EN Oración
Serie Nuevo plan

Planes desperdiciados

Saúl recibió grandes oportunidades y desperdició los planes de Dios. Con su historia, la de David y la de Ester, aprende a obedecer, a no vivir de apariencias, a no quedarte en la ofensa y a responder «por tu palabra».

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
55 min

«Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder». Esa palabra fue dirigida a Saúl, y hoy también es para nosotros: ¿qué podría compararse con que el Espíritu de Dios venga sobre una persona? Dios anuncia su compañía y tiene planes para nuestra vida, pero cada uno decide si responde o no a lo que Dios quiere hacer en él. De eso tratan los planes desperdiciados.

Saúl recibió oportunidades especiales: fue puesto entre los invitados importantes, y Dios cambió el rumbo de su búsqueda de unas asnas hacia un llamado como rey. Sin embargo, Saúl no llegó a vivir los planes que Dios tenía para él. No responsabilicemos a otros por nuestras respuestas: cada uno puede desperdiciar lo que Dios pone delante de sí o permitir que su palabra dé fruto en su vida.

Versículo clave

«Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; Mas el hombre insensato todo lo disipa.»

Proverbios 21:20

La generación que murió en el desierto también tenía delante una tierra prometida, y otra generación dijo sí a los planes de Dios. Responde afirmativamente a lo que Dios quiere hacer, en vez de repetir la historia de las oportunidades desaprovechadas.

El necio puede desperdiciar lo que tiene delante, y muchas veces no aprende con una corrección o una experiencia dolorosa. La dificultad no es que Dios no tenga planes: lo que hay que examinar es nuestra respuesta.

La obediencia no se reemplaza con buenas ideas

En 1 Samuel 15, el profeta le pregunta a Saúl qué ha hecho. Saúl responde que sus soldados empezaban a abandonarlo, que Samuel no había llegado como esperaba y que los filisteos estaban listos para atacarlo en Gilgal. Había presentado la ofrenda antes de la llegada del profeta, cuando debía esperar. Saúl tenía sus razones, pero una buena idea no sustituye la voluntad de Dios.

Hay diferencia entre lo que pensamos, queremos o sentimos y lo que Dios piensa, quiere o siente. Saúl escuchó más la presión de quienes lo rodeaban y el temor de perder al ejército que la palabra recibida. La alternativa es confiar en que Dios puede sostenernos aunque otros se aparten: la victoria no dependía de la cantidad de soldados, sino de la obediencia a Dios.

«No más planes desperdiciados». Declara que la victoria viene de Dios y no midas la fidelidad divina por la respuesta de otras personas. Algunas cosas no llegan simplemente por esperar más tiempo, sino que requieren madurez. Saúl se desesperó por la demora; mantén tu mirada en Dios.

El joven rico también muestra la diferencia entre tener buenas ideas y obedecer: aquel joven sabía cómo hacer riqueza, pero necesitaba obediencia para seguir a Jesús. Que Dios nos haga una iglesia obediente, cansada de desperdiciar sus planes. La respuesta de Samuel a Saúl muestra la gravedad de la desobediencia: el reinado que pudo durar para siempre no continuaría, y Dios ya había decidido quién sería el siguiente rey, uno que sí le obedecería.

Ese reinado eterno habla de la dimensión perdurable de los planes de Dios. Dios está buscando a alguien que responda con obediencia. En tiempos de Eliseo había cincuenta hombres muy capaces; pero Dios prefiere a una persona obediente antes que a cincuenta capaces sin obediencia, porque las capacidades también deben permanecer rendidas a Dios.

Apariencia, humildad y corazón

El segundo problema de Saúl fue la apariencia. En 1 Samuel 15:30, Saúl le pide a Samuel que siga honrándolo delante de los ancianos y del pueblo, y que lo acompañe a adorar al Señor. Le preocupaba conservar la apariencia de su posición aunque ya se le había anunciado que no sería rey. Dios no pide perfección, sino que abandonemos el orgullo y reconozcamos nuestros errores delante de él.

La apariencia es insistir en mostrar lo que uno no es y esconder aquello que necesita salir a la luz. Todos podemos ser valientes para actuar y cobardes para admitir lo que hace falta corregir. Las batallas importantes también ocurren dentro del corazón: allí se puede reconocer una situación y pedir a Dios que esa área no nos lleve a desperdiciar sus planes.

Versículo clave

«Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.»

1 Samuel 16:7

La apariencia también se ve en las redes sociales: publicar una fotografía sonriente cuando uno está enojado, solo para conseguir un «like». David quizá no habría tenido muchos «likes», pero tenía el favor de Dios.

Cuando Samuel ve a Eliab, piensa que es el ungido, pero Dios le responde que no mire su parecer ni su estatura, porque el ser humano mira lo exterior y Jehová mira el corazón. Eliab era el mayor y el más fuerte de los hermanos, y David ni siquiera había sido llamado por su padre. Podemos imaginar a Samuel emocionado al llegar y ver primero a Eliab.

Eliab representa la fuerza y el talento humanos; David, un corazón dispuesto. La posición externa no resuelve lo que ocurre dentro: Saúl pudo ocupar la cabecera y conservar una apariencia de rey, pero su corazón seguía lejos. Saúl nunca llegó a verse como Dios lo veía y vivía en conflicto con sentirse pequeño, aun cuando había sido honrado.

