EN Oración
Serie Atmósfera

Una atmósfera de gracia para atravesar la aflicción

La gracia de Dios no significa que todo saldrá como esperas. Recuerda su amor, ríndele tus debilidades y permanece en medio de las espinas: su gracia te basta.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 06 min

Hay quienes iban a la iglesia solo porque su madre los llevaba, sin querer entrar. Y un día, en un grupo en una casa, no solo oyeron hablar de Dios: experimentaron su presencia, algo que nunca habían vivido. Quizá llegaste con alguien a quien amabas, pero tu amor humano era imperfecto y necesitabas el amor perfecto. Sin esa cita con quien dio su vida por ti, tu historia no sería la misma.

Quizá llegaste por primera vez, invitado o casi llevado a la fuerza. No sabías que tenías una cita divina. Bienvenido: es una oportunidad para acercarte al destino que Dios tiene para tu vida. Y si ya conoces a Jesús, preséntalo a otros y habla de lo bueno que es Dios.

Acercarse al trono de la gracia

«Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro». Esa confianza no depende de haber vivido sin errores: la gracia viene de Dios y está por encima de lo que hayas atravesado. Acércate sin temor.

Versículo clave

«Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.»

Hebreos 4:16

Que las cosas no salgan como esperabas no significa que la gracia de Dios se haya apartado. Hallarás socorro cuando lo necesites. No midas la presencia de la gracia solo por las circunstancias favorables: acude a Dios también en los momentos difíciles.

«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». La amargura se extiende y afecta a quien la guarda y a quienes lo rodean. Puedes ver si alguien se cubre la cara para protegerse de un contagio, pero no si carga en el corazón varias libras de amargura. Necesitas proteger tu corazón para no contagiarte.

Cuida tu corazón. Algunas palabras quedan como raíces y te impiden percibir la gracia de Dios. No dejes que el proceso difícil te amargue ni pierdas lo más valioso: tu corazón. Si atraviesas algo que no esperabas, eso no demuestra que la gracia de Dios haya desaparecido.

Qué ocupa tu memoria en medio de la aflicción

«Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí». Es tener la aflicción continuamente en la memoria. ¿Qué tienes presente: el dolor que estás viviendo, o la gracia de Dios en medio de él? Tu aflicción es real, pero ¿qué ocupa el primer plano de tu memoria?

«Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré». Abre un pequeño espacio en tu corazón y en tu memoria para recordar ese amor. El dolor quizá no ha terminado, pero puedes decidir esperar en Dios mientras lo atraviesas.

Muchos hombres de la Biblia atravesaron procesos de aflicción y comprendieron que la gracia de Dios es mayor que cualquier aflicción. Que se vaya la depresión que trae la aflicción. Dilo: «En él esperaré».

Pablo y Silas: adorar sin confundir la gracia con una vida fácil

Es tiempo de los Pablos y los Silas. Estaban presos, encadenados y custodiados. ¿Dónde estaba Dios? ¿Dónde estaba la gracia, si quienes predicaban y buscaban a Dios estaban en la cárcel? Estaban rodeados de cero posibilidades, pero llenos de todas las posibilidades, porque sabían que la gracia de Dios permanecía.

A medianoche, Pablo y Silas cantaban himnos a Dios, y los presos los oían. En aquella atmósfera de cautiverio, tristeza y depresión, ellos adoraban, y la atmósfera cambió. Recordaban la historia gloriosa de Jesús: su muerte en la cruz, su sangre derramada, su resurrección al tercer día y su ascensión. El trono de la gracia seguía vigente.

Adora a Dios en medio de lo que vives. No porque Dios necesite tu adoración, sino porque tú necesitas a Dios, y la adoración ordena tu corazón y tus prioridades. En el mundo puede haber escasez de muchas cosas, y quizá esperas algo que nunca termina de llegar. Pero en Dios no hay escasez de gracia.

La espina y el poder que reposa en la debilidad

Para que la grandeza de las revelaciones no exaltase desmedidamente a Pablo, le fue dado un aguijón en su carne, un mensajero de Satanás que lo abofeteara. Tres veces rogó al Señor que lo quitase, y él le dijo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Pablo tenía motivos para gloriarse, pero no lo hizo. ¡Cuánto nos gusta presumir, aun cuando tenemos poco de qué hacerlo!

Versículo clave

«Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.»

2 Corintios 12:9

Quizá llevas mucho tiempo atravesando dificultades. No toda espina desaparece: algunas veces Dios la quita y otras veces la usa. No concluyas que la gracia se fue solo porque ocurrió algo contrario a lo que esperabas. Permanece, aunque tu situación no mejore como quisieras.

