. Cuando los pozos que abrieron sus siervos provocaron contiendas, siguió cavando, hasta que abrió uno por el que no riñeron, y lo llamó Rehobot: «Ahora Jehová nos ha prosperado». Entendió que no podía vivir solo de la experiencia de su padre. Los pozos de otros pueden traer conflicto; el pozo que cavas en tu propia búsqueda de Dios trae espacio y descanso.

Puedes crecer en una familia creyente, servir en la iglesia y conocer los relatos de lo que Dios hizo con otros, y aun así no haber tenido tu propio encuentro con él. La fe de tus padres puede inspirarte, pero no puede sustituir la tuya. Dios quiere ser tu Dios, no solo el Dios de tus padres.

Jacob también tenía riquezas, familia y siervos, pero los hizo pasar a todos al otro lado del río y se quedó solo, con una cita divina. Luchó hasta el amanecer y dijo: «No te dejaré, si no me bendices». Dios quitó de él lo que no le agradaba y le dio un nombre nuevo. Hoy Dios te invita a tener tu propia experiencia con él, no a vivir de la de tus padres o de otros. Sé parte de una generación resuelta que cava su propio pozo y trasciende.

Referencias bíblicas