¿Alguna vez te han castigado o has tenido que sufrir por algo que hizo otra persona? En la escuela, a veces, un niño está sentado en silencio mientras los demás conversan, gritan y hacen alboroto. De pronto, la maestra regaña a todos y dice que, por la desobediencia de todos, nadie podrá salir al recreo. Algo así les pasó a cuatro jóvenes judíos en el libro de Daniel.
Un pueblo que se apartó de Dios
Dios dio a su pueblo la tierra de Judá para vivir. Había prometido bendecirlo, cuidarlo y permitirle habitar allí mientras obedeciera, y también había advertido que habría consecuencias si escogía pecar. Pero el pueblo olvidó las palabras de Dios y adoró ídolos en vez de al único Dios verdadero. Desobedecer la Palabra de Dios es pecado, y el pecado entristeció mucho a Dios.
Dios advirtió repetidamente a su pueblo que, si no obedecía, no lo protegería de sus enemigos. Entre ellos estaba el rey Nabucodonosor —un nombre algo complicado—, gobernante de un país poderoso: Babilonia.
Por la desobediencia de la gente de Judá, Dios permitió que el rey invadiera su tierra. Los babilonios entraron en Judá y capturaron personas para llevarlas prisioneras a Babilonia. Entre los cautivos había cuatro jóvenes judíos de unos quince o dieciséis años: Daniel, Ananías, Misael y Azarías, buenos muchachos.
Nuevos nombres, estudios y comida del palacio
El rey escogió entre los prisioneros a jóvenes inteligentes y saludables para que fueran sus ayudantes, y Daniel y sus tres amigos estuvieron entre los elegidos. Los llevaron al palacio y les enseñaron las leyes de Babilonia. El rey quiso que dejaran atrás sus nombres judíos y se los cambiaron por nombres babilónicos: los anteriores hacían pensar en el único Dios verdadero; los nuevos eran nombres de ídolos babilónicos.
La preparación duraría tres años. El rey también les dio de su comida y del vino que él bebía. Imagina un banquete apetitoso: alimentos lujosos, raros e irresistibles, de los que solo los ricos podían permitirse. ¿Por qué Daniel no quiso comerlos?
Cuando Daniel vio la comida que el rey les daba, entendió que comerla podía ir contra lo que Dios había dicho. En Babilonia se ofrecía carne a los dioses y se hacían rituales con el vino, y no se seguían las leyes alimentarias que Dios había dado a su pueblo. Daniel decidió mantenerse firme en sus principios y le dijo al oficial que no comería esa comida, aunque la decisión podía costarle la vida: como esclavo, no podía elegir qué comer ni qué beber. Al oficial le agradaban Daniel y sus amigos y quiso ayudarlos, pero temía que el rey se enojara con él.
Daniel decidió obedecer a Dios, aunque le costara.
La prueba de diez días
Al terminar los tres años de estudio, todos los jóvenes fueron llevados ante el rey, que los examinó con preguntas para ver si podían trabajar en su corte. Quedó muy impresionado con Daniel y sus amigos: eran los mejores entre los jóvenes del palacio, sabios e inteligentes, diez veces mejores que los magos y astrólogos de todo el reino. Los cuatro llegaron a ser sabios de la corte.
Dios honró su obediencia.
Versículo clave
«Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.»
Daniel 1:8
A Daniel, Dios le dio una habilidad especial para comprender mensajes que a veces llegaban por medio de sueños. Los cuatro amigos se mantuvieron firmes en sus principios, amaron a Dios y obedecieron sus leyes aunque fueran prisioneros. Dios los bendijo y cuidó, tenía un plan para cada uno y los bendijo en medio de las circunstancias difíciles que atravesaban.
Dios los sostuvo porque escogieron confiar y obedecer.
Una lección con un juego
Obedece a Dios y busca agradarlo únicamente a él: Dios bendice y respalda esa obediencia, como lo hizo con Daniel y sus amigos en medio de circunstancias difíciles. Daniel pudo haber arriesgado la vida; él y sus amigos tomaron decisiones sabias en una tierra que no adoraba a Dios y se mantuvieron firmes pese a lo que otros pudieran decir. Que Dios te bendiga.
Versículo clave
«Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.»
Daniel 1:15
Obedecer a Dios vale la pena.
Dios cuida a quienes le obedecen.


