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Serie Life

¿Cuál es tu secreto? Cómo recuperar las fuerzas cuando se han drenado

El enemigo quiere conocer el secreto de tu fuerza. La culpa, la tristeza y la espera pueden drenarla. Pero puedes recuperarla: deja de culparte y recibe el perdón, cambia la tristeza por el gozo del Señor, confía en los tiempos de Dios, añade la verdad de Dios a tus emociones, silencia las voces que no son suyas, y siéntate con certeza bajo su voluntad.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
41 min

En los tiempos difíciles, el Espíritu Santo sigue soplando aliento de vida sobre lo que parecía muerto. Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida», y esa verdad cambia la forma en que miras tus luchas. Pero antes de hablar de renovar tus fuerzas, necesitas saber de dónde vienen y qué las drena.

Se cuenta de un prisionero de guerra que, después de años de torturas crueles, enfermó gravemente. Todos lo daban por muerto. Dos compañeros comenzaron a curar sus heridas cada día y a leerle la Biblia. Cuando se recuperó, hizo lo mismo con otros enfermos, y su ejemplo encendió la fe y la esperanza entre los prisioneros. Dios puede levantarte cuando sientes que ya no puedes más: cuando crees que se acabó tu matrimonio, tu negocio, tu trabajo o tu salud.

El enemigo quiere conocer el secreto de tu fuerza

«Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza». Hoy el enemigo sigue la misma estrategia: quiere saber en qué o en quién pones tu fuerza. Por eso importa tanto saber de dónde viene.

«Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá». Aunque nadie dé nada por ti, Dios puede hacerte retoñar. Pero puedes equivocarte de fuente: el paralítico de Betesda puso su esperanza en el estanque; Gedeón miró su pasado y su familia pequeña; Israel confió en su ejército. David, en cambio, puso su fuerza en Dios.

La culpa drena tus fuerzas

La culpa te paraliza. Cuando buscas culpables de lo mal que te va, o cuando te castigas a ti mismo con enojo y autorreproche, dejas de avanzar. Es condenarte a vivir insatisfecho. Esa voz resuena una y otra vez en tu mente, y solo tú tienes autoridad para hacerla callar.

Versículo clave

«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.»

1 Juan 1:9

Jesús ya te perdonó, y sabe que vas a fallar; por eso sus misericordias son nuevas cada mañana. Muchas veces tomas decisiones movido por la culpa, como el niño que se termina el plato porque le dicen que otros no tienen qué comer. Esa carga solo agota tu vida. Deja de culparte y de culpar a otros, y pon tu mirada en Dios.

La tristeza y el gozo del Señor

Las emociones son buenas compañeras, pero malas guías. Dios te las dio con un propósito: la tristeza, por ejemplo, cierra un ciclo y te lleva a meditar y reflexionar. Es válido pasar momentos de tristeza; lo que no conviene es vivir en ella. «El espíritu triste seca los huesos». Una tristeza prolongada baja tus defensas, aun las del cuerpo. «Si yo dijere: Olvidaré mi queja, dejaré mi triste semblante, y me esforzaré». Tú decides cómo enfrentar el día. «El gozo de Jehová es vuestra fuerza»: si pierdes el gozo, pierdes la fuerza. Busca motivos para sonreír, porque siempre los hay.

La espera y los tiempos de Dios

Otra cosa que drena tus fuerzas es la espera. Dios te ha hecho promesas para tu familia, tu matrimonio y tus finanzas, pero el tiempo se alarga. El problema es que piensas solo en el hoy, mientras Dios es eterno y sus planes también. «Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas… Así será tu descendencia». Abraham esperaba un hijo; Dios veía una descendencia incontable.

Dios es el dueño de los tiempos, y resistirte a ellos es resistirte a su voluntad. «No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad». Cuando le pones fecha y hora a las promesas de Dios y no se cumplen como esperabas, te frustras, porque la frustración es una mezcla de tristeza y enojo. Confía en sus tiempos.

Añade una verdad a tu emoción

Tus emociones necesitan una verdad. No todo lo que sientes es verdad. Puedes sentir que esto no va a mejorar, que de aquí no sales, que tu matrimonio no tiene arreglo; pero eso es solo una emoción. Añádele la verdad de Dios: «No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan». Los discípulos camino a Emaús estaban tristes, aunque Jesús ya había resucitado y caminaba con ellos: su emoción no era la verdad. Jesús es el camino, la verdad y la vida; en el camino oirás muchas voces, hasta que te encuentres con la verdad.

El secreto de Jesús fue apegarse a las palabras del Padre: «Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar». ¿Qué hablas tú: lo que dicen las circunstancias y las emociones, o lo que dijo el Padre? Tus hijos, tu cónyuge y tus compañeros observan cómo reaccionas: ¿les estás modelando fe?

A veces Dios te da un proyecto, y en lugar de escuchar su voz empiezas a preguntar a todos qué opinan; las dudas ajenas terminan apagando tu fe y tu fuerza. David silenció a Goliat, al rey Saúl, a sus hermanos y al ejército, y le subió el volumen a la voz de Dios. Cuando escuchas demasiadas voces, terminas confundido, y en la confusión no se puede ejercer la fe. Hay una vieja historia de un niño que rompió el hielo de una laguna con una piedra para rescatar a su amigo, algo que parecía imposible; alguien explicó que pudo hacerlo porque no había nadie a su lado diciéndole que no podía.

La certeza de sentarte bajo su voluntad

Versículo clave

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.»

Hebreos 11:1

La palabra «certeza» puede entenderse como «sentarse debajo». Es colocarte bajo la voluntad de Dios, bajo sus tiempos, su propósito y su cuidado. Así, cuando el enemigo ataca, tiene que enfrentarse con Dios. «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente… Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro». No se trata de creer un día sí y otro no, sino de someter tu vida entera a él.

Pregúntate también qué estás esperando. Jairo casi se queda a mitad del camino porque esperaba una sanidad, y Jesús tenía una resurrección. El criado de Elías buscaba una nube; Elías esperaba una gran lluvia. David no esperaba defenderse de Goliat, sino derribarlo; por eso no le quedó la armadura de Saúl. Y Sadrac, Mesac y Abed-nego dijeron: «Nuestro Dios puede librarnos… Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses». Tu fuerza no puede depender de que llegue el milagro, sino de Aquel que hizo la promesa. Ese es el secreto.

Referencias bíblicas