«Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos». Dios tiene cosas altas para tu vida.
Después de todo lo que has vivido, de las cosas duras y difíciles que atravesaste, te pregunto: ¿estás vivo o estás muerto? Si estás leyendo esto y respiras, tienes vida; y si tienes vida, hay propósito. Dios tiene cosas grandes para ti.
Quizá dejaste atrás relaciones, proyectos o sueños por lo que viviste. Las historias de la Biblia dan ánimo y aliento, y esta es una de ellas: Dios quiere traer vida.
Jesús se encuentra con una procesión fúnebre
Jesús acababa de sanar al siervo de un centurión; venía haciendo milagros. Quizá piensas que los milagros de Dios no han sucedido en tu vida. Aunque no los veas, Dios está obrando. «Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud».
«Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad». Era viuda, y era su único hijo. Imagina lo que había vivido: la pérdida de su esposo, quizá deudas, soledad. Y ahora llevaba a enterrar a su único hijo.
Quizá también tú sientes que llevas a enterrar tus proyectos, tus sueños, las cosas que pensabas continuar. Quizá diste por terminados tus planes. No niegues las dificultades, pero no des por definitivo lo que dejaste atrás: lo que consideras muerto puede volver a la vida. Jesús se encuentra contigo en esa situación.
«Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores». Jesús venía de hacer un milagro y se encontró con el cortejo de esta mujer. Quizá en tiempos difíciles hubo personas cerca de ti, o quizá viste cómo otras se alejaban. Sigue tu camino aunque alguien te haya abandonado, y pon tus planes en las manos de Dios.
Versículo clave
«Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.»
Lucas 7:13
Jesús se desvió de su camino para encontrarse con aquella mujer. Necesitas que Jesús se encuentre con tu situación: tus planes, tus relaciones, tu economía. Quizá te preguntas si tus padres tendrán dinero para que puedas estudiar el próximo año. Confía: Jesús puede dar nueva vida a tus planes.
Naín significa «pasto», «prado». El verde de los prados y las montañas habla de vida. Cuando veas algo verde, una montaña, un campo, recuérdalo: Dios trae vida.
«Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron». Hay quienes están llevando a enterrar tus sueños y tus ilusiones. Pero cuando Jesús toca tu situación, el cortejo se detiene. Ya no tienes que seguir tratándola como algo definitivamente perdido.
«Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre». Quizá por el peor problema que no has podido resolver llegaste a pensar que no mereces vivir. Escucha esto: eres valioso, y Jesús se encuentra con aquello que llevabas a enterrar. Lleva ante Dios tus planes y tus circunstancias que diste por muertas.
Versículo clave
«Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.»
Lucas 7:14
Si en algún momento has pensado en quitarte la vida, no lo enfrentes solo. Habla hoy mismo con alguien de confianza —tus padres, un pastor, un líder, un amigo— y busca ayuda profesional. Tu vida tiene valor, y Dios tiene un plan para ti.
Muchos se preguntan: «¿Qué voy a hacer? Todo se acabó para mí este año. ¿Qué me espera?». Te espera un encuentro con Jesús, que puede volver a dar vida a tus planes. Si crees que ya no hay camino ni solución, Jesús quiere resolver tus planes y traer vida a lo que dejaste de lado: relaciones, problemas económicos, situaciones difíciles, ansiedades.
Observa el orden: primero la compasión, después el milagro. Antes de levantar al joven, Jesús miró a la madre y le dijo: «No llores». A Jesús no solo le importa resolver tu problema; le importas tú. Él ve tus lágrimas, conoce tu historia y se acerca con compasión. Y al final, «lo dio a su madre»: Jesús no solo devuelve la vida, también restaura lo que perdiste.
Dos multitudes se encontraron a la puerta de Naín: la que seguía a Jesús, llena de vida, y la que acompañaba a la muerte. Cuando la vida y la muerte se encuentran, la vida de Jesús prevalece. No importa cuán grande sea el cortejo que acompaña tu pérdida: Jesús es más grande.
Lo valioso de tu corazón y tu identidad
Aquel hijo era lo único que le quedaba a la viuda. El enemigo ataca lo más valioso: tu mente, tu corazón, tu vida. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida». Tu corazón es importante, y lo que consideras precioso no debe tratarse como algo sin valor.
Eres notable, extraordinario, especial. Hay personas que llaman la atención por su estatura, por su fuerza o porque son muy pequeñas. Pero tú, dondequiera que estés, eres notable y especial para Dios.
Eres amado, y hay algo especial en tu corazón que no puede ser manchado ni destruido. No te rindas. Permite que Dios se encuentre con lo que diste por muerto, y confía en que puede traerlo de nuevo a la vida. Lo mejor está por venir. Lo difícil que viviste fue real, pero no tienes que dar por terminados tus planes.
«Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo». Cuando Jesús devuelve la vida, todos alrededor ven que Dios visitó a su pueblo. Tu historia restaurada será testimonio para otros.
Una oración por vida
Que este sea el mejor tiempo de tu vida. Ora: «Señor Jesús, en este momento traigo a vida lo que había dado por muerto. Te abro mi corazón y te pido que entres en él. Necesito la vida que tú tienes para mí. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Hoy entiendo que hay un plan para mí. Hoy entiendo que no voy a enterrar mis planes, sino que tú los traes a vida».
Sigue adelante y no des por muerto lo que Dios ya trajo a la vida. Dios tiene los mejores planes para ti.
¿Estás vivo o estás muerto? Mira con esperanza lo que parecía terminado. Jesús se compadeció de una viuda, detuvo la procesión y habló al joven. Si perdiste proyectos, relaciones u otras esperanzas, no te rindas: abre tu corazón a Jesús y confía en que Dios puede darte nueva vida y propósito.


