La resurrección de Jesús es la base de la vida cristiana. Él venció la muerte, resucitó al tercer día y está sentado en el trono. Aun cuando un lugar de reunión esté vacío, la presencia de Dios y su Espíritu están allí y también en tu casa. En tiempos de malas noticias, cuando te sientes amenazado o preocupado, la resurrección tiene un efecto poderoso en tu vida. Los evangelios muestran al menos tres cosas que hace en ti.
1. La resurrección revela
El mismo día en que encontraron la tumba vacía, dos discípulos caminaban hacia una aldea llamada Emaús. «Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen». ¿Cuántas veces te has topado con Jesús, con la verdad, en el camino de tu vida, y no has reconocido que él estaba allí?
Jesús quiere revelarse a tu vida. Quiere mostrarte que te ama, y que su palabra, lo que está escrito en la Biblia, tiene poder y autoridad para cumplir aquello por lo cual Dios te tiene en esta tierra. «Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían». La resurrección revela quién es Jesús: su poder, su autoridad y su palabra.
Aquellos discípulos le contaron al desconocido su decepción: «Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel». Tenían expectativas rotas y no entendían lo que había pasado. Jesús no los reprendió por su tristeza; caminó con ellos, los escuchó y les abrió las Escrituras. Así hace contigo: camina a tu lado aun cuando no lo reconoces, y usa su palabra para quitar el velo de tus ojos.
La resurrección también revela que la muerte no tiene la última palabra. «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?». Si Jesús venció la muerte, ninguna circunstancia que enfrentes es más grande que él. Esa verdad cambia la manera en que miras el futuro, tus temores y aun las pérdidas. La fe cristiana no descansa en una idea, sino en un hecho: el sepulcro quedó vacío.
2. La resurrección te reta
Aquellos hombres caminaron unos once kilómetros con los ojos velados, con Jesús a su lado, y estaban tristes. ¿Cuántas veces te has sentido así? La tumba vacía te reta a salir de la tristeza y de la comodidad. Reta a cada adolescente y a cada joven a hacer las cosas bien y a llevar un mensaje de paz, de amor y de tranquilidad. No solo los adultos pueden compartir a Jesús: tú también tienes una capacidad extraordinaria para hacerlo.
Al llegar, Jesús hizo como que iba más lejos, pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque se hace tarde». Entraron en la casa y se sentaron a la mesa. «Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron». El pan partido apunta a Jesús, el pan de vida, que te alimenta con su palabra. Este es un tiempo para buscar en la palabra y compartirla con quienes tienes al lado: tus hermanos, tus padres y las personas cercanas.
«Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?». Cuando Jesús te habla por su palabra, algo arde dentro de ti. Ese fuego es lo que te saca de la comodidad y te impulsa a actuar.
Versículo clave
«Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?»
Lucas 24:32
Pedro, que había negado a Jesús, después de la resurrección se convirtió en un testigo valiente: «A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos». La resurrección transformó a hombres temerosos en mensajeros llenos de valor. Lo mismo puede ocurrir contigo: no necesitas ser mayor ni tenerlo todo resuelto para hablar de lo que Jesús hizo en tu vida. Basta con contar lo que has visto y oído.
3. La resurrección te hace regresar
«Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén». Dejaron su tristeza, las malas noticias y la falta de fe, y regresaron. Es tiempo de volver a Dios: volver a su palabra, volver a buscarlo y volver a ser un joven responsable de lo que Dios puso en tus manos. Regresa al día en que abriste tu corazón a Jesús, a aquella tarde o aquella mañana. Regresa también a las obras que hacías cuando compartías con otros el mensaje de salvación.
Las mujeres que fueron al sepulcro encontraron la piedra removida. «Y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea». Muchas veces buscas al que vive en medio de las malas noticias y de las circunstancias difíciles. Pero él no está allí: ha resucitado.
Versículo clave
«y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea»
Lucas 24:5-6
«Acordaos». ¿Cuántas cosas se te han olvidado? Recuerda todo lo que Jesús hizo en tu vida: cuando te sentiste mal, cuando te rechazaron, cuando te sentiste amenazado. La tumba vacía es el mensaje más positivo y más poderoso que el mundo ha recibido. Deja de buscar en las malas noticias y en tu propia prudencia las respuestas que solo Dios puede darte. «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia». Él está en el trono y gobierna.
Regresar no es retroceder, sino volver al lugar correcto. El hijo pródigo, cuando volvió en sí, dijo: «Me levantaré e iré a mi padre». Y el padre lo vio de lejos, corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Así te recibe Dios cuando regresas. No importa cuánto tiempo hayas estado lejos ni cuán tristes hayan sido tus pasos: la resurrección te asegura que siempre hay un camino de vuelta.
Alza tu mirada
La resurrección revela el poder, la autoridad y la palabra de Jesús; te reta a salir de la comodidad y llevar el mensaje; y te llama a regresar a Dios. Alza tu mirada y deja de mirar solo lo que acontece: las enfermedades, las situaciones difíciles, las pérdidas. Mira el poder de la resurrección. Jesús ya no está en la tumba: venció la muerte y te ofrece vida eterna. «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá».
Puedes orar: «Señor Jesús, te abro mi corazón y te recibo como mi único Señor y Salvador. Perdona mis errores. Reconozco que moriste en la cruz y resucitaste, y que dejaste la tumba vacía para que yo tenga vida eterna». Jesús está sentado en el trono, y su resurrección es la garantía de tu esperanza.


