EN Oración
Serie Nuevo plan

Cambio de planes: cuando Dios te sorprende a mitad del camino

Saúl salió a buscar unas asnas perdidas y terminó ungido como rey. Muchas veces vives un cambio de planes como algo malo, pero Dios puede usarlo para algo mejor. Pon tu expectativa en el Dios que cambia los planes, sé generoso aun con lo poco, sigue intentándolo, sube al lugar alto, deja que Dios descubra lo que puso en tu corazón y siéntate a la mesa que te preparó.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
44 min

A casi nadie le gusta que le cambien los planes, y después de temporadas difíciles muchos se han vuelto expertos en ver cambios que parecen siempre para mal. Pero Dios quiere que tu expectativa no esté puesta en tus planes, sino en el Dios que puede cambiarlos en cualquier momento. Cuando solo esperas que se cumpla tu plan, cualquier cambio te llena de frustración; cuando esperas en Dios, cualquier cambio puede ser el comienzo de algo mejor.

Las asnas perdidas

«Había un varón de Benjamín, el cual se llamaba Cis… Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo. Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas». Quizá esas asnas representaban su sustento. Tal vez piensas que tu estabilidad depende de tus «asnas»: tu trabajo, tu salud, tu economía, una relación. Pero en un cambio de planes descubres que quien te sostiene es Dios.

Puedes preguntar: «¿Por qué permitiste que se perdiera esto?». Ponle nombre a lo que perdiste: un matrimonio, la salud, un empleo. En medio del dolor cuesta decirlo, pero cuando se manifiestan los nuevos planes de Dios, entiendes que aun eso sirvió a algo más grande. Saúl buscó por el monte de Efraín, por Salisa, por Saalim y por Benjamín, «y no las hallaron». No las encontraron porque Dios tenía algo mejor. El plan era encontrar las asnas y volver a casa; el plan de Dios era otro.

Un hombre de Dios en la ciudad

El criado le dijo: «He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino». Un hombre insigne es alguien que se distingue porque lo que dice se cumple. Dios está levantando hombres y mujeres así, conocidos no solo por lo que hablan, sino porque lo que declaran en fe se cumple. Y Dios te sorprende a mitad del camino.

Saúl respondió: «¿Qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle». No le preocupaba morir de hambre, sino no tener nada que ofrecer al hombre de Dios: entendía la honra. «Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios». La generosidad en medio del camino abre paso a los planes de Dios. Aunque sea poco, cuando lo pones en el altar, suceden cosas grandes. Y Saúl dijo: «Dices bien; anda, vamos». Si estás a punto de rendirte, inténtalo una vez más. Hay momentos de escasez que parecen anunciar el final, cuando en realidad Dios está cambiando los planes para que dependas totalmente de él.

Subir al lugar alto

Subiendo la colina, encontraron a unas jóvenes que salían a sacar agua, y les dijeron que el vidente acababa de llegar para el sacrificio del pueblo en el lugar alto. Hay que subir: la vida tiene colinas. Cada vez que adoras a Dios, diriges tu corazón a lugares altos. Tu vida misma es un sacrificio vivo, y tu hogar puede convertirse en un altar donde se doblan las rodillas delante de Dios.

«Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacia ellos para subir al lugar alto». Cuando crees que vas al encuentro de Dios, él ya salió a tu encuentro. Y un día antes, «Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo: Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel». Hay planes de Dios para ti que él ya anunció, aunque tú todavía no los hayas escuchado.

Versículo clave

«Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí.»

1 Samuel 9:16

Saúl se acercó a Samuel y le preguntó: «Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente». Y Samuel le respondió: «Yo soy el vidente». A veces estás tan desesperado buscando algo, metido en tus propios planes, que no ves que lo tienes enfrente. El que puede cambiar tus planes y hacer posible lo imposible está delante de ti.

Lo que hay en tu corazón

«Sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón». Muchas veces solo ves en tu corazón lo que dejaste entrar: dolor, angustia, enojo, frustración. Pero no has visto lo que Dios depositó allí. Cuando descubres lo que Dios puso en tu corazón, dejas de perseguir asnas perdidas y empiezas a ver tu propósito.

«Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?». Lo que tú perdiste, Dios no lo perdió. El problema no eran las asnas, sino que Saúl estaba más perdido que ellas. A veces la iglesia se enfoca tanto en las promesas que olvida que lo más grande es el Dios que promete. Las cosas pueden perderse, pero que nunca se pierda tu relación con él. Mientras buscabas asnas, Dios te buscaba a ti.

Versículo clave

«Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?»

1 Samuel 9:20

Una porción reservada para ti

Saúl respondió: «¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?». Seguía dando excusas. Pero Dios es experto en multiplicar lo pequeño: con pocos panes y peces alimentó a una multitud. No digas «no tengo nada»; di: «Tengo poco, pero tengo un gran Dios».

Samuel dijo al cocinero: «Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardases aparte». Antes de que Saúl llegara, ya había una porción reservada para él. Lo sentó en el lugar principal entre los invitados: «He aquí lo que estaba reservado; pon delante de ti y come, porque para esta ocasión se te guardó». El profeta lo trató como lo que Dios decía que era, no como Saúl se sentía. Hay una porción que Dios guardó para ti. Saúl salió a buscar asnas, y Dios lo esperaba para hacerlo rey.

Más adelante Samuel le dijo: «El Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder… y serás mudado en otro hombre… haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo». No necesitas solo una nueva rutina, sino una nueva naturaleza. El viejo hombre diría «esto no es para mí»; el nuevo, lleno del Espíritu, sabe quién es en Dios. Prepárate para sentarte en lugares que nunca imaginaste: hay un cambio de planes.

Referencias bíblicas