EN Oración

Cuando los vacíos nos atrapan

Los vacíos pueden llevar al temor, la ansiedad y conductas destructivas. Tres aprendizajes para salir de ellos en un proceso de fe, y Jesús, el pan de vida, como quien puede saciar el corazón.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
17 min

Un espacio vacío no significa que Dios no pueda llenarlo. Hablemos de los vacíos que pueden detenernos, asustarnos y llevarnos a sentir temor y preocupación.

Muchos atravesamos en la adolescencia vacíos y preocupaciones. Quien ha vivido experiencias terribles que le causaban ansiedad y le dejaban vacíos puede entender a quien habla de depresión, de sentirse asfixiado, de un dolor o de tristeza y ansiedad. ¿Te has sentido así, atrapado en tus vacíos?

Las crisis del mundo pueden sacar lo mejor o lo peor de las personas. Si salió lo mejor, consérvalo y úsalo; si salió lo peor, reconoce las áreas que necesitan cambiar y ser transformadas. Examina lo que se manifestó en ti.

La samaritana y la necesidad de decir la verdad

En el capítulo 4 de Juan, la mujer samaritana conversa con Jesús. La mujer iba a un pozo a buscar agua, quizá todos los días o cada dos días, y el relato dice que a Jesús le era necesario pasar por Samaria. La mujer saca a relucir una necesidad: tenía muchos vacíos internos que no habían sido tratados y que tal vez la llevaban a la desesperación y a tomar malas decisiones.

No se trata de recitar versículos al azar ni de decir simplemente que Dios puede hacerlo, aunque puede. Se trata de hablar con cercanía y admitir que a veces uno está mal y siente vacíos. Dios puede traer libertad al corazón.

La mujer pidió: «Por favor, señor —le dijo la mujer—, dame de esa agua, así nunca volveré a tener sed». ¿Cuán dispuesto estás a dejar de vivir con esos vacíos? ¿Cuán desesperado te sientes por dentro? A veces es necesario llegar a una desesperación interior para pedir ayuda.

Versículo clave

«porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.»

Juan 4:18

Jesús le pide a la mujer que vaya por su esposo. Ella responde que no tiene esposo. Jesús le dice que ha tenido cinco esposos y que el hombre con quien está ahora tampoco es su esposo, y le reconoce que ha dicho la verdad. Decir la verdad sobre lo que ocurre dentro de uno es una plataforma para salir de los vacíos. No temas la verdad interior ni ser criticado o juzgado por ella.

Tres cosas ayudan a salir de los vacíos, en un proceso que no es inmediato. La primera es prestar atención a lo que uno se dice. Ante los exámenes finales, uno puede pensar que no va a lograrlo, y ese diálogo negativo aumenta la ansiedad y lo mantiene atrapado. Escucha y háblate interiormente los versículos, como «Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo». No dependas siempre de las porras de otras personas: dite «voy a lograrlo, voy hacia adelante», «hoy no voy a caer en este vicio», «no voy a caer en esta preocupación» y «hoy no quiero caer en esta ansiedad; por favor, Dios, ayúdame».

Tres aprendizajes de un proceso

No se trata de dejar de tener amistades, sino de buscar internamente la fortaleza de Dios para poder influir en los amigos, en vez de esperar que las cosas externas llenen lo que Dios ya puso dentro. Cuidado con el autoengaño: decirse que no está tan mal ir a una reunión donde uno sabe que todo se descontrolará, tomar algo o mentir sobre la propia situación interna. Es justificarse, y la justificación impide crecer y salir de los vacíos.

El segundo aprendizaje es revisar lo que uno cree de sí mismo a partir de lo que dicen otras personas. Quienes están alrededor, o supuestas amistades, pueden señalar lo negativo y las cosas malas en las que uno anda. Si escuchas que eres el más lento, que no llegarás y que no tienes capacidad, puedes llegar a creerlo. Pero aunque no las veas o no las sientas, Dios ha puesto capacidades en tu interior para salir adelante y llenar esos vacíos. Deja de buscar afuera lo que Dios ya puso dentro.

El tercer aprendizaje es saber lo que uno merece. Alguien puede estar rodeado de gente y sentirse solo, porque ese sentimiento también puede venir del interior. En Juan 6:35, Jesús dice que él es el pan de vida: quien viene a él no tendrá hambre y quien cree en él no tendrá sed. Jesús puede saciar los vacíos y llenar las noches de angustia, las mañanas de desesperación, las tardes en que uno se siente perseguido y los momentos de angustia en el pecho, aunque uno haya sido rechazado, no querido o se haya equivocado. Lo que mereces es ser libre.

Jesús puede llenar esos vacíos.

Y nada externo puede hacerlo en su lugar.

Jesús, pan de vida

Él es el pan de vida.

Versículo clave

«Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.»

Juan 6:35

Abrirle el corazón es el primer paso.

Que el Espíritu Santo toque tu corazón y llegue a los vacíos más profundos, para que esos vacíos comiencen a salir y sean llenados. La tristeza, la depresión, la persecución, la angustia y el temor a no ser aceptado pueden ser llenados por el Espíritu Santo. Gracias, Jesús.

Una invitación a abrir el corazón

Lleva a Jesús a tu corazón y pídele que lo llene. Ora en voz alta: «Señor Jesús, en este momento te abro mi corazón. Te pido que llenes todos mis vacíos. Yo te reconozco como mi Señor y mi Salvador. Por favor, dame libertad, pero dame salvación».

Si hiciste esta oración por primera vez, comienzas un camino en el que Dios te tomará de la mano. Cuando lleguen los vacíos, Dios puede tomarte de la mano y ayudarte a salir adelante. Si ya habías estado con Jesús y te apartaste, puedes comenzar de nuevo: hay un nuevo destino para tu vida, un nuevo final.

Que Dios te bendiga.

Referencias bíblicas