Si te enfocas tanto en la espina, la aflicción ocupará todo tu presente y olvidarás la gracia. Dios puede usar lo que te atormenta y transformarlo, aunque no sea sencillo ni sepas de antemano cómo ocurrirá. Una iglesia madura no identifica la gracia con que todo vaya bien, sino que reconoce que Dios es mayor que lo que atraviesa.

Ni los dones, ni el conocimiento, ni la fuerza humana pudieron librar a Pablo de su aguijón. No fundamentes tu vida en tus logros, tus talentos o tu última bendición, sino en Dios. Un lugar que antes estaba lleno puede quedarse vacío, y puedes llorar de frustración; pero Dios te dice: «No está lleno de gente, pero está lleno de mí». Tu fundamento no puede depender de la última bendición visible: aunque tuvieras que reunirte en un parque, tu fundamento está en Dios.

Hay cosas que solo Dios puede mostrarte. Permanece aunque pidas que se quite el aguijón y no se quite. Tu permanencia no depende de que el problema desaparezca, sino de que Dios sigue siendo el Dios de gracia. Quizá la tormenta no se quite, pero Dios te da fuerzas para atravesarla.

Jesús oró para que pasara de él la copa, y la copa no pasó. En su momento de debilidad, un ángel vino a fortalecerlo, y él dijo: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». ¿Oras solo para que Dios cambie lo doloroso, o también para que te fortalezca y te dé nuevas fuerzas para afrontar lo que te toca?

Reconocer la debilidad sin vivir de apariencias

Dios tomó lo que el enemigo usaba para atormentar a Pablo y lo usó para transformarlo. Lo que no te es quitado y atraviesas puede llevarte a un nuevo nivel de dependencia. Lleva tus debilidades delante de Dios, en lugar de fingir que tienes el control. No se trata de contárselas a todo el mundo: háblalo con alguien que te edifique y te bendiga, y sobre todo con Dios.

Le pusieron a Jesús una corona de espinas. No siempre tienes el control, y todos tenemos lugares de quebrantamiento. No siempre puedes elegir qué espina te tocará vivir, pero sí cómo la afrontas: somete tu debilidad a la gracia y al propósito de Dios.

El orgullo amarga el corazón e impide recibir la gracia; mostrarte vulnerable delante de Dios permite que su poder repose en tu debilidad. Deja las apariencias y preséntate con sinceridad: «Señor, esto soy, aquí estoy; estas son mis debilidades». Hay cosas que solo se aprenden en la aflicción; una iglesia que solo espera bendiciones se derrumba ante la primera sacudida.

Una iglesia que persevera y la gracia en la historia de José

Hay iglesias que llegan media hora antes de la reunión y adoran saltando, a cuarenta y seis grados, sin aire acondicionado, bajo un techo de lámina. ¿Nos hemos acomodado demasiado? Agradece poder congregarte, comienza la semana adorando y acude con hambre de Dios y deseo de comunidad.

José pasó por la cisterna —que estaba vacía, sin agua: la gracia de Dios estaba allí—, por la esclavitud en casa de Potifar y por la prisión, y la gracia de Dios seguía con él. Su sueño no había cambiado, pero José necesitaba cambiar y madurar para sostenerlo sin llenarse de orgullo.

En la cárcel, José preguntó a otros presos por qué estaban tristes. El panadero soñó con canastillos de pan que comían las aves; el copero, con una vid y racimos de uvas. Para el copero había futuro. También tú tienes futuro, no por lo difícil que te toca vivir, sino porque la gracia de Dios está en tu vida.

José terminó en la cárcel después de negarse a la esposa de Potifar: haces lo correcto y aun así la pasas mal. Que tu relación con Dios no dependa de que las cosas te salgan bien o mal. Sigue adorando, buscando a Dios y creciendo, porque Dios está contigo. Y cuando llegó el momento, José le dijo a Faraón: «No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón».

Rendirse a la gracia

A veces cuesta ver la gracia, porque tu presente y tu dolor parecen decirte que Dios se quedó en la espina. Abre ese pequeño espacio en tu memoria: Dios te ama y está presente. Pide perdón por las veces que creíste que la gracia te había abandonado, y pide fuerzas para atravesar lo que no puedes resolver con tus fuerzas, tus dones o tu dinero. Deja las apariencias y ríndete delante de Dios.

A Jesús le pusieron una corona de espinas, y entregó su vida, su cuerpo y su sangre por ti. Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados y pídele a Jesús que entre en tu corazón. Su gracia te basta.

Referencias bíblicas