Cuando la gente decía que Saúl había matado a mil y David a diez mil, Saúl se sintió amenazado. En lugar de eso, podría haber celebrado los logros de David y dejarlo seguir venciendo gigantes. Jesús no tenía complejos: dijo que sus seguidores harían cosas mayores. Celebra las victorias de otros, y tu corazón no despreciará los planes y las victorias que Dios tiene para tu propia vida.

Saúl necesitaba que Dios libertara su interior: una corona no le había quitado la esclavitud del corazón. Reconoce lo que hay dentro de ti, incluso lo amargado o frustrado, y deja que Dios traiga sanidad para que no desperdicies más planes.

No apartarse del propósito por distracciones u ofensas

Cuando Samuel llegó a casa de Isaí, la cena no comenzaría hasta que llegara David. La batalla no se gana por el tamaño o el talento, sino con un corazón dispuesto.

David no había sido incluido en la reunión y tuvo que ser llamado. Imagina su llegada y la cabecera preparada para él. Nadie puede quitarte el lugar que Dios te ha dado en sus planes, aunque tú mismo puedes desperdiciarlo, como hizo Saúl.

En 1 Samuel 17:17-18, Isaí envía a David con grano, panes y quesos para sus hermanos y para el jefe de mil, y le encarga averiguar cómo están y traer noticias. Diez panes y diez quesos —el diez es número de prueba—: las oportunidades pequeñas pueden estar relacionadas con planes mayores.

No desprecies las tareas pequeñas mientras esperas una posición más alta. Hay quien solo aceptaría un trabajo si fuera de gerente: ¿estarías dispuesto a considerar oportunidades menores? Los panes y los quesos son algo aparentemente ordinario que pone a prueba la disposición del corazón. No menosprecies lo que tienes en las manos.

En 1 Samuel 17:28, Eliab se enoja al oír hablar a David y lo acusa de haber dejado las ovejas para ver la batalla. Esa ofensa podía distraer a David. Si se quedaba discutiendo con Eliab, no miraría a Goliat.

No vivas como una persona ofendida. Las ofensas ocurren, pero una cosa es ser ofendido y otra vivir desde la ofensa. David no convirtió a Eliab en el centro de su atención, porque eso lo habría apartado de lo que tenía delante. Mantén el enfoque en el propósito de Dios y no dejes que una disputa consuma tu oportunidad de actuar.

Cuando David se dispone a enfrentar a Goliat, Saúl le dice que no puede vencerlo, porque es joven y el filisteo es hombre de guerra desde su juventud. Era la inseguridad de Saúl hablando. David no se dejó llevar al valle de inseguridad de Saúl: su confianza no estaba en su tamaño, sino en el Dios que estaba con él.

Goliat era más grande que David, pero no era más grande que Dios. «Yo iré»: enfrenta lo que te corresponde sin negar la dificultad, y no confundas la magnitud del desafío con la medida de Dios. David corrió a la línea de batalla, venció al gigante y tomó su espada: las armas levantadas contra ti terminarán sirviendo para tu victoria.

No centrar la vida en las bendiciones

Centrar la vida en las bendiciones puede hacer que desperdiciemos los planes del Dios que bendice. Se habla mucho de bendiciones y de avanzar, pero también podemos poner nuestro propio bienestar en el centro. Que Cristo no se convierta únicamente en un medio para recibir beneficios, mientras nosotros nos consideramos soberanos.

El rey necesitaba esposa, y se eligió a mujeres hermosas que fueron preparadas durante meses con perfumes. Imagina una habitación llena de joyas y a las mujeres escogiendo adornos. Ester, en cambio, se acercó al hombre de confianza del rey para preguntar qué le agradaba al rey.

Busca lo que agrada al Rey de reyes. Busca primero el reino de Dios, y las demás cosas serán añadidas. Las otras mujeres escogieron las añadiduras; Ester buscó lo que agradaba al rey.

Mardoqueo, primo de Ester, le advirtió que podía perecer con los demás y que la salvación llegaría de otro lugar. Era un llamado a no desperdiciar la oportunidad por estar cómoda en el palacio, entre joyas, banquetes y una posición favorable. ¿Te has acomodado tú también? «Para este tiempo» hemos sido llamados.

Mardoqueo confiaba en que la salvación llegaría aunque Ester no actuara: Dios podría enviar a otra persona. Dios no se queda sin recursos, pero cada uno debe responder a su propia oportunidad.

Ester temía presentarse ante el rey sin haber sido llamada, pues podía morir si él no extendía el cetro. Pidió ayuno y luego fue ante el rey, y él extendió el cetro. Avanza aun cuando haya razones para temer: el cetro extendido es imagen de la gracia del Rey de reyes.

«Por tu palabra»

Jesús habló de perder o guardar la vida. Pedro había pescado toda la noche sin obtener nada, y Jesús le indicó echar las redes. Pedro respondió: «Por tu palabra echaré las redes». Es una respuesta de obediencia cuando el esfuerzo previo no ha dado resultado.

Las redes se rompían. Dios puede renovar tus fuerzas y hacer que algo ocurra después de días, meses o años sin que sucediera. Habla con Dios y dile: «por tu palabra». Los planes de Dios para tu vida se van a cumplir.

Referencias bíblicas