EN Oración
Serie VIKids

Palabras dulces y una vida sin quejas

Las palabras que salen de tu boca pueden ser dulces o amargas. Piensa antes de hablar, no te fijes solo en el punto negro, cambia la queja por gratitud y lleva tus necesidades a Dios en oración.

Publicada
Duración
12 min

¿Qué palabras salen de tu boca? ¿Son amables y dulces, o feas y negativas, cargadas de quejas y reproches? Tus palabras y tus actitudes afectan tu manera de vivir.

Elige palabras dulces

Haz este juego con alguien de tu familia: cúbranse los ojos por turnos y prueben distintos ingredientes sin verlos. Primero algo dulce y rico. Luego algo amargo, que no te gusta nada. Después, quizá con un poco de miedo, otra prueba… ¡chocolate! Y por último algo ácido. ¿Qué fue lo que más te gustó? Seguramente lo dulce.

Así como puedes reconocer lo que más te gusta, también puedes pensar antes de hablar y elegir palabras dulces, incluso para decir lo que no te gusta o te molesta. Eso te ayuda a mantener una buena actitud y a no dejar que los malos momentos arruinen tus días. Lo desagradable no deja de serlo, pero tú decides cómo responder.

«Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos». Una palabra amable puede sanar, animar y alegrar a quien la escucha. Una palabra amarga puede herir por mucho tiempo.

Las quejas y las palabras negativas, en cambio, son ásperas y amargas, como ese ingrediente que nadie quiere volver a probar. Cada vez que te quejas, das a probar algo amargo a quienes te rodean; cada vez que hablas con amabilidad, compartes algo dulce.

Santiago compara la lengua con el pequeño timón que dirige un barco enorme, y con una chispa que puede incendiar un bosque. «De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así». Tu lengua es pequeña, pero tiene un gran poder. Úsala para bendecir.

El punto negro y lo que dejas de ver

Quejarse se ha vuelto tan común que a veces ni te das cuenta de que lo estás haciendo. Imagina una hoja blanca con un punto negro en el centro. Puedes fijarte solo en el punto y pasar por alto todo lo demás: que la hoja está limpia, sin arrugas, y que tiene muchísimo espacio para colorear o escribir. Así te concentras en lo malo de una situación y no ves lo bueno que también está ahí.

La queja es una mirada que se fija en el punto negro y deja fuera todo lo demás. Te impide vivir con gozo y alegría, porque pone tu atención en lo que te molesta y no en todo lo bueno que tienes delante. Los problemas no desaparecen por mirar de otra manera, pero no reduzcas toda tu situación a lo negativo.

Hacer las tareas, discutir con tu hermano o tu hermana, tener que esperar: hay muchas cosas que te pueden irritar. ¿Por qué tus papás insisten tanto en que hagas lo que te corresponde? Mira lo que dice la Biblia sobre la queja.

Gratitud en lugar de quejas

«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!… Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias». Así se combate la queja: dando gracias. Busca razones para estar agradecido en lugar de alimentar palabras negativas.

Versículo clave

«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.»

Filipenses 4:6

«Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Enfócate en lo bueno. Dar gracias no es negar lo que te cuesta: es reconocer lo bueno y llevarle a Dios lo que necesitas. Puedes elegir una actitud distinta frente a tus circunstancias.

Pablo escribió estas palabras desde la cárcel. No estaba de vacaciones ni en un lugar cómodo, y aun así decía: «Regocijaos». Si él pudo dar gracias en una prisión, tú también puedes encontrar motivos de gratitud en tu casa, en tu colegio y en tu familia.

El pueblo que se quejaba

Dios hizo grandes milagros por el pueblo de Israel: lo sacó de Egipto y abrió el mar. Pero el pueblo se quejaba amargamente contra Dios y contra Moisés, porque las cosas no eran como esperaba, por las condiciones del desierto y por la falta de comida. Y aun cuando Dios les dio maná del cielo, seguían insatisfechos y pedían otra cosa para comer.

«Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira». Dios escucha cuando te quejas, porque le importas. Pero prefiere que le hables con un corazón lleno de gratitud.

La queja no te hace bien si te hace olvidar lo bueno que sí tienes. En lugar de quejarte contra Dios o contra otras personas, piensa en lo que sí tienes, en lo que puedes hacer y, mejor aún, en las grandes cosas que Dios puede hacer.

Mira la diferencia entre dos personas que viven lo mismo: una se queja todo el día y está siempre de mal humor; la otra encuentra algo bueno y lo agradece. No cambia la situación, pero cambia la manera de vivirla. Tú puedes elegir ser la persona agradecida.

Alegría, oración y gratitud en todo

«Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús». ¿Cuál es la voluntad de Dios? Que te goces, que sonrías, que ores y que des gracias en todo tiempo.

Versículo clave

«Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»

1 Tesalonicenses 5:16-18

Haz un reto: durante un día entero, cada vez que estés por quejarte, detente y di una cosa por la que estás agradecido. Al final del día, cuéntale a tu familia cuántas veces lo lograste. Te sorprenderá cuántas cosas buenas tienes.

Una receta para compartir

Prepara un snack dulce y saludable para compartir con tu familia. Necesitas una taza de avena en hojuelas, media taza de mantequilla de maní, miel, chocolates pequeños y un poco de vainilla. Pon la avena en un tazón. Pídele a un adulto que derrita un poco la mantequilla de maní en el microondas para que sea más fácil de mezclar.

Agrega miel al gusto, los chocolates y un poco de vainilla. Mezcla todo hasta formar una masa consistente. Toma pequeñas porciones con las manos y forma bolitas. Refrigéralas una hora para que se endurezcan un poco. ¡Listas! Disfrútalas y compártelas con tu familia, y mientras las comen, cuéntales lo que aprendiste sobre las palabras dulces.

Piensa antes de hablar

Antes de hablar, piensa qué vas a decir y elige palabras amables. Llena tu alma de cosas dulces, agradables y alegres, y ora en todo tiempo. Dios te llena de gozo y de amor.

Ora: «Señor, perdóname por las veces que me he quejado. Ayúdame a ver todo lo bueno que me das, a darte gracias en todo y a hablar con palabras dulces. Pon en mi boca palabras que alegren a los demás».

Referencias bíblicas