EN Oración

Dios está contigo en el proceso

Dios está contigo en el proceso. Un sueño postergado o un rechazo duelen, pero no significan que Dios te abandonó: sé honesto con tu frustración, persevera, prepárate y adora aun cuando duele.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
18 min

Cuando alguien atraviesa una crisis emocional, un rechazo o un momento difícil, a veces le ofrecemos un versículo sin detenernos a comprender su dolor. Antes de hablar, escucha. Detrás de una apariencia alegre puede haber experiencias muy difíciles.

Quizá soñabas con estudiar una carrera, presentaste exámenes de ingreso y te dijeron que no fuiste aceptado. Duele, porque era tu sueño. O quizá estabas a punto de terminar tus estudios y perdiste una materia por unos pocos puntos; tuviste que repetir un año, y tus planes de trabajar, ahorrar y estudiar en otro lugar se vinieron abajo.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». Los rechazos y las demoras duelen y cambian tus planes. Pero Dios puede obrar aun en medio de circunstancias que tú no habrías elegido.

Versículo clave

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»

Romanos 8:28

Sueños postergados y preparación

Si adoras a Dios, puedes estar tranquilo: todo estará bien. Imagina a un grupo de jóvenes músicos que sueñan con lanzar su primer álbum. Tienen canciones escritas, maquetas y algunas pistas de estudio; sienten que están casi listos.

Pero entienden que Dios les dice que todavía no es el momento y que deben prepararse. Se preparan y perseveran. El aplazamiento duele, y el primer álbum sale años después. Estés en la etapa que estés, todo ayuda para bien.

Hazte responsable de lo que no avanza o no funciona. Lo que no te gusta de ti —responsabilidades pendientes, faltas, errores, rasgos de tu carácter y tu temperamento— puede llegar a ser algo que Dios use para levantarte y llevarte a hacer cosas distintas.

Acepta tu humanidad: no siempre está mal estar mal. La frustración es la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo, y la tristeza, decepción o desilusión que eso provoca. No tengas miedo de ser vulnerable ni de decir: «Estoy frustrado».

Busca a tus pastores y dilo con honestidad. A veces la demora no se debe a falta de fe ni de perseverancia, sino a que simplemente no era el tiempo de Dios, y no estaba en tus manos. La frustración es real, pero sigue preparándote.

Que un sueño no se cumpla cuando tú quieres no significa que Dios no te lo haya dado o prometido. Sus promesas siguen vigentes: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Si alguien le regala la mejor guitarra del mundo a quien apenas está aprendiendo a tocar, no sabrá qué hacer con ella. Prepararte, ensayar y perseverar te dispone para recibir lo que esperas.

El dolor y el propósito

El dolor está entrelazado con el propósito. José fue rechazado por sus hermanos, vendido como esclavo y llevado a la cárcel. Y cuando se dio a conocer a ellos, les dijo: «Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros». ¿Y si tu rechazo, tu preocupación o lo que viviste llegara a servir, más adelante, para salvar la vida de alguien?

En los procesos también se compromete el corazón, y José perdonó a sus hermanos. Aquel año adicional de estudios puede traerte una especialización que no esperabas, clases que marquen tu vida y te sirvan en lo personal y en lo profesional. Quizá no terminas en el tiempo que planeaste, pero terminas mejor preparado.

El propósito detrás del dolor no siempre se ve de inmediato; empiezas a comprenderlo mientras atraviesas el proceso. David tomó una pequeña oportunidad —llevar quesos y panes a sus hermanos— y esa oportunidad lo llevó a una puerta mayor. Tus fallas pueden convertirse en una plataforma para salir adelante.

La espera también revela tu corazón. ¿Sigues sirviendo cuando no ves resultados? ¿Sigues agradeciendo cuando las cosas no salen como planeaste? Dios no solo prepara el sueño para ti: también te prepara a ti para el sueño.

Dios no es ajeno a lo que vives

Muchas veces piensas que Dios es ajeno a lo que estás viviendo. Te cuesta creer que, así como estuvo con José y con tantos otros, está también en tu proceso. Cuando recibes una noticia difícil, te preguntas cuándo perdiste el norte o en qué momento fallaste.

«Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué». Dios te conoció antes de que nacieras. Conoce tu proceso, tu corazón y tu historia, y no es ajeno a tu dolor ni a tu frustración.

En la vida necesitas tanto lo positivo como lo negativo. En el entrenamiento con pesas, el músculo se fortalece al levantar el peso y también al bajarlo despacio. Así como los momentos buenos son motivo para dar gracias a Dios, los momentos difíciles también te fortalecen.

Las dificultades pueden ayudarte a salir adelante y madurar, seas adolescente, joven, hombre o mujer. El sufrimiento no es agradable, y no tienes que negar lo que sientes; pero Dios puede usarlo para formarte.

Busca a Dios y adora aun cuando duele

«Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados». Buscar a Dios en el proceso es señal de madurez, y la adolescencia y la juventud pueden ser etapas muy difíciles.

Versículo clave

«Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados.»

Salmos 34:4-5

El mismo Dios está en los montes y en los valles. El Dios que estuvo con Jesús en la cruz es el mismo que lo sentó a su diestra. No te desanimes: Dios está presente en tus momentos de alegría y de tristeza. Cuando le entregas todo, puedes dar testimonio de que él ha estado contigo.

Aun cuando duele tanto, decide adorar. La oración en medio del dolor es una de las adoraciones más preciosas que puedes traer al Señor. El sufrimiento de esta vida es temporal; en la eternidad con Dios no habrá dolor ni llanto. Lo que vives puede doler o parecer injusto, pero levanta a Dios en medio de ello.

Lo que el enemigo quiso usar como arma contra ti, Dios lo cambiará para bien. «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien».

No atravieses el proceso a solas

Dios está presente en tus momentos de dolor y de alegría, y está pendiente de ti. Si quieres entregarle tu corazón, ora: «Señor Jesús, gracias por estar presente en mis momentos de dolor y de alegría. Te entrego mi corazón y te reconozco como el Señor de mi vida».

No atravieses el proceso aislado. Busca a tu iglesia, pide oración, recibe consejo y deja que otros te cuiden. Dios está contigo en el proceso.

Referencias bíblicas