Hay años difíciles, pero aun en ellos Dios sorprende con buenas cosas, y seguirá sorprendiendo en lo que viene. Hay mucho que agradecer.
La vida como un rompecabezas
Hay un pensamiento que dice: «La vida es similar a un rompecabezas; cada pieza tiene una razón, un lugar y un porqué. No insistas en colocar piezas donde no caen». Quizá intentaste luchar contra la corriente, sobreponerte a la adversidad o hacer muchas cosas que no resultaron. Lo sucedido forma parte de un rompecabezas que Dios estaba haciendo en tu vida: una oportunidad para descubrir de qué estás hecho y qué hay en tu corazón, y luego comenzar de nuevo y tomar decisiones diferentes.
¿Qué aprendiste del año que pasó? Una manera de vencer la decepción y la frustración es volver a intentarlo. Si hubo metas que no alcanzaste o intentos que no funcionaron, comienza el nuevo año tratando de hacer aquello que no pudiste lograr. No se trata de borrar las dificultades, sino de mirar lo vivido y decidir cómo avanzar.
Los pescadores y la invitación a Jesús
Ese nuevo intento recuerda el relato de los pescadores que, antes de convertirse en discípulos, habían trabajado toda la noche sin pescar; entre ellos estaban Pedro y sus hermanos. Jesús los observaba desde lejos, les pidió permiso para subir a la barca y, cuando estuvieron un poco más adentro, les indicó que echaran la red al lado derecho. Ellos lo hicieron y sacaron una gran cantidad de peces.
Jesús ha observado lo que hiciste y dejaste de hacer, no para juzgarte, sino para orientarte. Invita a Jesús a tu barca y deja que tome el timón para conducir en la dirección correcta. Cuando Jesús da instrucciones y está en la vida de una persona, todo cambia para bien.
Imagina la decepción de aquellos pescadores, que eran expertos y no habían llevado nada a casa. Se parece a nuestras frustraciones: intentos que no prosperaron, relaciones perdidas, también con amigos, familiares que quizá murieron y celebraciones que no se pudieron realizar. Vuelve a intentarlo e invita a Jesús a tu barca: no hay nada que perder, y Dios puede sorprender.
El primer llamado práctico es poner en práctica la palabra de Dios. Si escuchaste la enseñanza durante el año, llévala a la vida cotidiana: escucharla es importante, pero también lo es practicarla. Los pescadores hicieron lo que Jesús les indicó; de la misma manera, cuando se pone en práctica la palabra, se empiezan a ver milagros en la propia vida, en la familia y alrededor.
Construir sobre la roca
¿Qué dejó en ti el tiempo vivido? Mateo 7:24 en adelante presenta la parábola de Jesús sobre dos casas: quien oye sus palabras y las hace es comparado con un hombre prudente que construyó sobre la roca. Llegaron lluvia, ríos y vientos y golpearon la casa, pero esta no cayó porque estaba fundada sobre la roca. La otra casa, construida sobre arena, recibió los mismos embates y sufrió una gran ruina. Las dos casas enfrentaron las mismas condiciones; la diferencia está en el fundamento.
Versículo clave
«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.»
Mateo 7:24-25
¿Sobre qué has edificado tu vida? No es una pregunta para condenar a nadie: si llevas poco tiempo escuchando la palabra de Dios, puedes decidir comenzar a construir sobre la roca. La roca representa la palabra de Dios, que sostiene. El primer punto, entonces, es poner en práctica, como el hombre prudente y sabio que construye sobre ese fundamento.
El segundo punto es construir. Lo ocurrido no fue para destrucción, sino para construcción y bendición. Recibir la palabra de Dios es una de las cosas grandes que puede tener una persona. Que lo que viene sea diferente, que refleje lo aprendido y que puedas estar agradecido por lo vivido, pues eso contribuyó a formar a la persona que eres hoy.
Dios pudo haber estado construyendo el carácter y el dominio propio, entre otras cosas, para que se empiecen a ver resultados; contemplar el resultado de algo que se ha construido puede sorprender. Todos los años tienen una razón de ser en la vida de cada persona. Quizá en algunos años no cumpliste tus metas, por razones personales o porque no diste lo mejor de ti, pero cada año deja una huella en el corazón, y Dios planificó cada uno de ellos.
No permitas que el daño, la frustración, la tristeza o la decepción del pasado determinen tu futuro: decide dejarlo atrás y mirar hacia lo que Dios tiene planificado para ti. El tercer punto es confiar de nuevo. Quizá pensaste que todo se desmoronó y que todo salió mal; es tiempo de volver a confiar.
Confiar en la mano de Dios
Isaías 41:10 dice que Dios está con su pueblo, que no debe temer, y que Dios da fuerzas, ayuda y sostiene con su mano victoriosa. Es una invitación a confiar: esa «mano victoriosa» te acompaña en lo que viene.
Versículo clave
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.»
Isaías 41:10
Hubo tristezas, frustraciones, días encerrados en casa, temor ante la enfermedad y pérdidas humanas. Esas experiencias forman parte de lo que eres hoy. Deposita tu corazón y tu confianza en Dios, dueño del mundo: él te sacará adelante. Dios tiende la mano para llevar a cada persona al punto adonde quiere conducirla. Sigue creciendo, construyendo y viendo la mano de Dios.
Filipenses 1:6: Dios perfeccionará la buena obra que comenzó hasta que Jesús regrese. Si tienes vida, Dios sigue construyendo tu vida. Quizá atravesaste pensamientos de desilusión, pensamientos negativos o pensamientos de dejar esta tierra: detente. Dios perfeccionará la obra comenzada, y todavía hay mucho por delante.
Espera lo mejor, confía en Dios y reconócelo como el Padre que quiere lo mejor para sus hijos, aunque no lo puedas ver. Dile a Dios que confías en él y que su mano victoriosa te sacará adelante. Este es un buen momento para agradecer por lo vivido: no se puede comenzar una nueva etapa sin entregar el corazón a Jesús como expresión de agradecimiento. Agradece aun en medio de circunstancias difíciles y complicadas; Jesús recibe un corazón agradecido para darle nuevos planes.
Un corazón agradecido
Da gracias a Dios por lo vivido. Aunque quizá tu vida no estaba construida sobre la roca, puedes decidir tomar la palabra de Dios para edificarla y convertirte en el hombre o la mujer que Dios ha destinado que seas. Gracias a Jesús por no criticar ni condenar, por amar y querer lo mejor para tu vida. Que Dios siga trabajando y perfeccionando esa obra, con el anhelo de esperar su regreso. En el nombre de Jesús, «amén y amén».
Comparte esta palabra con tu familia y tus amigos, para que también puedan escucharla. Dios te bendiga.


