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La carrera de la fe: correr con la mirada puesta en Jesús

La vida con Dios es como una carrera: deja el peso del pecado, supera los obstáculos sin abandonar el camino y corre con la mirada puesta en Jesús, buscando llegar a la meta agradándole.

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Duración
15 min

La vida se parece a una carrera. Cuando cargas con el equipaje del pecado, no puedes correr bien. Deshacerte de las cosas malas de tu vida le trae alegría a Dios y también a ti. Vamos a aprender sobre la carrera de la fe y la perseverancia.

Imagina una carrera de gokarts. Te encanta la velocidad, subes al carrito y piensas que será fácil. Pero descubres que es más difícil de lo que esperabas: te cansas mucho y no puedes ir tan rápido como querías. Así también es la vida: correr, resistir y seguir avanzando requiere esfuerzo.

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe».

Versículo clave

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante»

Hebreos 12:1

Una carrera con testigos y obstáculos

Primero, hay personas a tu alrededor que son testigos. En una carrera hay espectadores que miran cómo les va a los corredores. En tu vida con Dios, también hay personas que observan cómo caminas: tus amigos, tus hermanos, tus compañeros de clase. Esfuérzate por darles un buen ejemplo.

Segundo, la vida es una carrera que exige resistencia. De pronto aparece un obstáculo en la pista. ¿Qué haces? ¿Pasas por un lado, por el otro, o por encima? Detenerte, retroceder o salirte del camino no son opciones. Buscas cómo superar el obstáculo, lo logras y sigues corriendo.

En la vida también aparecen obstáculos: una enfermedad, la falta de dinero en casa, una materia que te cuesta en el colegio. Esas cosas pueden hacer que pierdas velocidad. Pero busca la manera de atravesarlas, resiste y no te des por vencido. No te quejes, no hagas berrinches, no culpes a los demás ni pongas excusas. Una buena actitud te ayuda a llegar a la meta.

«Despojémonos de todo peso». Hay cosas que te hacen más lento: la pereza, la desobediencia, las mentiras, los malos pensamientos, el enojo que guardas. Así como un corredor no corre con una mochila llena de piedras, tú no puedes correr bien cargando el pecado. Pídele perdón a Dios y suelta ese peso.

Mantén la atención en Jesús

«Puestos los ojos en Jesús». Quien compite en una carrera está concentrado en la meta: no se detiene a hablar por teléfono ni a mirar televisión. Si crees en Dios, sabes que él es tu meta. Haz todo por él, buscando agradarle en cada cosa que haces.

Imagina que alguien te persigue en la carrera. Si miras continuamente hacia atrás, vas más lento, tropiezas y te caes. No le prestes atención al enemigo ni a las personas que te persiguen o te molestan: mira a Jesús y confía en que él se encarga de ellos.

Jesús es quien llena tu confianza y hace que confíes en él cada vez más. Eso no significa que tu vida no tendrá dificultades. Dios no promete que no tendrás momentos duros, frustrantes o dolorosos, pero sí promete que siempre estará contigo. No renuncies, aunque te sientas cansado o frustrado. Confiar en Dios te permite vivir la victoria con él.

«Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo… porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará». No corres solo: Dios corre contigo y te da fuerzas cuando sientes que ya no puedes.

¿Y si te caes? En las carreras, a veces los corredores tropiezan. Lo importante no es si te caes, sino si te levantas. «Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse». Si te equivocaste, pide perdón, levántate y sigue corriendo. Jesús no te descalifica: te extiende la mano para que vuelvas a la pista.

Jesús mismo corrió esta carrera antes que tú. «El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios». Él sabe lo que es cansarse, sufrir y seguir adelante. Por eso puede ayudarte en tu carrera.

La meta de la carrera de la fe

El apóstol Pablo, al final de su vida, escribió: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». Todos quieren ganar el premio, aunque en las carreras solo uno lo recibe. En esta vida puedes alcanzar muchos logros: graduarte del colegio o de la universidad, ser el mejor en un deporte. Pero la carrera de la fe es la mejor carrera que puedes correr.

Versículo clave

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.»

2 Timoteo 4:7

En esa carrera aprendes a confiar cada vez más en Dios, a esperar en él y en sus tiempos, y a reconocer que su voluntad es mejor que la tuya. El mejor premio es disfrutar de saber que puedes contar con Dios en todo tiempo y en toda circunstancia. La meta no es solo conseguir logros, sino perseverar en la fe y agradar a Dios.

Construye tu carrito de carreras

Para que no olvides esta enseñanza, construye un carro de carreras. Necesitas un tubo de cartón forrado con cartulina del color que más te guste, y tiras de colores para decorar los lados.

Para las ruedas, usa cuatro tapas pequeñas, como las de los envases de yogur o de compota, y dos pinchos para unirlas por pares. Puedes pintar las tapas de negro para que parezcan llantas. Debajo del carrito, arma una estructura con una tira de cartulina y una pieza de cartulina corrugada doblada como un puente, para que los pinchos pasen y las ruedas giren. Cuida que el pegamento quede sobre la cartulina y no toque los pinchos.

Agrégale un círculo con tu número favorito. Para que el carrito se mueva, introduce una pajilla y coloca un globo en un extremo. Sopla para inflar el globo, suéltalo, y el aire que sale empujará tu carrito. Haz varios con tus hermanos o amigos y organicen carreras. Cada vez que juegues, recuerda: corre con la mirada puesta en Jesús.

Prepárate para correr por Jesús

Siempre serás un corredor que lucha por llegar a la meta. Piensa como un atleta: quienes se preparan para una carrera o un partido se cuidan, estudian el juego y hacen lo necesario para ganar.

Lo mismo pasa con tu vida con Jesús. Necesitas conocerlo a través de la Biblia, hablar con Dios en oración y pasar tiempo en su presencia, para mantener tu mente enfocada en lo que realmente importa. La meta es llegar agradando a Dios.

Resiste cuando aparezcan obstáculos, no abandones el camino y mantén la mirada en Jesús. La vida no siempre será fácil, pero puedes confiar en Dios, prepararte conociéndolo en la Biblia y correr para llegar a la meta agradándole. ¡Que Dios te bendiga!

Referencias bíblicas