EN Oración
Serie Nuevo plan

Sirve, guarda y reconoce que tu propósito es único

Compromete tu corazón con el propósito de Dios, persevera con fidelidad y responsabilidad, y agradece por tu identidad y tu camino únicos.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
18 min

El año que pasó pudo ser complicado y difícil, pero también un tiempo de aprendizaje en medio de circunstancias difíciles y acontecimientos inesperados. Sobre todo, Dios nos acompañó.

Al comenzar el año, muchas personas tenían planes y sueños que quizá quedaron enterrados o en el papel durante el año anterior, sin llegar a ejecutarse. Por eso, preparémonos para un nuevo plan y para cumplir el propósito de Dios. Si estás vivo y escuchando, tienes un propósito, y la Palabra de Dios es la herramienta principal para que los planes de Dios se cumplan.

La Palabra como luz para el camino

Hay quienes cada 31 de diciembre escriben sus planes para el nuevo año. En algunos países se comen doce uvas y en otros se sale corriendo con una mochila, con la esperanza de viajar durante el año. Un joven que sale del colegio puede querer estudiar una carrera y sentirse preparado para un año nuevo, nuevas amistades y desafíos, y no ser aceptado en la universidad. Es un golpe duro para el corazón ver a sus amigos disfrutar de la carrera que habían deseado, mientras él tiene que escoger algo diferente.

Con el tiempo, puede comprender que Dios tenía para él otro plan. La frustración disminuye con el apoyo de amigos y de los padres, que lo animan a reconocer que, aunque no pudo entrar en la carrera que deseaba, se abrió otra puerta. Con el tiempo, se puede reconocer el plan de Dios.

Salmo 119:105, en la versión NVI, dice: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero». Fíjate en «mi sendero»: cada persona tiene un camino, una dirección diferente. A veces intentamos encajar o luchar por un lugar para el que Dios no nos ha diseñado ni colocado. De aquí surgen tres exhortaciones: servir en el propósito, guardar el propósito o la promesa y reconocer que el propósito de cada uno es único.

Versículo clave

«Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.»

Salmo 119:105

1. Sirve en tu propósito

Primero, compromete tu corazón con el plan y el propósito de Dios. No te frustres ni te aferres a la tristeza cuando las cosas no salen como pretendías; apóyate en la Palabra, luz para tus pies y tu camino. Servir en el propósito implica dejar de intentar encajar en un lugar que no corresponde y dejar de fingir ser otra persona. Dios ha designado una misión única para cada vida.

David pasó por procesos que formaron su propósito. Fue ungido como rey, aunque su padre lo había olvidado; cuando llegaron a ungirlo, primero vieron a sus hermanos, más fuertes y diestros para la pelea, mientras que David era pastor de ovejas. Dios señaló a David porque tenía un corazón conforme a Él. Los procesos que vivió le ayudaron a mantenerse en su propósito.

David recibió el encargo de llevar comida a sus hermanos, quienes se enfrentaban a Goliat. Seguir instrucciones y obedecer a las autoridades y a los padres es parte de servir en el propósito. Cuando toca hacer algo distinto de lo que se deseaba, se puede decidir someterse a esa circunstancia y aceptarla con alegría. No es lo mismo aceptar algo solo porque se dice que sí que permitir que el corazón llegue a ser parte de ello.

La obediencia a las instrucciones, aun en tareas sencillas, forma parte de servir en el propósito.

La posición entre amigos, la popularidad en la universidad o el lugar en el trabajo no determinan la identidad. Dios determina la identidad y, cuando una persona está en su propósito, Él le da promoción. David sirvió al rey Saúl, quien había sido desechado por Dios, pero seguía en el trono y era atormentado por espíritus malignos. David tocaba el arpa, y eso ahuyentaba a esos espíritus. David sirvió con disposición y alegría.

2. Guarda el propósito o la promesa

Segundo, guarda el propósito o la promesa. David siguió instrucciones, no se desvió del camino y se mantuvo a pesar de circunstancias difíciles. David guardó el propósito de llegar a ser rey mientras atravesaba procesos. El rechazo y el hecho de haber sido olvidado no lo apartaron de ese propósito. Para guardarlo hacen falta dos cualidades: fidelidad y perseverancia.

Persevera en las noches de frustración, cuando las cosas no salen como querías, y sigue intentando cuando se cierra la puerta de un negocio o un trabajo. A veces hay que tocar muchas puertas hasta encontrar trabajo. No abandones ante las dificultades.

Un tercer rasgo para guardar el propósito es la honorabilidad. Saúl, mentor de David y su principal enemigo, lo buscó y persiguió: quería matarlo y en ocasiones le arrojaba lanzas. Para perseverar, también nosotros necesitamos quitarnos de encima las palabras hirientes de otras personas. David tuvo una oportunidad de matar a Saúl en una cueva y no lo hizo: ese gesto habla de honorabilidad. Cultivemos esa cualidad para guardar el propósito y la promesa.

Fidelidad, perseverancia y honorabilidad: así se guarda una promesa.

Y con ellas llega el tercer paso: reconocer que tu propósito es único.

3. Mi propósito es único

En la adolescencia, uno puede querer ser una persona diferente: tener el pelo de otro color, cambiar los ojos, no amarse. Al entender que Dios nos formó y que hace todas las cosas maravillosas, llegamos a la conclusión de que Dios no se equivocó con nosotros, y comenzamos a caminar en el camino de la Palabra y de la salvación.

Versículo clave

«Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre.»

Salmo 139:13

Por eso, no abandones tus planes: tu propósito es único y nadie más puede ocuparlo. Dios formó a cada persona y puso su identidad en su corazón desde el vientre de su madre. Durante el crecimiento y la adolescencia, uno puede equivocarse y comenzar a adoptar otra identidad.

Ese cambio no es físico, sino un cambio en la manera de entender la identidad.

Este no es nuestro plan ni nuestro propósito, sino el tiempo del reino de Dios y de los propósitos de Dios: un tiempo en el que se cumplirán los planes de Dios para nuestra vida. Con la gratitud del Salmo 139, dar gracias por lo que Dios hace es una manera de comenzar el año reconociendo que el propósito es único. Un corazón agradecido abre las puertas a nuevas oportunidades y a nuevos comienzos.

Que seas recompensado durante este año y recibas nuevos principios que te formen y te lleven más lejos de lo imaginado. Gracias a Dios por cada persona, su vida, su familia y lo que ha escrito en sus planes; que Dios cumpla cabalmente lo que ha planificado para cada una, en el nombre de Jesús. Dios te bendiga.

Referencias bíblicas