El colegio puede ser una etapa difícil. Hay días en que no quieres ir, materias que no te gustan, compañeros que te presionan y, a veces, personas que te hacen daño. Una de las experiencias que más pesan es el bullying. Si lo estás viviendo, esto es para ti: no es un camino fácil, pero puedes atravesarlo con Dios.
Responder al bullying con amor
Muchos jóvenes están pasando por bullying. La respuesta que enseña la Palabra no es devolver fuego con fuego, sino fuego con amor: «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal». Demuestra amor a quien te hace bullying y está presente en sus momentos difíciles. Muchos estudiantes todavía no tienen la madurez para comprender que lo que hacen no es bueno ni saludable para sus relaciones.
Responder con amor no significa decir que el daño no importa. El bullying afecta a quien lo recibe, y puede distorsionar tu personalidad y tu identidad. Te ponen apodos, te critican por tu forma de ser, por tu manera de vestir o por no tener algo. Pero no permitas que esa experiencia te defina. Lo decisivo es lo que Dios dice de ti y lo que enseña su Palabra.
Quizá te sientes raro y diferente por ser cristiano, como alguien que no encaja. Esa diferencia es parte de ser hijo de Dios. No dejes que lo que digan quienes podrían ser tus amigos destruya tu identidad: tu identidad está en el Señor. Eres hechura suya, creado en Cristo Jesús para buenas obras.
Un amor que no depende de tu propia fuerza
«El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor». Responder al mal con amor implica no pasarte la vida recordando lo que otros te hicieron.
Versículo clave
«no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor»
1 Corintios 13:5
Amar a quien te ha hecho daño no significa que tengas que producir ese amor con tus propias fuerzas. Entrégaselo a Jesús y ama con el amor que viene de él. Puedes decidir no odiar a quien te hizo bullying, y al mismo tiempo reconocer que esa experiencia te dejó un peso real. Las dos cosas pueden ser ciertas: la decisión de no responder con odio y la herida que todavía duele.
Amar no es fingir que nada ocurrió. Es buscar en Jesús la fuente para responder de otra manera, y no dejar que la herida dicte tu identidad ni tu forma de tratar a los demás. Si el maltrato continúa, busca ayuda: habla con tus padres, con un líder o con alguien de confianza. No tienes que cargarlo solo.
Ser buena onda no es ceder a la presión
Llevarte bien con otros no es lo mismo que dejarte arrastrar por la presión del grupo. Ser buena onda, amigable y llevadero no significa participar en algo que contradice tus principios. Puedes compartir el gusto por el fútbol o hacer cosas buenas con tus compañeros, pero eso no equivale a aceptar cualquier cosa con tal de encajar.
No abandones los principios de Dios para agradar a los demás. Pregúntate: ¿a quién quieres agradar de verdad, a tus amigos por un rato o a Dios? «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo». Puede ser difícil entenderlo en el momento, pero quienes se mantienen firmes salen adelante.
El reto de seguir adelante
Superar el colegio es un reto. Hay cosas que no quieres enfrentar, días en que no quieres ir a clases y momentos en que te sientes muy mal, cansado o decepcionado. En esos días quizá necesites doble azúcar en el café, pero sobre todo necesitas la fuerza que viene de Dios.
Estudiar requiere esfuerzo, incluso cuando faltan las ganas. No hay una fórmula para que el cansancio desaparezca, pero puedes atravesar el reto con perseverancia y apoyado en tu fe. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».
El colegio te prepara para estudiar; la Palabra, para la vida
El colegio te prepara para la universidad y para estudiar la carrera que elijas. Pero la Biblia, la Palabra de Dios, te prepara para la vida y te sostiene cuando tomas decisiones difíciles. «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino».
Por eso, estés donde estés, congrégate y busca la Palabra de Dios. Te ayudará a sostenerte y a aprender a afrontar las decisiones complicadas.
«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas». Esforzarte no siempre significa hacer lo que te gusta. Quizá hay clases que no te agradan, pero que tienes que tomar; también allí puedes dar lo mejor. Ese esfuerzo forma tu carácter y te prepara para lo que viene.
Versículo clave
«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.»
Josué 1:9
Hay quienes sufrieron mucho porque no les gustaba el colegio y no se esforzaron. Aprendieron hasta cierto punto, y al llegar a la universidad la vivieron como una recompensa, porque por fin pudieron elegir lo que les gustaba. Pero el esfuerzo que no hiciste en el colegio te hará falta después. Esfuérzate hoy, y deja que Dios te use en cada etapa.
Ser luz sin descansar solo en tu esfuerzo
Se puede. Puedes ser diferente y mantenerte firme en tus principios, pero no descansando únicamente en tu esfuerzo, sino descansando en Dios. Así es como eres fuerte: «Mi poder se perfecciona en la debilidad».
«Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos». Dios te ha llamado a ser luz. Si estás en el colegio, no te desanimes: date la oportunidad de ser esa luz en tu clase, haciendo las cosas de manera diferente.
Tu fortaleza no viene de aparentar que nada te afecta, sino de saber que no estás solo. Cuando sientas que no puedes más, ora, busca a tu familia, a tus líderes y a amigos que amen a Dios. Rodéate de personas que te recuerden quién eres en Cristo.
Si estás enfrentando bullying, no te desanimes: Dios está contigo. Responde con amor, cuida tu identidad en Dios, no cedas a la presión para encajar y sigue adelante con esfuerzo, buscando en él la fuerza para permanecer firme. El colegio no siempre será sencillo, pero puedes atravesar sus retos con fe, amor y firmeza.


